A la luz de la brutalidad que se convirtió en práctica habitual en el 3801 de la Avenida Lancaster y de los casos que han aparecido en otros lugares, los responsables políticos se lo deberían pensar dos veces antes de continuar respaldando financieramente una industria que crea y respalda a tipos como al abortista Gosnell.
La libertad religiosa es un derecho fundamental garantizado por la Primera Enmienda de la Constitución, no es un mero “valor” cuya importancia está sujeta a la devaluación por parte de una determinada normativa de la administración. Lamentablemente, una devaluación de este principio básico es exactamente lo que hemos estado viendo por parte de la administración Obama, que un año después de que tal apoyo de boca para afuera a la libertad religiosa se ha mantenido firme a su mandato original a pesar de las amplias e intensas protestas religiosas en su contra.



