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Celebrando los principios imperecederos de América

América nació el 4 de julio de 1776 con la aprobación de la Declaración de Independencia. 235 años después, hoy reflexionamos sobre su significado mientras conmemoramos a nuestro gran país.

La Declaración anunció al mundo que las colonias americanas eran estados libres e independientes. Pero esto por sí solo no convierte en revolucionario al documento o a América. Lo que es revolucionario sobre la Declaración no es que un grupo particular de americanos declarase su independencia bajo circunstancias concretas sino que lo hicieron apelando a un estándar universal de justicia: la igualdad. Lo que es revolucionario sobre América es que está edificada sobre unos cimientos de principios universales, no sobre mezquinos intereses.

Este es el núcleo del excepcionalismo americano. Como explica Matthew Spalding:

América es una nación excepcional, pero no debido a lo que ha alcanzado o logrado. América es excepcional porque, a diferencia de cualquier otra nación, está consagrada a los principios de la libertad humana, fundamentados en las verdades de que todos los hombres son creados iguales y dotados con iguales derechos.

Todos los países celebran algo que es suyo. Los franceses celebran el Día de la Bastilla, Canadá tiene su Día de Canadá y España honra a Cristóbal Colón. Pero solo América celebra un conjunto de principios que se aplican a todos los hombres.

La Declaración de Independencia sirve como pronunciamiento filosófico de los principios fundacionales de América. Basta con que lea el segundo párrafo. Afirma que todos los hombres son iguales por naturaleza y por tanto tienen ciertos derechos inalienables. El gobierno no tiene por qué meterse a conceder derechos, a hacer a todos iguales ni a asegurar que todos sean felices. Operando por el consentimiento de los gobernados, el gobierno tiene por propósito asegurar la libertad y permitir que la gente se se gobierne a sí misma y persiga sus ambiciones.

No es atípico oír que estos principios estaban bien para el siglo XVIII pero que son completamente inadecuados para confrontar los desafíos de hoy. Recientemente, en la carátula de la revista Time sobre la Constitución, su editor Richard Stengel rechazaba a los Fundadores con el argumento de que estaban atrapados en su propia era y eran incapaces de tratar problemas contemporáneos. Las alegaciones de Stengel no son nada nuevo. Desde principios del siglo XX, profesores, periodistas e incluso presidentes americanos (por ejemplo, Woodrow Wilson) suscribían tal punto de vista, calificado por Calvin Coolidge como que “hemos tenido nuevas ideas y nuevas experiencias que nos han dado una gran ventaja sobre los [Fundadores] y que por tanto bien podemos descartar sus conclusiones por algo más moderno”.

Sin embargo, hay un carácter definitivo en los principios de América. Como Coolidge añadió acertadamente:

Hay un carácter definitivo en la Declaración: “Si todos los hombres son creados iguales, eso es definitivo. Si están dotados con derechos inalienables, eso es definitivo. Si los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados, eso es definitivo. No hay avance, no hay progreso que se pueda hacer más allá de estas propuestas.

Hoy, lea la Declaración de Independencia a su familia, vecinos y amigos mientras prepara la barbacoa. Deje que sus memorables frases le inspiren para esforzarse por favorecer la libertad y para reivindicar los principios del autogobierno. Pero prepárese, sin embargo — la Declaración de Independencia es revolucionaria porque sus principios son verdaderos.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

 

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