El 24 de octubre, las fuerzas armadas de Estados Unidos llevaron a cabo una prueba operacional y de desarrollo conjunta del sistema de Defensa de Área a Gran Altitud Terminal (THAAD), del sistema de defensa antimisiles Capacidad Avanzada Patriot III y del sistema de defensa antimisiles balísticos Aegis.
Esta ha sido la prueba más compleja y más amplia que jamás haya llevado a cabo Estados Unidos. Los sistemas de defensa antimisiles hicieron frente a cinco objetivos de manera simultánea, incluido un misil de crucero durante su trayectoria. Asimismo, la prueba mostró la importancia de la integración del mando y el control así como la madurez tecnológica de los programas de defensa antimisiles.
La amenaza de los misiles balísticos y de crucero es real. Estados paria como Irán y Corea del Norte continúan desarrollando unas capacidades que pueden amenazar a las tropas desplegadas por Estados Unidos o nuestros aliados. Sus acciones demuestran la continua necesidad de invertir en el programa de defensa antimisiles balísticos.
Precisamente a principios de este mes, nuestra nación conmemoró el 50º aniversario de la crisis de los misiles en Cuba. Un exhaustivo sistema de defensa antimisiles progresivo, preferiblemente con base espacial, negaría a otras naciones la capacidad de chantajear a Estados Unidos o a sus aliados e impediría que sucediesen futuras crisis con misiles.
La administración Obama redujo drásticamente el presupuesto de defensa antimisiles el primer año que llegó al cargo. Sus peticiones presupuestarias posteriores no han recuperado el terreno perdido. Y como observa el representante Michael Turner (R-OH), la previsión de la Agencia de Defensa Antimisiles (MDA) para los ejercicios fiscales de 2013 a 2016 “es $3,600 millones menor que incluso la previsión del ejercicio fiscal 2012 del presidente Obama para los ejercicios fiscales de 2013 a 2016 [de] justo el año pasado y $2,000 millones menor que la previsión de la anterior administración para el ejercicio fiscal 2013”.
Tal reducción, en caso de ser aprobada por el Congreso, disminuirá espectacularmente la capacidad de Estados Unidos para estar a la altura de la amenaza en constante evolución que suponen los misiles balísticos. Además, la administración también redujo algunos de los programas de defensa antimisiles más prometedores, como el Láser Aerotransportado, el Interceptor de Energía Cinética y el Interceptor Múltiple, que le daría a la Defensa Antimisiles de Trayectoria Media con Base en Tierra (GMD) una mayor capacidad para destruir los misiles balísticos de largo alcance entrantes.
Es esencial que Estados Unidos potencie de una forma más rápida su programa de defensa antimisiles, pues la amenaza es real y el país ya tiene la tecnología que le permitiría protegerse a sí mismo y a sus aliados del chantaje y la coerción de sus adversarios.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.





