El día 15 de mayo se cumplió el primer aniversario de la puesta en marcha del Acuerdo de Libre Comercio entre Estados Unidos y Colombia (FTA). Durante estos 12 meses, un creciente número de empresas de ambos países han tomado medidas para sacar el máximo rendimiento a las nuevas oportunidades para el libre flujo de productos, servicios e ideas creado por este pacto comercial.
El fiasco del rescate financiero a Chipre continúa, elevando así la crisis de deuda de la eurozona, que ya dura cuatro años, a un nuevo nivel de volatilidad e incertidumbre.
En el corazón de la debacle subyace el sobredimensionado sector bancario de esta pequeña isla, que es ocho veces mayor que el tamaño de su economía. Pero el tercer miembro más pequeño de la Unión Europea (UE) tiene otro sector notablemente voluminoso y problemático: el sector público.
El presidente Obama viaja a Medio Oriente en un periplo que incluye su primera visita a Israel desde que se convirtió en comandante en jefe. Sin embargo, este viaje llega en un complicado momento de declive del liderazgo de Estados Unidos en el extranjero y de disminución de la libertad económica y la prosperidad en el país, una lamentable combinación que las propias normativas del presidente han producido como resultado.
En su discurso de enero, el presidente habló de forma elocuente: “Una de las mayores contribuciones que Estados Unidos puede hacer al mundo es fomentar la libertad como clave para el crecimiento económico. La respuesta a un mundo cambiante es un Estados Unidos creativo y competitivo, no unas guerras comerciales que cerrarían puertas, crearían mayores barreras y destruirían millones de empleos. Eso lo deberíamos recordar siempre: Proteccionismo es ‘destruccionismo’”.



