A primeras horas de la mañana del 18 de febrero, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tuiteaba que estaba de vuelta en Caracas, tras pasar más de dos meses en un hospital de La Habana.
El pasado 11 de diciembre, Chávez se sometió a una cuarta operación quirúrgica para tratar otro cáncer que se le acababa de descubrir. Chávez fue trasladado inmediatamente a un hospital militar envuelto en un gran velo de secretismo. Sin embargo, aún persisten enormes incertidumbres en relación con su estado de salud. ¿Está Chávez, a sus 58 años, realmente en el camino de la recuperación? ¿O está inmerso en las fases terminales de su lucha contra un agresivo cáncer?
Un exembajador venezolano observaba que “Lo único que ha cambiado es la localización de su aislamiento. La incertidumbre es la misma. Nada es seguro”. Desde un punto de vista político, la muerte en Caracas parece preferible a morir en tierra extranjera bajo la supervisión de los Castro, pues muchos venezolanos siguen preocupados por el desmedido papel de Cuba en el futuro político de su nación.
Ciertamente, el sigiloso modo de volver de Chávez, en plena noche, plantea preguntas respecto a su salud. Sin embargo, el gobierno continúa organizando concentraciones masivas para respaldar a su achacoso líder, que están motivadas, quizá de un modo cínico, por el deseo de aferrarse a la esperanza de que vuelva el comandante.
Los venezolanos se encuentran cada vez más molestos por la ausencia de Chávez, que ha dejado a la nación sin la adecuada investidura presidencial y teniéndose que enfrentar a una posible polarización de las elecciones presidenciales, en el caso de que Chávez no consiga recuperar las fuerzas suficientes como para gobernar. Anhelan lo que John Adams describió como un “gobierno de leyes y no de hombres”.
La confianza en el futuro del modelo económico populista de Chávez también ha decaído tras la reciente devaluación de su moneda, que ha hecho aumentar aún más la inquietud en torno a la inflación, los desorbitados precios de los alimentos y el aumento de la escasez de los mismos. Puede que el creciente laberinto de regulaciones, restricciones y controles de precios apacigüe la fuga de capitales, pero no la detendrá, mientras en el país continúa la creciente demanda por hacerse con escasos suministros.
De momento, el retorno de Chávez ha hecho poco por calmar la ansiedad acerca de cuál puede ser realmente el último capítulo de la vida del caudillo bolivariano.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.





