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Cómo logra Obama que suban los precios de la gasolina

03 / 03 / 2011

Ayer, por primera vez desde septiembre de 2009, el precio del barril de crudo alcanzó los $100 en la Bolsa Mercantil de Nueva York (NYMEX). Pero aunque los recientes disturbios en el Oriente Medio han tenido un efecto marginal sobre los crecientes precios, el factor más significativo ha sido el incremento de demanda en todo el mundo. Es por eso que, mucho antes de que las recientes protestas siquiera empezaran, los analistas estaban prediciendo precios como $4 por galón de gasolina para este verano y $5 por galón en 2012. Cualquiera podría haber dicho que una economía mundial en recuperación, junto con el crecimiento continuado de India y China, iba a hacer que los precios del petróleo subieran más. Por tanto, si una administración quería mantener bajos los precios de la gasolina, podrían haber mitigado el incremento de la demanda con un incremento de la producción nacional de petróleo.

Desgraciadamente, esto no es lo que la administración Obama ha hecho. En vez de aumentar el suministro nacional, la administración Obama lo ha recortado a cada oportunidad. El resultado es que los americanos sufren ahora por culpa de esas decisiones.

Ya en febrero, cuando se produjeron las primeras protestas en Egipto, se le preguntó al secretario de Energía, Steven Chu, que podía hacer la administración para combatir el aumento mundial de los precios del petróleo. Chu respondió: “La mejor manera en que América puede protegerse contra estos sucesos es disminuir nuestra dependencia del petróleo extranjero, en realidad, diversificar nuestro suministro”. Pues, un mes después, la administración no parece haber actualizado sus puntos a enfatizar en los discursos. Ayer, presionado a preguntas acerca de los precios por los periodistas, el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney, dijo: “También, como han visto en estos dos años y pico, estamos muy centrados precisamente en la necesidad de desarrollar otras fuentes de energía para que no seamos tan dependientes del petróleo del exterior como lo hemos sido en el pasado”. ¿Y cuáles son esas “otras fuentes de energía” que la Casa Blanca ha estado desarrollando? ¿Cómo planea la Casa Blanca “diversificar el suministro” para reducir los precios de la gasolina? Las respuestas son maíz, viento, sol y vehículos eléctricos. Y eso no ayuda en lo más mínimo.

Según los analistas de Heritage Nick Loris y John Ligon, la política energética de Obama consiste en mayor producción de biocombustible, mayor producción de vehículos eléctricos, y mayor producción de energías renovables. Todas ellas son terribles. La mayor fuente de producción de biomasa, el etanol destilado a partir del maíz, produce menos energía por unidad de volumen que la gasolina, contribuye al aumento del precio de los alimentos, cuesta al contribuyente $4,000 millones para producr el 2% de todo el suministro de gasolina y tiene dudosos efectos medioambientales. Los vehículos eléctricos en los que ha invertido la administración Obama son prohibitivamente caros, no se ajustan a las necesidades del consumidor y también son sospechosos, medioambientalmente hablando. Las otras fuentes de energía que la administración Obama está subsidiando y promoviendo —eólica y solar— no sólo son un minúsculo 1% de toda la energía eléctrica del país, sino que son totalmente irrelevantes para el sector del transporte.

Pero el presidente Obama no sólo ha fracasado en diversificar nuestro suministro de energía de alguna forma significativa; en realidad ha actuado proactivamente para recortar nuestros propios suministros nacionales:

  • Primero, el secretario de Interior Ken Salazar canceló 77 alquileres usufructuarios de perforaciones petrolíferas y gasísticas en Utah en su primer mes en el cargo. Según el Departamento de Interior y la Oficina de Administración de Tierras (BLM), hay 800,000 millones de barriles (una estimación conservadora) de petróleo recuperable de arenas bituminosas en la Formación Green River, que cubre zonas de Colorado, Utah y Wyoming. Esto es más de tres veces las reservas probadas de Arabia Saudita.
  • Luego, el pasado verano, sin necesidad alguna, el presidente Obama impuso no una, sino dos suspensiones de perforaciones en el Golfo de México. La Agencia de Información de la Energía (EIA) estima el recorte de esas suspensiones de perforaciones del presidente Obama en un 13% de la producción nacional de este año.
  • El pasado otoño, el secretario de Interior Salazar anunció que no se podrían desarrollar pozos en el Golfo de México, la costa atlántica y la costa del Pacífico, suspendiendo así, a todos sus efectos, la perforación en esas áreas durante los próximos siete años. Hay al menos 19,000 millones de barriles de petróleo fácilmente recuperable en las costas actualmente restringidas del Pacífico, el Atlántico y la parte oriental del Golfo de México.
  • El presidente Obama tampoco ha abierto la Reserva Natural Nacional del Ártico (ANWR), donde se estima que 10,000 millones de barriles de petróleo yacen bajo unos cuantos miles de acres a los que se puede acceder con mínimo impacto medioambiental. Esos 10,000 millones de barriles son equivalentes a 16 años de importaciones de Arabia Saudita al presente ritmo.

Ayer advertía el editor de la revista Forbes, Steve Forbes, en la web Politico que “[l]a administración Obama está repitiendo los errores de las fracasadas políticas energéticas del presidente Jimmy Carter, que estropearon su mandato y estigmatizaron los años 70. Nos están llevando directamente a otro desastre nacional energético”. ¿Y cuánto costaría ese “desastre energético” al pueblo americano? Según el Centro de Análisis de Datos de la Fundación Heritage, un aumento de $10 en el precio del barril de crudo importado en el primer trimestre y $20 en el segundo reduciría el PIB en $20,000 millones, reduciría el empleo potencial en casi 100,000 trabajos e incrementaría los precios de la gasolina en 18 centavos el galón. Esto solamente en 2011.

Ayer, Carney dijo que “el presidente es perfectamente consciente del impacto que una subida de los precios del petróleo puede tener en los precios de la gasolina y, por ende, en el bolsillo del americano promedio”. Si eso es cierto, y el secretario de Energía Chu realmente ha dejado de creer que los ciudadanos deberían pagar $8 por galón de gasolina, entonces el presidente deberá cambiar radicalmente toda su política energética actual permitiendo que los americanos desarrollemos nuestros propios recursos naturales, dando permisos prontamente y eliminando los retrasos regulatorios y de litigios que se aplican a los proyectos de energía.

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org
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