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  • Acabando con el mito del límite de la deuda


    Estados Unidos toca hoy el techo de la deuda, sobrepasando los $14 billones, una cifra récord, según informa Associated Press.

    Y con $45,300 de deuda por cada hombre, mujer y niño en el país, está claro como el agua que el gasto es el problema. Sin embargo, Washington todavía tiene que llegar a un acuerdo sobre el camino que se debe elegir, bien a corto plazo, bien a largo plazo, aunque el plan presupuestario aprobado por la Cámara de Representantes alteraría fundamentalmente el sendero en que está la nación, agobiada por la deuda.

    Es hora de ser serios acerca de la reducción de los gastos y de hacer que el gobierno de Estados Unidos viva dentro de sus posibilidades. Pero ese no es el mensaje que sale de la Casa Blanca.

    Sobre el asunto de si hay que aumentar el límite de la deuda —permitiendo al gobierno que pida prestado y gaste más dinero aun— el presidente Barack Obama ha recurrido a ominosas predicciones de lo que podría pasar si el Congreso no actúa. El periódico The Hill informa:

    “Si los inversores de todo el mundo pensasen que el crédito de Estados Unidos no tiene respaldo, si pudisen pensar que nosotros podríamos renegar de nuestros pagarés, se desintegraría el sistema financiero al completo”, dijo Obama en una reunión de participación ciudadana que [la cadena de televisión] CBS celebró la semana pasada pero que no difundió hasta el domingo.

    “Podríamos tener una recesión peor que la que ya tuvimos, una crisis financiera peor que la que ya tuvimos”.

    Y, de igual forma, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, advirtió de que si el Congreso no eleva el límite de la deuda, la economía de Estados Unidos podría entrar en una doble recesión y añadió: “Un impago infligiría un daño catastrófico, de muy largo alcance, a la economía de nuestra nación, reduciría significativamente el crecimiento y aumentaría el desempleo”. Pero el vicepresidente de Política Doméstica y Económica de la Fundación Heritage, David S. Addington, señala que esas terribles predicciones no son ciertas. Comentando sobre el trabajo de J.D. Foster titulado “Congress Has Time and Options on Debt Limit” (El Congreso tiene tiempo y opciones en el límite de la deuda), Addington escribe:

    Como demostró el trabajo del Dr. Foster, no se llegará al impago de la deuda federal cuando el Tesoro alcance el límite legal de préstamo de $14.294 billones. El Tesoro simplemente no podrá pedir prestado más dinero. El Tesoro podrá aun pagar sus deudas según venzan los plazos, dilatando temporalmente pagos de obligaciones menos necesarias según sea necesario para pagar la deuda que llega a término.

    Las profecías del presidente Obama sobre el límite de la deuda enmascaran una verdad subyacente: El gobierno de Estados Unidos debe encontrar una forma de controlar el gasto. Simplemente elevar el límite de la deuda y permitir a Estados Unidos pida prestado más dinero, sin límite, no hará que el problema se solucione. Para este objetivo, en una entrevista con el Wall Street Journal, el inversionista Stanley Druckenmiller advierte que fallar en el pago de la deuda no es el problema real del que debería preocuparse Wall Street:

    En el futuro, dice, “La gente no se va a preguntar si hace 20 años nos retrasamos en el pago de intereses durante seis días. Se van a preguntar si pusimos nuestra casa en orden”.

    Si el presidente necesita una hoja de ruta para hacer esos recortes y poner el gobierno en orden, debería echar un vistazo al plan de Heritage, Para Salvar el Sueño Americano — nuestro plan para arreglar la deuda, reducir el gasto, restaurar la prosperidad, equilibrar en una década el presupuesto nacional y mantenerlo equilibrado. Sobre el asunto del techo de la deuda, Addington tiene algún consejo que dar también:

    Si la administración Obama va en serio con la tarea de poner el gasto bajo control y mantener los mercados financieros en orden, el secretario Geithner necesita encauzar a sus colegas de la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB) y en la Casa Blanca hacia reducciones sustanciales a corto plazo en el gasto federal, incluyendo los derechos a beneficios, y soluciones a largo plazo para asegurar que el gobierno federal nunca gaste tanto otra vez y se sumerja en deuda de tal forma que efectivamente no pueda salir de ese atolladero.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión