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  • Cuba y el caso de Alan Gross

     

    La administración Obama en los últimos meses se ha esforzado en mejorar las relaciones con Cuba supeditado a la liberación de Alan P. Gross, un subcontratista de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. (USAID). Gross fue arrestado en diciembre de 2009 por poner Internet a la disposición de los miembros de la minúscula comunidad judía de Cuba. Fue condenado a 15 años en prisión en marzo de 2011. Hace dos semanas, la más alta corte de Cuba escuchó la apelación de su condena y una petición por su liberación.

    En Cuba, la libre circulación de las ideas está prohibida. El Estado es quien define la verdad, no el individuo. El libre intercambio de información es visto como subversivo y algo que socava la autoridad del Estado. La combinación de una mentalidad de sitio y varias décadas de control del pensamiento mantiene la isla atrapada bajo las garras del represivo monopolio informativo del régimen.

    Una oportunidad para posible clemencia se abrió cuando la máxima corte de Cuba aceptó el caso Gross. El tribunal podría haber anulado de 15 años de Gross sentencia. No había muchas expectativas. Cuba es un país donde la justicia es siempre política y el paso del poder judicial lo marca la jerarquía política.

    Fidel y Raúl Castro podría haber utilizado el momento para dar señales de algún pequeño cambio. O, como señala el Washington Post,  podrían haber demostrado que Cuba está “mínimamente interesada en mejorar las relaciones con Washington”. Pero no lo hicieron. La paranoia cubana prevaleció. La Corte rechazó la apelación de Gross. Los hermanos Castro optaron por continuar castigando a Gross –ahora el más destacado prisionero político de Estados Unidos—escupiendo en la cara de la administración Obama y de Estados Unidos.

    La envejecida dictadura de Cuba, con su economía en crisis, reformas económicas desperdigadas y acciones represivas, es todo un espectáculo desesperado. Cuba sacó la alfombra de bienvenida para Hugo Chávez, enfermo de cáncer. Su crisis de salud ocupa un lugar preponderante ya que Venezuela provee un apoyo indispensable al régimen. El papel que los viajes y las remesas de Estados Unidos juegan apuntalando la economía se da por hecho.

    En las postrimerías de su tiranía, el régimen de Castro está decidido a demostrar que todavía puede jugar fuerte con la vida y la libertad de un simple ciudadano americano y demostrar que la administración Obama es incapaz de hacer algo más que patalear.

    El exdiplomático y experto en democracia Elliott Abrams tiene razón: El siguiente paso para la administración Obama es utilizar la vía diplomática para informar a los hermanos Castro que, a menos que practiquen su “clemencia”, Estados Unidos invertirá la relajación de las restricciones a los viajes y ejercerá una mayor presión sobre el gobierno de Cuba.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

    Posted in Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo Americano, Opinión, Política Exterior