El Pentágono anunció la semana pasada que aquellos miembros de las fuerzas armadas que habían resultado heridos durante el mortal atentado de Fort Hood, Texas, perpetrado por el comandante Nidal Hassan, no serían considerados como candidatos a la medalla del Corazón Púrpura. Sin duda, se trata de una decisión desacertada.
Durante casi 100 años, Estados Unidos ha venido celebrando el día 11 de noviembre. En un principio era para rememorar el final de la Primera Guerra Mundial, que se suponía que era la guerra que les pondría fin a todas. Aunque por desgracia, ese no fue el caso. Ya en 1952, una pequeña localidad de Kansas empezó a usar la fecha para recordar a los veteranos de todas las guerras de Estados Unidos. Dos años después, el presidente Dwight Eisenhower reconocía la brillantez de un pequeño grupo de americanos “comunes y corrientes” al convertirla en feriado nacional.
Hace cincuenta y cinco años, Estados Unidos sufrió una enorme conmoción. Los soviéticos nos ganaron en el espacio con el lanzamiento del Sputnik 1 el 4 de octubre de 1957. Pero en vez de acurrucarse en un rincón y preguntarse si eso significaba el final de la época de dominio de Estados Unidos, los distintos líderes de Estados Unidos comenzaron con una iniciativa a nivel nacional para asegurarse de que no eran vencidos de nuevo.
Para mejorar la ciberseguridad, la nación no se merece una solución que se haga a la carrera mediante una orden ejecutiva. La actual redacción de la orden ejecutiva de seguridad informática está siendo vista por algunos como la panacea, largamente esperada, para la “falta” de motivación de sectores clave de la industria para autoprotegerse. Lo cual es ridículo.



