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  • Alan Gross: Tres años como rehén de Cuba

     

    Alan Gross podría haber sido vecino suyo. Un americano de la generación de la posguerra al que le encantaba tocar la mandolina y comer semillas de girasol, una persona de gran corazón. Gross escogió un empleo que lo llevó por todo el mundo ayudando a equipar a quienes luchan contra la opresión política y económica. Pero por desgracia, Alan Gross no es su vecino, sino el prisionero de un régimen represivo como el cubano, que niega las libertades.

    La Fundación Heritage ya ha publicado en múltiples ocasiones artículos acerca del caso de Alan Gross. En el aniversario de este su tercer año de encarcelamiento, los americanos no se deberían olvidar de la verdadera injusticia que representa la situación de Gross.

    Resulta extraño que cuanto más tiempo lleva Gross en prisión, más se habla a favor de que Estados Unidos sea flexible con Cuba. Después de todo, dicen algunos, Alan Gross efectivamente violó las leyes cubanas y este país se ha ofrecido para negociar su liberación.  Sin embargo, aceptar este argumento es olvidarse de quién es el culpable en este caso.

    Alan Gross se encuentra a día de hoy en una celda porque el régimen de Castro niega de manera persistente las libertades políticas básicas de su pueblo y en este caso en concreto, la libertad de acceder a noticias y opiniones que no estén censuradas y filtradas.

    La administración Obama protestó desde el principio contra el encarcelamiento de Alan Gross y afirma que unas mejores relaciones con Cuba dependen de la liberación del americano. Sin embargo, La Habana insiste en un intercambio de presos, utilizando a Gross como moneda de cambio para obtener la liberación del grupo de los llamados Cinco Cubanos, condenados en Miami por actos de espionaje.

    A simple vista, parece que Cuba está ofreciendo un acuerdo razonable: Uds. nos dan a nuestros espías y nosotros les damos a su espía. Pero si se mira un poco más en profundidad, se comprueba que la oferta de Cuba es completamente inaceptable.

    Antes que nada, Alan Gross no es un espía. Incluso Cuba admite que ellos “no consideran a Alan Gross como un espía”. Sin embargo, Cuba sí admite que los Cinco Cubanos eran espías. Es más, Gross está encarcelado por, en el peor de los casos, proporcionar a un pequeño grupo de cubanos acceso a Internet sin censura. En comparación con él, los Cinco Cubanos fueron condenados por usar una identificación falsa para infiltrarse en los aeropuertos y estaciones aéreas navales de Estados Unidos. Una vez dentro, remitían informes a La Habana en los que detallaban los movimientos de aeronaves y del personal militar y describían el diseño y las estructuras de las instalaciones.

    A pesar de la presión para llegar a un acuerdo con Cuba, la administración Obama acierta al mantener su posición frente a este país. Tras tres años de injusto encarcelamiento, Alan Gross sigue siendo una víctima, junto con los millones de cubanos que viven en la isla, del represivo y totalitario régimen castrista, que ha mantenido a la isla bajo su puño de hierro durante más de medio siglo.

    Nadie se merece 15 años de prisión por ayudar a darles a los cubanos unas libertades que se consideran universales. Si el régimen de Castro desea ganarse el respeto de la comunidad internacional y conseguir una posición de valor dentro de la escena mundial, Cuba debería liberar a Alan Gross inmediatamente, sin más argucias. Pero desgraciadamente, el honor y el respeto rara vez son objetivos de los gobiernos totalitarios y es probable que Alan Gross siga siendo víctima de un régimen comunista terco y arcaico.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Adminstración Obama, Análisis, Asuntos internacionales, Cuba, Destacables, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión, Pensamiento Político, Política Exterior