Apriétense el cinturón, creadores de empleo: Está previsto que el Estado administrativo crezca aún más y de manera constante durante 2013, con un montón de regulaciones nuevas.
“Durante meses, las agencias federales y la Casa Blanca han dejado apartadas decenas de importantes regulaciones que lo abarcan todo, desde la contaminación de las centrales eléctricas hasta la seguridad en los centros de trabajo pasando por unas medidas de control más severas sobre Wall Street”, informaba recientemente Associated Press. “Pero desde las elecciones, la administración Obama ha reabierto discretamente el grifo de las regulaciones”.
Por supuesto, el problema no es simplemente el número y el costo de las nuevas regulaciones. En realidad, la mayor inquietud está en torno al modo en el que estas regulaciones están siendo elaboradas y ejecutadas. A menudo, el proceso es inconstitucional y empodera a los burócratas en lugar de a los ciudadanos americanos.
“Durante los últimos 100 años, nuestro gobierno se ha transformado desde una república federal, constitucional y limitada hasta un Estado administrativo y centralizado, que en su mayor parte existe fuera de la estructura de la Constitución y que ejerce un poder casi ilimitado”, advierte Joseph Postell en un nuevo Informe Especial sobre Principios Fundamentales.
Y lo que es todavía peor, gran parte del gobierno existe en forma de “cuarto poder” no electo y sin obligación de responder ante la ciudadanía. Gobernar mediante la administración viola la Constitución, pues combina los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en uno solo: la misma gente elabora las reglas, hace cumplir las reglas y juzga las reglas.
Eso es lo que James Madison denominó como la “mismísima definición” de la tiranía.
El informe de Postell explica los peligros de nuestro creciente Estado administrativo y, lo que es más importante, detalla lo que se puede hacer para restablecer el gobierno constitucional.
Esta tarea corresponde a los tres poderes legítimos. El Congreso puede reafirmar su poder para elaborar las leyes, el presidente puede restablecer su autoridad como jefe ejecutivo para supervisar los poderes ejecutivos del gobierno y los tribunales pueden adquirir una mayor responsabilidad en la revisión de las decisiones tomadas por las agencias administrativas y la burocracia federal.
Pero el poder clave, comenta Postell, es el legislativo. “Es el Congreso el que delega el poder legislativo a la burocracia, creando así el motor que hace funcionar el Estado administrativo”, explica Postell. Para empezar a revertir esta situación, los legisladores deberían reafirmar su control sobre el presupuesto así como su autoridad única para elaborar leyes. “Requerir que el Congreso ratifique las leyes aprobadas, bajo la apariencia de reglas, por parte de las agencias y departamentos ayudaría a restituir la obligación de rendir cuentas y la constitucionalidad de gran parte del Estado administrativo”, concluye Postell.
El cambio no sucederá de la noche a la mañana, pero el primer paso es volver a los principios de la Constitución. Los americanos están demasiado acostumbrados a ser regidos por los órganos reguladores, a pesar de que los cargos electos deberían ser los únicos con permiso para aprobar leyes. Y si estos no van a retomar voluntariamente su autoridad, los votantes deben insistir en que todos, tanto el Congreso, como el presidente y la judicatura desempeñen sus papeles de forma correcta.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.




