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  • Ayudar a Libia más que armar rebeldes


    WebMemo #3209

    Washington se equivocó al centrarse, de forma miope, en la decisión de intervenir en Libia y establecer una zona de exclusión aérea. Mucho antes de que las operaciones empezaran, estaba clarísimo que estas operaciones no serían militarmente decisivas.

    La situación actual en el teatro de operaciones refleja ese hecho. Se requiere una estrategia más exhaustiva para lidiar con el régimen de Gadafi, llevar la libertad a Libia y hacer una contribución real, duradera, a la protección de los inocentes más que un alivio temporal de la situación a través de una intervención militar apresurada. Ahora, en vez de tratar con esos asuntos a largo plazo, Washington complica más el error al obsesionarse con otra decisión contingente: si se debería, o no, armar a la oposición.

    Esta opción, en ausencia de un integral plan estratégico acerca de los pasos a dar en Libia, está mal concebida.

    Las decisiones sobre el camino a seguir deberían tomarse en el contexto de la consecución de tres tareas clave: (1) mantener aislado a Gadafi hasta que sea llevado a la justicia; (2) establecer una presencia militar para impedir que sus fuerzas empujen a la oposición al mar; y (3) identificar, apoyar y sostener una oposición legítima que lleve la democracia al país (en lugar de dejarlo convertirse en el próximo refugio terrorista) y atender las necesidades humanitarias y derechos humanos de la gente bajo el control de la oposición.

    Habla el presidente

    En su discurso a la nación el 28 de marzo, el presidente Barack Obama, por primera vez desde que comenzaron las operaciones de combate la semana previa, esbozó un papel limitado para el uso directo de la fuerza militar de Estados Unidos. También sugirió la lista de tareas clave que deberían llevarse a cabo. Sin embargo, el presidente ignoró algunas consideraciones clave:

    • Más importante que cuándo se lleve a Gadafi ante la justicia es cómo termine su régimen. Este objetivo se alcanzaría mejor si se hace de forma que se salvaguarde la futura libertad de Libia y se asegure la máxima protección de los inocentes. Hasta el grado que sea posible, esto lo deberían hacer los propios libios porque son los que más han sufrido el terrorismo del régimen de Gadafi y tienen la mayor motivación para luchar. Estados Unidos puede proporcionar varias formas de apoyo si encuentra líderes libios adecuados a los que apoyar.
    • Hasta que el régimen llegue a su fin, a la fuerza de Gadafi se le debe mantener acorralada. Ya que la fecha en que esto pueda ocurrir es incierta, se deberá establecer un medio duradero y sostenible de contrarrestar de alguna forma la capacidad militar que le resta al régimen.
    • Se deberá dar apoyo sólo a los que lo merecen — grupos y líderes locales con la intención, voluntad y capacidad de mirar por los intereses del pueblo libio y que combata el inevitable intento de los extremistas y terroristas de burlar la búsqueda de la libertad de la nación libia.

    Donde fue totalmente inadecuado el discurso del presidente es en no haber sugerido siquiera cómo se lograrían estas metas vitales, todo fue promesas hechas a la ligera de que la comunidad internacional se encargaría de ello.

    Al margen de qué naciones se ocupen de los costos y cargas de la ejecución de estas tareas, nunca se harán bien – o simplemente no se harán – sin el sólido liderazgo de Estados Unidos tan necesario para establecer y sostener una eficaz coalición de los dispuestos y capaces. Como demostró la intervención en Somalia de 1992–1993, delegar la toma de decisiones a un comité respaldado por las Naciones Unidas es la receta para la adopción de políticas rígidas, reactivas y de menor denominador común que a veces tiene consecuencias desastrosas.

    Armas y conflicto

    Ningún aspecto de la misión necesita de mayor liderazgo que la tarea de forjar la capacidad de la oposición — una tarea que incluye mucho más que simplemente suministrar armas. Sin embargo, esta labor no debería percibirse como “construcción de naciones” o un Plan Marshall sino como una iniciativa muy limitada, inmediata, adaptativa y mínima para ayudar a la oposición a proveer gobernanza y seguridad esenciales. Esto en realidad es para establecer un cierto grado de capacidad en una sociedad devastada por más de cuatro décadas de Gadafi y su desastrosa administración.

    Primero, sería un grave error simplemente armar a una oposición y descuidar los otros deberes necesarios para forjar la capacidad libia de autogobernarse de forma efectiva. Se deberá asistir a los libios para establecer tanto la capacidad de gobernar como de seguridad durante la transición del régimen de Gadafi a una Libia democrática. Esto debería incluir:

    • Medios para registro y comprobación del personal que trabaje en la autoridad de transición.
    • Recursos para comunicaciones y difusión pública en los medios.
    • Y hará falta contar con asesores legales, de gestión financiera, judiciales y técnicos.

    Estas capacidades deberían estar en marcha conjuntamente con cualquier asistencia proporcionada por naciones extranjeras.

    Segundo, antes de armar a la oposición, se deben cumplir estos criterios mínimos, no negociables:

    • Las fuerzas deben actuar bajo una autoridad local, establecida, competente y responsable que actúe conforme al estado de los combatientes legales en cumplimiento de las Convenciones de Ginebra.
    • Deben establecerse medidas que aseguren transparencia y que habrá quien responda de la distribución y uso de las armas.
    • Se deben crear salvaguardas que impidan abusos de los derechos humanos o que se arme a terroristas.
    • Se deben hacer valoraciones profesionales que aseguren que las armas sean apropiadas (por ejemplo, ya que la fuerza aérea de Gadafi está en tierra, no se debería suministrar armas tierra-aire a las fuerzas de oposición).
    • Y se debe considerar la formación y apoyo logístico necesario para hacer efectivo el uso de las armas.

    Tercero, debería hacerse una valoración de qué papeles son los más apropiados para Estados Unidos, cuya asistencia sería más efectiva en:

    • Proporcionar apoyo de inteligencia.
    • Ofrecer apoyo logístico para iniciativas consultivas desde el mar.
    • Establecer mecanismos de asistencia técnica a distancia.
    • Bloquear los medios de propaganda de televisión y radio del régimen de Gadafi.
    • Y facultar a la oposición para que difunda su mensaje de liberación a los libios que permanecen bajo el control opresor del régimen.

    La contribución de América: Liderazgo

    Se debería animar a las naciones más cercanas al problema con la capacidad de llevar libertad, seguridad y estabilidad a Libia y que tengan interés en hacerlo para que hagan lo que más puedan en pro de la consecución de estos objetivos. Egipto, por ejemplo, podría armar, formar y suministrar lo necesario a las fuerzas militares de la oposición. Se debería promover que otros países de la Liga Árabe, aliados de la OTAN y amigos de la Unión Europea proporcionen respaldo financiero para la intervención, si no fuerzas militares.

    No obstante, ningún programa de asistencia que sea coherente y constructivo tendrá lugar sin liderazgo eficaz. Esa es quizá la contribución más importante que Estados Unidos puede hacer. Desde luego, Estados Unidos no debería simplemente pasarle la verdadera labor de envergadura a la “comunidad internacional”.

    El Dr. James Jay Carafano es subdirector del Instituto Kathryn y Shelby Cullom Davis para Estudios Internacionales y director del Centro Douglas y Sarah Allison para Estudios de Asuntos Exteriores, una división del Instituto Davis. James Phillips es investigador sénior especializado en Asuntos de Oriente Medio del Instituto Kathryn y Shelby Cullom Davis para Estudios Internacionales de la Fundación Heritage.
    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.


    Posted in Conflictos Internacionales, Defensa, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo Americano, ONU, Opinión, OTAN, Política Exterior, Seguridad Internacional, Terrorismo, Unión Europea