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Después de las elecciones: ¿Qué podemos esperar ahora de Obamacare?

 

¿Qué podemos esperar ahora de Obamacare?

La mala noticia es que muchos de los graves efectos de la ley de atención médica fueron retrasados hasta después de las elecciones. Aún se tienen que empezar a notar diez de sus dieciocho subidas de impuestos. Y todavía hay gran parte de esta nueva ley que ni siquiera conocemos.

La entonces presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi (D-CA) tenía toda la razón cuando en 2010 hizo el ya famoso comentario de que “Hay que aprobar esta ley para así poder descubrir qué es lo que hay en ella”. Hasta ahora, hemos tenido revelaciones de incrementos en los costos, mayores impuestos y una oleada de directivas de parte de los burócratas de Washington, aunque existen incontables apartados principales de la ley que no han sido decididos todavía.

He aquí por tanto algunas preguntas que aún quedan por responder: ¿Cómo será un plan de atención médica calificado? ¿Qué habrá dentro del paquete de beneficios esenciales que se requiere que proporcionen los aseguradores? ¿Cómo se implementarán los mandatos que requieren que cada persona y cada empleador adquieran un seguro? Y la lista sigue.

Afortunadamente, este no es el final de la historia. Obamacare no ha llegado para quedarse. A pesar del resultado de las elecciones de 2012, la suposición de que la ley de atención médica seguirá su curso no es más que otro ejemplo de la expresión de los deseos de la izquierda. Por supuesto, es probable que las iniciativas para su total derogación se enfrenten al mismo destino que las realizadas con el anterior Congreso. Pero hay razones más que suficientes, así como oportunidades, para cambiar el rumbo de esta ley.

La opinión pública no ha cambiado. Las encuestas a la salida de los colegios electorales muestran que los americanos aún quieren que la ley sea derogada total o parcialmente.

Una gran parte de la ley aún tiene que ser desarrollada. A medida que se conozcan más detalles de sus regulaciones, se generará una controversia pública aún mayor y aparecerán aún más obstáculos prácticos para su implementación. Esos casos proporcionarán un gran número de oportunidades para que se tomen medidas de corrección legislativa.

Continuará la oposición a la ley en ambos partidos. Aun cuando la votación realizada en la Cámara a principios de este año presionó a cinco representantes demócratas para que respaldaran su derogación total, más significativos fueron incluso los diversos proyectos de ley de derogación parcial que recibieron el respaldo de ambos partidos. Y lo más reseñable: La iniciativa de derogación de la Junta Asesora Independiente de Pagos (IPAB), el grupo de expertos no electos encargado de reducir los pagos del futuro Medicare, fue aprobada en la Cámara de Representantes y tuvo más de 234 copatrocinadores, tanto republicanos como demócratas. Probablemente estas iniciativas recibirán más atención en el futuro, como lo harán las iniciativas para debilitar otros elementos de la ley. El líder de la mayoría en la Cámara, Eric Cantor (R-VA) ya ha prometido una nueva votación sobre el proyecto de derogación presentado por la IPAB.

Los estados pueden tener y tendrán voz en este asunto. Dos de los principales elementos de la ley de atención médica (la enorme expansión de Medicaid y el costoso esquema de subsidios canalizados a través de los intercambios del gobierno) dependen en gran medida de la conformidad estatal. Pero tal y como ratificó la decisión del mes de junio de la Corte Suprema, los estados no están a merced del gobierno federal. Muchos responsables estatales comprenden que hay pocas ventajas en unir sus fuerzas con Washington para poner en marcha este desastroso proyecto, erosionando así aún más la viabilidad a largo plazo de Obamacare.

Las principales demandas judiciales siguen adelante. La reciente sentencia de la Corte Suprema no era la única demanda contra Obamacare. Hay un gran número de demandas abriéndose paso en las cortes federales. El mandato anticonciencia que requiere que prácticamente todos los empleadores financien los medicamentos abortivos, de esterilización y de contracepción socava la libertad religiosa. A día de hoy, hay ya 40 pleitos contra este mandato en nombre de más de 100 demandantes. Una demanda presentada en Oklahoma plantea además una nueva cuestión legal en torno a las penalizaciones individuales y al empleador. Y seguramente continuarán apareciendo más pleitos a medida que queden expuestos más apartados de la ley.

Este sinfín de complicaciones nos ofrece la oportunidad de presentar una alternativa más deseable. Las reformas de mercado y que estén centradas en el paciente son el mejor antídoto contra el esquema piramidal y de regulación gubernamental de Obamacare. Una alternativa de ese tipo es la que ofrece el plan de la Fundación Heritage Para Salvar el Sueño Americano.

Si las elecciones hubiesen tenido un resultado diferente, habría sido más fácil derogar Obamacare. Pero eso no significa que la ley Obamacare esté destinada a quedarse. La única diferencia es que desmantelarla será ahora un proceso más prolongado y enredado.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

 

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