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Cómo moldearan los hispanos el siglo XXI


¿Cuál es el tamaño y el alcance apropiado de un gobierno federal? Es una pregunta especialmente oportuna al ver la cantidad de países desarrollados luchando con las secuelas de una borrachera de gasto impulsada por gobiernos manirrotos. Pero, para Estados Unidos, la mayor economía del mundo, la forma en que responda a esta pregunta será particularmente aleccionadora en el siglo XXI.

Con el fin de determinar el futuro de la economía americana, vale la pena repasar el actual panorama político de Estados Unidos para hacer un pronóstico más preciso. Lo que sabemos es que la reciente polémica sobre el límite de la deuda fue apenas la más reciente manifestación del debate más profundo en Estados Unidos sobre las obligaciones y limitaciones de un gobierno federal. De hecho, se dio un debate previo en el que se tocaron muchas de estas mismas preguntas al promulgarse la equivocada ley de salud del presidente Obama que desató una reacción antagónica entre la ciudadanía y que ha convertido la ley de salud más en una desventaja que en un logro al tiempo que el presidente se prepara para presentar sus argumentos ante el electorado americano para que este le conceda un segundo mandato presidencial de cuatro años.

Es cierto que la oposición más estridente a la ley de salud y a la insidiosa expansión generalizada del gobierno federal era más pronunciada en el bloque de votantes más mayores y blancos, pero ahora los sondeos revelan que cada vez son más los americanos de todas las tendencias que están desilusionados con el presidente Obama y su política.

Como las últimas cifras del Censo americano revelan, los hispanos son ahora 50.5 millones, de los cuales aproximadamente el 60% se describe como mexicano-americano. Y, con el Censo proyectando que para el año 2050, tres de cada diez americanos se autodenominarán hispanos, el siglo XXI americano será moldeado en gran parte por la manera en la que la minoría más grande de la nación ve el papel del Estado.

Si los hispanos se inclinan por creer en los preceptos de la izquierda política, entonces el Estado es el proveedor de una interminable sucesión de programas y servicios, administrados por el gobierno de turno, que se pueden financiar mediante el aumento de los impuestos. Si los hispanos creen en esta propuesta, lo que nos espera es un sombrío futuro para las Américas.

Y no es solo eso, la izquierda política ha sido avezada en su táctica de decirles a los hispanos que son víctimas del racismo y la discriminación y que deben mirar hacia el Estado para alcanzar el Sueño Americano. La lucha de clases y el enfrentamiento racial son los ingredientes perfectos para que crezca la omnipotencia del Estado.

Pero si el experimento americano ha de prosperar en este siglo XXI, los hispanos habrán tenido que jugar un papel importante en contra del Estado omnipotente y en favor de una mayor libertad y responsabilidad personal. Los hispanos tendrán que haberse dado cuenta de que el gobierno nunca puede sustituir el ingenio creador, el espíritu emprendedor y la libre empresa a la hora de crear prosperidad y un alto nivel de vida.

Y lo que marca la gran diferencia entre Estados Unidos y otros países ha sido la tenaz perseverancia de la ciudadanía a la hora de recordarle a su gobierno que, en última instancia, es el gobierno quien debe rendirle cuentas al pueblo y no al revés.

Para el observador extranjero, es fácil desdeñar el modelo de gobierno de Estados Unidos y considerarlo inoperante. Pero un análisis más cuidadoso revela que estamos ante la más reciente encarnación de la pasión por la competición de ideas que siempre ha caracterizado al experimento americano desde sus primeros días. Los hispanos, como el resto de los americanos, están en una encrucijada entre el colectivismo y el individualismo que lleva por bandera la libertad. Tenga por seguro que la repercusión de lo que al final se decida no se limitará solo a Estados Unidos.

 

 

Posted in Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Inmigración, Liderazgo para América, Opinión, Pensamiento Político