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A este Congreso lo mandaron a Washington DC con un simple mandato del pueblo americano: cortar el gasto federal y poner al gobierno bajo control.
El compromiso sobre el presupuesto alcanzado el viernes para evitar el cierre del gobierno abrazaba estos principios, pero también dejó mucho trabajo por hacer. Por fin, el Congreso ha empezado a recortar el gasto en vez de pasarle la cuenta a las siguientes generaciones y esperamos que el acuerdo presupuestario haya cambiado la mentalidad en Washington. Ya no deberían pasar presupuestos a toda carrera que incrementen el gasto y expandan el gobierno. Desde ahora, la pregunta debería ser: ¿Qué se puede recortar?
Algo bueno derivado de este proceso es que el debate ha cambiado. Aunque los detalles del compromiso siguen siendo poco claros, lo que es obvio es la disposición del país a recortar el gasto y que todas las ideas reformistas están viniendo solamente de un lado. Ya veremos qué tiene que decir el presidente Obama acerca de la reforma de los derechos a beneficios cuando se dirija a la nación el miércoles.
Pero hasta ahora, los demócratas del Congreso no están por la labor de intentar seriamente reducir el gasto o tomar en consideración reformas muy necesarias del régimen de derechos a beneficios que ha crecido desmesuradamente, consume la mayor parte de nuestros presupuestos federales y que finalmente reducirá a América a un estatus de segunda clase. Los demócratas han rechazado todas las reducciones, salvo las más minúsculas en el presupuesto de 2011 y su respuesta a la pionera propuesta presupuestaria del representante Paul Ryan (R-WI) ha sido la demagogia.
El planteamiento progresista del debate presupuestario de 2011 ha dicho muchísimo acerca de ellos. Justo la pasada semana, cuando se cernía sobre el país un cierre parcial del gobierno, los líderes progres usaron todos los trucos sucios de sus manuales para proteger la mentalidad de gasto. Los miembros progres del Congreso dijeron tontamente que los republicanos intentaban “matar a las mujeres” y acabar con sus exámenes oncológicos. El tenor de sus diatribas mostraba cuán desesperados estaban por mantener la mentalidad de gasto habitual hasta ahora. No funcionó y el presidente de la Cámara, John Boehner (R-OH), fue finalmente capaz de llegar a un pacto de compromiso que supone uno de los mayores recortes de gasto de la historia.
En lo que solo podemos desear que sea un preludio de lo que está por venir, se disminuyó el poder los sindicatos para proteger el statu quo ante tras la lucha de Boehner para permitir a los niños de los núcleos urbanos recibir una educación de calidad con seguridad. Volver a tener el Programa Escolar de Oportunidad de D.C. (DCOSP) fue una gran victoria para los padres, dentro y fuera de Washington, que demasiado a menudo han visto anteponer los intereses financieros de la cúpula sindical a sus necesidades. También preparó los parámetros de futuros debates sobre financiación de la educación que se medirá en resultados y no en dinero federal gastado.
Después de encargarse de estos asuntos del año pasado todavía pendientes hasta ahora – pues no olvidamos que la entonces presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi (D-CA) y el todavía líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid (D-NV) fracasaron a la hora de aprobar unos presupuestos en 2010– el nuevo presidente de la Cámara Boehner deberá ahora acometer batallas mucho mayores como el aumento del límite de la deuda y el presupuesto de 2012.
En realidad, incluso una de las mayores reducciones de gasto de la historia es sólo una gota en el océano. Unos cuantos días de gasto nada más. Un error de redondeo. Pero esto simplemente debería mostrar cuánto queda por conseguirse. Si la batalla por tan modestos recortes puede provocar tanto veneno progresista como hemos visto esta semana, imagine Ud. lo que queda por venir cuando nos enfrentemos el presupuesto de 2012 y el límite de la deuda.
El debate presupuestario de 2012 empezará ya mismo. No podemos permitir la misma conducta esquivando la responsabilidad y que nos ponga en esta situación el próximo año. Habrá oportunidades importantes de reducir el gasto y el endeudamiento de forma profunda y exhaustiva, incluyendo una verdadera reforma de las prestaciones sociales así como de la limitación del tamaño y alcance del gobierno. En este debate, los progres buscarán cargar estos recortes sobre las espaldas de nuestros soldados. Más vale que nos resistamos a estas equivocadas intenciones.
América está todavía en un peligroso camino fiscal. Una reducción de $38,500 millones no cambiará eso; una reducción mayor de $61,000 millones no lo habría cambiado. Incluso una de $100,000 millones no lo habría hecho tampoco. Las victorias morales del pasado son ahora meramente pasos en el camino a la verdadera reforma en Washington. Las luchas futuras sobre los derechos a beneficios y la reforma presupuestaria necesitarán cifrarse en billones, no miles de millones. Y ese debate empieza hoy.










