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“No podemos estar satisfechos hasta que cada niño en Estados Unidos – y repito, cada niño – tenga la misma oportunidad que queramos para nuestros propios hijos.” Esas fueron las palabras del Candidato a la Presidencia Barack Obama en un discurso en Flint, Michigan en junio del año pasado.
A pesar de la belleza de esas palabras los primeros cien días de la Presidencia Obama confirman que hasta el momento, sus palabras no encajan con sus acciones. Queda claro que a pesar del decreto que cada niño tenga la misma oportunidad para recibir una buena educación, nuestro Presidente ha estado prácticamente callado en el debate sobre el programa de becas educativas para los residentes del Distrito Federal (D.C. Opportunity Scholarship Program) que actualmente está permitiendo que mas de 1,700 niños de pocos recursos atiendan a una escuela privada. La ausencia del Presidente en no involucrarse más en el debate ha sido especialmente triste para las familias que cuentan con esta beca para poder escapar de las peligrosas escuelas publicas del Distrito de Washington.
Desde el año 2004, este programa ha estado proporcionando becas para que niños de pocos recursos puedan asistir a la escuela privada de su preferencia. Sin estas becas, muchos de estos niños estarían acudiendo a las escuelas públicas del distrito donde estarían más preocupados en su propia seguridad que en sus estudios.
Si hubiera cualquier duda – estas becas están funcionando. Es más, el Departamento de Educación recientemente publicó un reportaje que encontró que los niños ingresados bajo este programa están mejorando su lectura en comparación a sus compañeros que siguen sus estudios en una escuela pública.
A pesar de este éxito, el Presidente firmó uno de los más caros proyectos de ley que contenía una provisión eliminando fondos para continuar este exitoso programa. La razón para esto es que hay grupos poderosos, como los sindicatos de maestros, que abogaron para asegurar que este programa fuera eliminado.
Uno se pregunta, ¿por qué el Congreso y el Presidente se opondrían para eliminar este programa? Dinero no es la razón. Como ejemplo, este Congreso ha estado gastando dinero de una manera asombrosa incluyendo $97 billones para programas educativos. La realidad es que hay muchos en el Congreso que se oponen a la idea en dejar que los padres elijan por sí mismos a qué escuela enviar a sus hijos.
Pero cuando se trata de sus propias decisiones muchos de estos mismos políticos eligen mandar a sus propios hijos a escuelas privadas. Según un reciente informe de la Fundación Heritage, 44 por ciento de los Senadores y 36 por ciento de los Miembros de la Cámara de Diputados han mandado a uno de sus hijos en un momento dado a una escuela privada. Para resaltar más esta cifra, consideremos que solo el 11 por ciento de toda la población estadounidense tienen los recursos y la habilidad de poder mandar a sus hijos a una escuela privada.
Y como si necesitáramos más información de lo serio de la situación, un reciente estudio del Departamento de Educación demuestra que a pesar del intento bajo el Presidente Bush con su llamada ley, “Que Ningún Niño se Quede Atrás,” nuestros niños hispanos aún no avanzan como los niños anglosajones en este país. Según el reporte, los niños hispanos aún siguen tratando de alcanzar a los niños anglosajones en los exámenes midiendo la comprensión de lectura – particularmente entre los niños de la secundaria – o High School.
Y según un estudio de “America’s Promise Alliance” casi el 50 por ciento de todos los hispanos ingresados en las escuelas públicas en muchas de las grandes ciudades en este país (incluyendo Nueva York y Los Ángeles) no recibirán un diploma de escuela secundaria.
Lamentablemente parece que poco esta cambiando aquí en Washington, D.C. a pesar de la retórica del Presidente sobre enfrentarse a los desafíos en nuestro sistema escolar.
Si el Presidente realmente estuviera interesado en mejorar las oportunidades educativas para nuestros niños, estaría enfrentándose a los poderosos intereses para salvar el programa proporcionando becas para los niños de pocos recursos que viven en Washington D.C. Todas las familias en este país –y no solamente los ricos y los Congresistas– merecen la oportunidad de elegir por sí mismos a qué escuela enviar a sus hijos.










