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Ayer en la Casa Blanca, el presidente Barack Obama apareció ante los medios para una vez más promover su Ley de Empleos Americanos — su plan para más gasto de estímulo, pagado con aún más impuestos sobre los creadores de empleo de la nación. Y esta mañana, solo un día después, Estados Unidos recibió el recordatorio de por qué seguir adelante con las políticas del presidente, probadas y fracasadas, no es una receta para el éxito. En septiembre, el índice de desempleo de Estados Unidos se mantuvo en un profundamente decepcionante 9.1% con 14 millones de americanos aún sin trabajo. Se añadieron cerca de 103,000 empleos, pero 45,000 de ellos fueron simplemente huelguistas de la compañía Verizon que volvían al trabajo y el número de desempleados a largo plazo (27 semanas o más) aumentó en 208,000.
Para aquellos que están al tanto de las estadísticas, el índice de desempleo ha rondado el 9% durante todo el año 2011, fue más del 9% en todo el año 2010 y la mayor parte de 2009 y seguirá por encima del 8% hasta 2014, según la Oficina de Presupuesto del Congreso (y esa es una generosa estimación que no tiene en cuenta el más reciente frenazo económico). Si Ud. exige más y quiere ver el pleno empleo en Estados Unidos (alrededor del 5% de desempleo), tendrá que esperar hasta el año 2018 y esto ocurrirá solo si los empleadores recuperan la confianza y empiezan a contratar a 176,000 personas cada mes — mucho más que el índice de septiembre o, para el caso, todo el año.
El presidente, sin embargo, no acepta culpa alguna por el ininterrumpido estancamiento de Estados Unidos o la inestable recuperación de la economía, incluso cuando un asombroso 55% de los americanos desaprueba su desempeño en el cargo. En su conferencia de prensa de ayer, se pidió al presidente que comentase sobre la advertencia del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, que esta semana dijo al Congreso que peligra la recuperación económica. ¿La respuesta del presidente? Poner la culpa tan lejos de él como sea posible, echándole el muerto a todo mundo, desde el tsunami en Japón al Partido Republicano en el Congreso:
Creo que la gente era mucho más optimista al comienzo de este año. Pero la combinación del tsunami japonés, la Primavera Árabe, que disparó los precios de la gasolina, y muy destacadamente Europa, creo que ha puesto a empresas y consumidores muy nerviosos.Y no ayudamos nosotros en Washington con la debacle del límite de la deuda, un poco de juego político que era completamente innecesario, algo completamente sin precedentes acerca de cómo encaramos nuestras responsabilidades aquí en Washington.
Y aunque el presidente niegue toda responsabilidad por la decaída economía americana, también ha intentado vestir su plan con una imaginaria capa de bipartididsmo, afirmando: “Cada idea que hemos presentado ha sido tradicionalmente apoyada por demócratas y republicanos por igual”. Claro que no es así – si lo dice hasta el Washington Post.
Una pieza clave del plan del presidente son los impuestos — y muchos que va a haber. La propuesta del presidente impondría $1.5 billones de aumentos permanentes en los impuestos en los 10 años siguientes, que recaerían fundamentalmente en las familias y empresas que ganen más de $250,000 anuales — una propuesta que difícilmente tendrá el apoyo de los conservadores. (Mientras tanto, en el Senado, el líder de la mayoría Harry Reid [D-NV] ha propuesto un impuesto del 5.6% sobre los ingresos por encima de $1 millón anual.)
El presidente dice que está “pidiendo a los millonarios y multimillonarios que paguen su parte justa”, que por implicación significa que esos americanos no están pagando lo suficiente. Pero el sentido de “justicia” del presidente no tiene en cuenta la realidad de que el 10% de esos contribuyentes ya pagan el 70% de los impuestos federales sobre ingresos. El experto de Heritage Curtis Dubay explica cómo se desglosan esas estadísticas:
Según el Servicio de Impuestos Internos (IRS), el 1% del tramo superior de contribuyentes —aquellos que ganaron más de $380,000 in 2008— pagaron más del 38% de todos los impuestos federales sobre ingresos, mientras que ganan el 20% de todos los ingresos. El 10% del tramo superior de contribuyentes ($114,000 y más) ganaron el 45% de los ingresos y pagaron el 70% de todos los impuestos. A su vez, el 50% del tramo inferior de contribuyentes —aquellos que ganaron menos de $33,000— ganaron el 13% de todos los ingresos y pagaron menos del 3% de los impuestos federales sobre ingresos.
Ahora el presidente quiere sumarles otra carga fiscal a la espalda y ello se traducirá en menos empleos para todos los americanos, incluidos los trabajadores de ingresos medios y bajos. Aquellos que pagarían esos nuevos impuestos bajo el plan de Obama incluyen a los inversionistas que proporcionan capital para que los negocios se amplíen, creando más empleos para los trabajadores americanos, así como a los emprendedores que utilizan el capital para abrir nuevas empresas. Y debido a que muchos pequeños negocios pagan sus impuestos a través de las declaraciones de ingresos de sus dueños, que declaran como personas físicas, el nuevo aumento de impuestos del presidente afectará directamente a esos empleadores. Si el presidente quiere crear más empleos en América, confiscar el dinero de los creadores de empleo para financiar más gasto público no es la forma de hacerlo.
El senador Reid sabe que el plan del presidente es indefendible y lo ha demostrado excediéndose al cambiar anoche el reglamento del Senado para evitar que los demócratas tuvieran que votar. Ellos no quieren rechazar oficialmente el último paquete de estímulo del presidente, así que ahora el órgano legislativo está un una parálisis sin precedentes.
Los americanos están sufriendo. Algunos llevan sus frustraciones a la calle, otros se quedan en casa, luchando para encontrar un nuevo trabajo y llegar a fin de mes. Catorce millones que quisieran trabajar no pueden hacerlo y 6.2 millones de esos americanos llevan sin un empleo 27 semanas o más. Pero en vez de simplemente reconocer que un gobierno más grande, más gasto y más cargas sobre los creadores de empleo de América no ha funcionado, el presidente Obama continúa adelante con su visión miope de más aún de lo mismo pero sin cargar con la culpa. Esa no es la respuesta que están buscando los americanos.
La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.











