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Ataque a la embajada americana en Siria: Otro fracaso de la política de Obama


El ataque del lunes en la embajada de Estados Unidos en Damasco – por una turba de manifestantes organizada por el gobierno sirio – resalta el abyecto fracaso de la estrategia de la administración Obama de buscar el acercamiento con el brutal régimen de Bashar al-Assad.

La administración ingenuamente trató de mejorar los contactos diplomáticos con la dictadura siria después de abandonar la política de la administración de Bush de movilizar la presión internacional sobre Siria para poner fin a su apoyo de grupos terroristas que asesinaron a civiles en el Líbano, Israel e Irak, así como a tropas de Estados Unidos en Irak. La administración Obama revirtió la decisión del año 2005 por la administración Bush de retirar al embajador de Estados Unidos en Siria tras el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, que valientemente se opuso a la dominación siria del Líbano. Cuando el Congreso se negó a confirmar a un nuevo embajador, la Casa Blanca aprovechó que el Congreso estaba en receso en diciembre pasado y nombró como nuevo embajador a Robert Ford.

Después que la “Primavera Árabe” inspirara manifestaciones pro-democracia en Siria que fueron violentamente reprimidas por el régimen, la administración Obama se tardó en criticar al régimen de Assad ya que esperaba llevar a Siria a las conversaciones de paz con Israel. La secretaria de Estado Hillary Clinton aún parecía defender al presidente Assad en una vergonzosa entrevista el 27 de marzo en la que decía: “Ahora hay un líder diferente en Siria. Muchos de los miembros del Congreso de ambos partidos que han ido a Siria en los últimos meses han dicho que creen que es un reformista”.

Clinton parece estarse dando cuenta por fin de la naturaleza del régimen de Assad que ha gobernado Siria sin piedad y ha matado a decenas de miles de sirios desde que el padre de Bashar, Hafez al-Assad, asumió el poder en un golpe de estado en 1970. El lunes, Clinton dio señales de abandonar finalmente su vana ilusión, al opinar débilmente que “Desde nuestra perspectiva, [Assad] ha perdido legitimidad”, marcando así la primera vez que la administración ha puesto en duda el derecho a gobernar del dictador.

Este es un paso pequeño y tardío en la dirección correcta, pero la administración tiene un largo camino por recorrer para corregir sus imprudentes iniciativas en busca de mejores relaciones con un régimen mafioso que ha asesinado a más de 1,400 de sus propios ciudadanos en los últimos cuatro meses, que ha encarcelado a más de 12,000, que ha sido el principal aliado de Irán en Medio Oriente, que ha apoyado a una amplia gama de terroristas contra Estados Unidos y sus aliados y que conspiró con Corea del Norte (y, probablemente, Irán) para la construcción ilegal de un reactor nuclear diseñado para producir material fisible para un arma nuclear.

El colapso de la política siria del gobierno de Obama es otro ejemplo de cómo la Doctrina Obama ha socavado los intereses nacionales de Estados Unidos en una ingenua iniciativa de acercamiento a un régimen despótico. Ahora que la tímida y débil política siria de la administración ha envalentado al régimen de Assad como para atacar la embajada de Estados Unidos, es el momento para que el presidente Obama – el cual ha dicho muy poco sobre las masacres en serie en Siria – cambie su miope estrategia de compromiso por significativas iniciativas para ayudar al pueblo sirio a derrocar el régimen depredador de Assad.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
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