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Dinero sindical en las elecciones

 

Este año de elecciones, millones de americanos donarán dinero a los candidatos e iniciativas políticas de su elección a nivel local, estatal y federal. Pero en el caso de los trabajadores afiliados a un sindicato, las cuotas sindicales que salen de sus salarios van a parar a causas políticas y no se les consulta sobre el destino de ese dinero.

En julio, Tom McGinty y Brody Mullins, del Wall Street Journal, publicaron un revelador informe en el que explicaban que “El sindicalismo organizado gasta en torno a cuatro veces más en política y cabildeo de lo que generalmente se pensaba”.

Ambos desglosaron el gasto político de los sindicatos desde 2005 hasta 2011: $1,100 millones para “respaldar a candidatos federales mediante sus comités de acción política (PACs) que se financian con contribuciones voluntarias así como para cabildear en Washington y que es un costo soportado por los fondos propios de los sindicatos”.

Pero eso era sólo el principio. Súmele a eso otros $3,300 millones para actividades políticas, desde “el pago de encuestas o el dinero gastado en persuadir a miembros de los sindicatos para que voten en una dirección determinada, hasta los embutidos para alimentar a los trabajadores de Wisconsin que estaban protestando el año pasado ante el Senado estatal”. ¿Quién paga eso? Los trabajadores, según informan McGinty y Mullins: “Gran parte de este tipo de gastos no se sufraga con las contribuciones de sus miembros a una PAC, sino directamente con los fondos procedentes de la financiación de las cuotas sindicales”.

A pesar del descubrimiento de que el 60% de los miembros de los sindicatos ponen objeciones a que sus cuotas se gasten en causas políticas, esta práctica continúa. ¿Por qué?

Pues porque en los 27 estados sin la ley de Derecho al Trabajo, muchos sindicatos son capaces de introducir cláusulas en sus contratos que les permiten despedir a los trabajadores que no pagan las cuotas sindicales. Si un trabajador quiere trabajar para una empresa con presencia sindical, este está obligado a unirse al sindicato y pagar las cuotas que pueden variar desde varios cientos hasta varios miles de dólares anuales.

En un nuevo documento, el analista de la Fundación Heritage James Sherk ofrece un ejemplo del funcionamiento de esta regla: “El Sindicato de Trabajadores Automovilísticos (UAW), que se organizó en las fábricas de General Motors en Míchigan en 1937, es un claro ejemplo. Míchigan no tiene una ley de Derecho al Trabajo, de modo que los trabajadores representados por sindicatos deben pagar las cuotas sindicales o serán despedidos”.

Observe el año mencionado: 1937. Básicamente, los empleados que van al trabajo en 2012 se ven condicionados por una votación hecha por sus ancestros. “Los actuales empleados de General Motors nunca tuvieron la oportunidad de votar a favor o en contra del UAW. La representación del UAW fue una condición no negociable de su empleo”.

Sherk argumenta que estas reglas no tienen sentido para los trabajadores de hoy en día. Sólo el 7% de los miembros de un sindicato del sector privado votó por el sindicato que los representa y la gran mayoría de los sindicatos gubernamentales se organizaron hace 30 años. Los trabajadores heredan la representación sindical de años anteriores, que negocia en su nombre los términos de su remuneración, promoción, despido y jubilación.

Una vez organizados, los sindicatos permanecen a perpetuidad. Naturalmente, eso les da a los líderes sindicales pocos motivos para ser responsables con sus miembros respecto a cualquier asunto, pues no se van a tener que presentar para la reelección.

Para darles a los trabajadores sindicados la libertad que merecen, comenta Sherk, se debería acabar con este sistema.

El Congreso y las asambleas estatales deberían al menos requerir que los sindicatos públicos y privados se presenten a la reelección. Unas votaciones para la reelección cada dos o cuatro años permitirían que los empleados evaluasen con regularidad el desempeño de los sindicatos como representantes suyos…

Una reforma incluso mejor sería darles a los trabajadores la opción de su representatividad, permitiendo que los empleados, de forma individual, elijan quién les representa, con indiferencia de a quién escogen otros empleados. Esto eliminaría el monopolio de los sindicatos en los centros de trabajo, permitiendo que los empleados negocien unos contratos ajustados a sus necesidades.

Los trabajadores deberían tener la libertad de elegir si quieren representación sindical o no. Y si de verdad se quieren afiliar a un sindicato, deberían poder elegir a qué sindicato se quieren afiliar. En primer lugar, esta libertad les daría más capacidad de decisión sobre el pago de las cuotas sindicales y sobre cómo se usan esas cuotas. También les daría la oportunidad de negociar aumentos basados en el mérito, algo que los sindicatos no permiten.

Los trabajadores sindicados de Estados Unidos se merecen las mismas libertades que los trabajadores no afiliados a un sindicato, en un año de elecciones y cualquier otro año.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

 

Posted in Actualidad, Análisis, Elecciones EE.UU. 2012, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión, Sindicatos