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  • Cómo balancear el presupuesto en 10 años

    Las dos cámaras del Congreso han votado ya para suspender el límite de la deuda hasta el 19 de mayo, para darles así a los legisladores más tiempo con el fin de que desarrollen un presupuesto. De este modo, el Senado elaboraría su primer presupuesto en tres años, por lo que los detalles de dicho presupuesto serán fundamentales.

    Para impedir que la deuda federal siga creciendo sin control y perjudique el crecimiento económico a largo plazo, el Congreso debe balancear el presupuesto en 10 años y mantenerlo balanceado, todo ello sin subir más los impuestos.

    En esta lista de control con cinco puntos se indica qué hacer y qué no hacer para balancear el presupuesto en 10 años:

    1. No subir los impuestos. A pesar de las repetidas afirmaciones del presidente de que está a favor de un enfoque balanceado para la reducción del déficit, el más reciente debate sobre el abismo fiscal concluyó al permitir    que entrasen en vigor 13 nuevos impuestos o que se subiesen algunos de los ya existentes, aunque eso produjera un incremento neto del gasto de $47,000 millones. Las subidas de impuestos están perjudicando la economía y a los trabajadores americanos al ahogar la inversión y la creación de empleo. Y sin embargo, sigue sin afrontarse el reto que supone nuestra deuda. Solamente unas reducciones significativas del gasto podrán frenar la deuda y los déficits de una forma efectiva.

    2. Reformar los programas de derechos a beneficios. El Congreso debe realizar las tan necesitadas reformas de los programas de derechos a beneficios para proporcionar una red de seguridad asequible. El Congreso debería en primer lugar derogar Obamacare o al menos paralizar los subsidios y la expansión de Medicare que comenzarían en 2014. El Seguro Social y Medicare se deberían convertir en verdaderos programas que ofrezcan una red de seguridad y que se centren en la ayuda a las personas mayores en situación de necesidad. La edad para poder optar a ambos programas debería igualarse, así como que se reflejase el incremento de la longevidad. Por otro lado, el ajuste del Seguro Social al costo de la vida debería estar basado en un cálculo más preciso de la inflación.

    3. Reducir el gasto discrecional. El Congreso debería paralizar inmediatamente todo el gasto destinado a ciertos programas que benefician sólo a unos pocos y que incluso tienen la apariencia de clientelismo, como las subvenciones para la radiodifusión pública, la agricultura, las energías verdes y el etanol. El gobierno federal se debería centrar en el número limitado de deberes nacionales que tiene asignado. Los gobiernos estatales y locales son más capaces de satisfacer las necesidades de las poblaciones locales en áreas como los transportes, la educación, la formación laboral, el desarrollo económico y la conservación medioambiental.

    4. No utilizar trucos presupuestarios. El Congreso debe fijar un rumbo firme para el presupuesto federal con el objetivo de balancearlo en 10 años y mantener ese balance, sin triquiñuelas presupuestarias. El Congreso debería abstenerse de abusar de los desastres, como el huracán Sandy, para forzar un exceso de gasto. Tampoco debería el Congreso promulgar leyes que prevean un gasto por encima del objetivo de ese presupuesto para 10 años, como es el caso de las disposiciones para la ampliación de coberturas de Obamacare.

    5. No sacrificar la seguridad de la nación. Permitir hoy unos recortes con tan escasa amplitud de miras con el objetivo de reducir nuestras capacidades militares, supone incurrir en el riesgo de tener que afrontar el día de mañana unos costos más elevados para volver a forjarlas. El Congreso debería financiar la defensa de manera responsable y a unos niveles adecuados.

    El debate en torno al límite de la deuda es la oportunidad perfecta para discutir sobre las verdaderas prioridades presupuestarias de Estados Unidos. El creciente gasto federal ha puesto a la nación camino del hundimiento fiscal, por lo que se hace necesaria una corrección significativa de su rumbo.

    El promedio histórico de recaudación tributaria es del 18.5% del producto interior bruto (PIB) y es evidente que no podemos mantener el gasto por encima de los ingresos. Por tanto, se debe reducir el gasto hasta el nivel de los ingresos durante esos 10 años con el fin de balancear el presupuesto. El plan de la Fundación Heritage, Para Salvar el Sueño Americano, muestra cómo el Congreso puede balancear el presupuesto de forma prudente en 10 años, sin cargar a los americanos con mayores impuestos ni comprometer la seguridad nacional.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

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