• The Heritage Network
    • Ampliar:
    • A
    • A
    • A
  • Donar
  • Cinco pasos para enfrentarse a la crisis en Egipto y Oriente Medio

    WebMemo #3136

    3136

    Con todos los ojos puestos en la violencia política en Egipto, la administración Obama ha trabajado en modo “crisis”, esforzándose por mantenerse por delante de los acontecimientos tan rápidamente cambiantes. El problema de Washington es que la Casa Blanca, en público, ha parecido titubeante, centrándose de forma miope en los acontecimientos de la Plaza Tahrir en vez de ejercer verdadero liderazgo presidencial y de trabajar proactivamente por salvaguardar a largo plazo los intereses fundamentales de América en la región.

    Al ejercer firmemente el liderazgo americano ahora y seguir involucrado durante los meses venideros de forma apropiada, el presidente puede proteger tanto los intereses de Estados Unidos como la promoción de las oportunidades de libertad, seguridad y oportunidad económica en la región. Estas acciones probablemente servirían como aportación mucho más positiva que tratar de parecer relevantes en la lucha por el poder en las calles de El Cairo.

    Un programa de acción responsable de la administración Obama incluiría las siguientes acciones:

    1.  No perder de vista a Irán

    Las aspiraciones nucleares del régimen de Teherán no son el único problema de la región. El gobierno iraní patrocina el terrorismo y programas extremistas en toda la región y reprime las aspiraciones de libertad de su propia gente. El colmo de la hipocresía es ver a los líderes en Teherán declarar su simpatía por la gente en las calles del Cairo cuando suprimieron, de forma brutal, los gritos por la libertad en su propio país durante las protestas de las elecciones de 2009.

    El régimen iraní es peligroso cuando se le deja a su aire. Hacer retroceder a Teherán es la única manera de contrarrestar su búsqueda del dominio regional. En particular, aunque problemas técnicos pueden haber retrasado ligeramente el calendario nuclear iraní, Washington no puede quedarse de brazos cruzados ante el programa nuclear de Irán. La administración Obama debería maximizar el cumplimiento de las sanciones de Estados Unidos sobre compañías que invierten en el sector energético iraní o que exportan gasolina a Irán, especialmente compañías chinas que podrían buscar reemplazar a las compañías europeas que están dejando el país.

    Estados Unidos también debería impulsar otra ronda de sanciones de Naciones Unidas después de que Irán, otra vez, desdeñosamente rechazara los esfuerzos diplomáticos para resolver el asunto nuclear en las conversaciones de Estambul del pasado mes. La administración Obama debería también aumentar su apoyo a la oposición democrática en Irán, a la que equivocadamente le ha prestado poca atención, comparada especialmente con la oposición egipcia. Además, debería exhortar la condena internacional contra los abusos de los derechos humanos en Irán, que exceden con mucho los abusos que ha lamentado en Egipto.

    2.  Permanecer firmemente comprometidos a preservar un Irak estable y libre

    Este no es el momento para arriesgarse a que surja un nuevo foco de inestabilidad en la región o a perder una nación amiga que está luchando denodadamente para asegurar su propia libertad frente a la tiranía. Aunque ya no está en la primera plana de los periódicos, Irak sigue siendo un país con problemas que exige un alto nivel de atención constante. Mientras que la situación de la seguridad ha mejorado mucho, su progreso político ha sido lento. Los líderes iraquíes, tentativamente, han ensamblado un gobierno de coalición tras las elecciones del pasado año, pero queda por ver si ese gobierno puede hacerle frente a los complejos problemas del país de forma efectiva.

    Washington debería permanecer pacientemente al lado del gobierno iraquí para respaldar a su ejército y a su cuerpo policial, ayudándolo a proporcionar mejores servicios al pueblo iraquí, mediar en las disputas entre kurdos y árabes, e impedirle caer bajo la influencia hostil de Irán. Estados Unidos debería mantener el contingente de tropas más fuerte posible hasta finales de 2011 que es cuando se les va a requerir su retirada según los términos del Acuerdo del Estatus de las Fuerzas Militares (SOFA). Washington debería negociar discretamente un nuevo acuerdo que permita el estacionamiento de fuerzas militares de Estados Unidos para entrenar y asistir a las fuerzas militares iraquíes en su lucha contra enemigos comunes como al-Qaeda en Irak y las milicias chiítas pro-Irán.

    3. Reafirmar la necesidad de una estrecha cooperación estratégica con Israel

    La inestabilidad política que ha barrido al Oriente Medio árabe en las últimas semanas subraya el hecho de que Irael es el único aliado en la región con el que Estados Unidos puede contar de forma fiable. La administración Obama debería seguir adelante con sus iniciativas para reavivar las estancadas conversaciones de paz israelo-palestinas, pero debería reajustar su diplomacia abandonando su poco realista fecha límite de un año para llegar a un acuerdo de paz y su contraproducente presión para un inmediato alto a los asentamientos – algo que sólo anima a la Autoridad Palestina a abstenerse de ir a las negociaciones.

    En lugar de una ofensiva a fondo para alcanzar un acuerdo integral que es imposible mientras Hamás controle Gaza, Washington debería presionar por un avance paulatino en acuerdos de seguridad, medidas que creen confianza entre las partes y que se estimule el bienestar de los palestinos en la Margen Occidental. Esto ayudaría a apuntalar el apoyo a la Autoridad Palestina en detrimento de Hamás que ha transformado Gaza en una represiva base del terrorismo.

    4. Seguir implicado en el Líbano

    Hizbolá, apoyada por Siria, mosotró su poderío el mes pasado al hacer caer al gobierno pro-occidental de Saad Hariri el día que se reunía con el presidente Obama en la Casa Blanca. El Líbano, que por largo tiempo ha servido como escenario donde se enfrentan los subordinados de las potencias regionales, va cayendo en su deriva cada vez más en la órbita iraní. La administración Obama debería seguir muy atentamente implicada y respaldar a la coalición de cristianos y musulmanes suníes contra Hizbolá.

    Además, Washington debería apoyar muy firmemente a la Corte Especial para el Líbano que auspicia la ONU y de la cual se espera que impute a altos miembros de Hizbolá como responsables del asesinato en 2005 del entonces primer ministro libanés Rafik Hariri, el padre de Saad. No es probable que haya calma en el Líbano o en la región mientras Hizbolá y sus promotores crean que pueden hacer lo que les dé la gana con toda impunidad.

    5. Apoyar y animar al ejército egipcio a salvaguardar la transición a la libertad

    Aunque Estados Unidos atienda otras prioridades, desde luego no puede ignorar lo que está ocurriendo en el Cairo. Pero debería empezar a centrarse en soluciones a implantarse a largo plazo en lugar de tratar de ir al ritmo de los titulares del día o del tweet de último minuto. El ejército egipcio, la columna vertebral del Estado desde el golpe de los Oficiales Libres en 1952, es el árbitro del futuro de Egipto en la actual crisis. Un apoyo indefinido al asediado Hosni Mubarak habría podido traducirse en una división en facciones o que las tropas se uniesen a las masas enfurecidas.

    Para preservar al ejército como un baluarte de estabilidad y futura barrera para que los islamistas no se hagan con el poder, era necesaria la renuncia de Mubarak para calmar la tensa situación política y hacer posible una transición estable a un gobierno más representativo. Estados Unidos debería saberle sacar partido a sus $1500 millones anuales en ayuda a Egipto y asegurarse de que cualquiera que sea el régimen que surja en el Cairo, será respetuoso de la libertad y los derechos humanos de sus propios ciudadanos, particularmente los de las mujeres y la minoría cristiana de Egipto que representan alrededor del 10% de la población.

    La ayuda de Estados Unidos también debería estar condicionada a que se siga cumpliendo con las obligaciones legales del tratado de paz de 1979 con Israel. En el largo plazo, la ayuda de Estados Unidos y las ventas militares serán importantes. El ejército egipcio no será capaz de mantener su nivel sin repuestos, apoyo logístico y mejoras de equipos que le ofrece Estados Unidos.

    Cambiar el enfoque

    Se trata de una agenda que la Casa Blanca podría empezar a implementar desde hoy mismo y que supondría una gran diferencia en Medio Oriente. Demostraría que Estados Unidos es:

    • un aliado fiel, responsable y duradero;
    • un adalid de la causa de la libertad y la libertad económica; y
    • una nación fuerte, resistente y llena de confianza en sí misma, preparada para defenderse a sí misma, a sus aliados y sus intereses.

    Si la Oficina Oval cambia su enfoque y va de lo que es buena publicidad en la Sala de Prensa de la Casa Blanca a lo que es mejor para mantener libres y seguros a los americanos, capeará esta crisis bien.

    James Phillips es investigador especializado para Asuntos de Oriente Medio en el Centro Douglas and Sarah Allison para Estudio de Política Exterior, una división del Instituto Kathryn and Shelby Cullom Davis para Estudios Internacionales. El Dr. James Jay Carafano es vicedirector del Instituto Davis y director del Centro Allison en la Fundación Heritage.
    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org
    Posted in Conflictos Internacionales, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Informes, Liderazgo Americano, Política Exterior, Seguridad Internacional, Seguridad Nacional, WebMemo