¿Qué sucede cuando un programa del gobierno no hace lo que se supone que debe hacer?
Head Start, el programa federal de preescolar que, según su eslógan, “fomenta la preparación escolar de los niños de familias con bajos ingresos con edades entre 0 y 5 años para mejorar su desarrollo cognitivo, social y emocional”. Sin embargo, las propias evaluaciones del gobierno han mostrado que simplemente no lo hace.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) hizo públicas sus conclusiones más recientes tras un largo estudio que seguía a los niños afiliados a Head Start durante todo su recorrido académico hasta tercer grado.
Y estas son sus conclusiones: “hasta tercer grado, el programa Head Start, con un costo de $8,000 millones, tuvo poco o ningún impacto en las prácticas cognitivas, socio-emocionales, médicas o parentales de los participantes. En unos cuantos indicadores, el acceso a Head Start tuvo efectos perjudiciales en los niños”.
La analista de la Fundación Heritage Lindsey Burke (investigadora de Educación adscrita a la donación Will Skillman) y el investigador asociado David Muhlhausen indican en su nueva valoración del estudio que el gobierno terminó de recoger los datos en 2008 y luego esperó cuatro años antes de hacer público dicho estudio, hasta el viernes anterior al día de Navidad de 2012. Puede que eso le indique cuánto querían los responsables de Head Start que conociese Ud. la efectividad del programa.
Los resultados de este estudio sobre tercer grado son similares a un estudio realizado por el HHS en 2010 sobre primer grado, que halló que cualquier beneficio de participar en el programa desaparecía completamente al llegar a ese nivel educativo.
Pero, ¿qué es Head Start? Pues es mucho más que aprender el abecedario. Según se extrae de la propia página web del programa:
Los programas Head Start proporcionan servicios exhaustivos a los niños participantes y a sus familias, incluidos servicios médicos, nutricionales y sociales y otros servicios que se consideren necesarios según la valoración de las necesidades familiares, además de servicios de desarrollo educativo y cognitivo. Los servicios de Head Start están diseñados para que sean sensibles a la herencia étnica, cultural y lingüística de cada niño y su familia.
La información ofrecida en la web afirma que “Los programas se pueden llevar a cabo en: Centros o escuelas a las que acuden los niños para recibir los servicios durante medio día o a jornada completa, centros de atención infantil de carácter familiar o los propios hogares de los niños, donde un miembro del personal los visita una vez a la semana para proporcionar sus servicios a los niños y a sus familias”.
La amplia descripción de estos servicios debería hacer que ya estuviera viendo el símbolo del dólar. Desde 1965 (cuando se fundó Head Start como un pequeño programa de verano) los contribuyentes han gastado en él más de $180,000 millones. Además se han descubierto diversos casos de fraude dentro del programa, a pesar de lo cual ha seguido adelante. Y más recientemente, los legisladores añadieron millones de dólares a la financiación de Head Start dentro del paquete de ayudas por el huracán Sandy.
De modo que es sorprendente descubrir que todo ese dinero se haya gastado en obtener poco o ningún beneficio para los niños y las familias a las que se supone que tenía que ayudar.
El estudio sobre tercer grado halló que el acceso a Head Start no tenía efectos estadísticamente medibles en ningún indicador de capacidad cognitiva, incluidos los numerosos indicadores de capacidad lectora, lingüística y matemática.
Como resumen Burke y Muhlhausen:
El HHS ha hecho pública la prueba definitiva de que el experimento del gobierno federal con Head Start, que ha durado 48 años, no ha dado ningún resultado con los niños y les ha dejado a los contribuyentes una cuenta de más de $180,000 millones. En interés de los niños y de los contribuyentes, es el momento de que le llegue el final a este experimento de cerca de medio siglo de duración.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.





