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  • Carros eléctricos: ¿Alcanzarán el éxito sin ayudas?

     

    Quizá los compradores estén esperando por el crédito fiscal de $10,000 propuesto por el presidente Obama para comprarse un Chevy Volt. A pesar del dinero del rescate financiero y de los incentivos del gobierno, General Motors (GM) detuvo temporalmente la producción del Volt y despidió a 1,300 empleados de Detroit debido a que la deslucida demanda resultó en bajas ventas. Desafortunadamente, esto se está convirtiendo en un suplicio rutinario que inspira un exceso de debate político. Así no se hace negocios.

    Las ventas del Volt, el empleo, el precio y las características de seguridad automáticamente se han convertido en combustible para debates políticos más extensos, no porque los políticos de Washington se preocupen especialmente por la felicidad de fabricantes y automovilistas, sino porque han invertido en el éxito de GM y la agenda verde que esta representa. Esto es especialmente cierto en el caso de la administración Obama, que ha unido las promesas de empleo con la energía verde y ha establecido el arbitrario objetivo de poner 1 millón de autos eléctricos en las carreteras para 2015. El resultado es que el gobierno federal eha acabado siendo accionista de la compañía automovilística. Ha puesto en riesgo miles de millones de dólares en el rescate financiero, lo que impactará en la confianza pública en el presidente y sus acciones políticas.

    Por el contrario, nótese el tipo de atención que Nissan está consiguiendo. El desempeño del Nissan Leaf, que (como el Volt) también cuenta con el actual crédito fiscal de $7,500 ofrecido bajo la administración Bush, no es mucho mejor. La compañía vendió 9,674 unidades de su versión del auto eléctrico compacto el año pasado, mientras que del Volt se vendieron 7,671. Ambos estuvieron muy por debajo de las expectativas. Sin embargo, el Leaf se escapó en gran medida de la mala prensa y del escrutinio político sufrido por el Volt ya que Nissan nunca buscó el apoyo financiero del gobierno federal para que lo apuntalen.

    Si el Volt y GM continúan dando pena, el gobierno, una vez más, parecerá tonto y tendrá algo de responsabilidad. Es hora de que la administración aprenda la lección y se salga del mercado para dejar que las compañías y los consumidores americanos sean los jueces de esta nueva tecnología.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Defensa, Derecho Internacional, Opinión