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Egipto toma rehenes americanos

Las relaciones entre Egipto y Estados Unidos alcanzaron ayer un nuevo mínimo cuando autoridades egipcias publicaron una lista de 43 personas, incluyendo a 19 americanos, acusados de interferir en la política interna de Egipto. A estos americanos, incluido Sam LaHood (hijo del secretario de Transporte Ray LaHood), que es director en ese país del Instituto Republicano Internacional, se les ha prohibido abandonar el país y podrían ser llevados en breve a juicio. El gobierno de transición de Egipto alega que estas personas han financiado de forma ilegal a grupos políticos en las elecciones parlamentarias egipcias, mientras que las organizaciones no gubernamentales (ONGs) insisten en que proveían a los egipcios de asistencia técnica solamente para ayudarlos a tomar parte en las elecciones.

Uno de los abogados de los acusados asegura que los representantes de las ONGs se han convertido en peones en la lucha entre los gobiernos egipcio y americano por la política de ayuda exterior. Pero en realidad, se han convertido en rehenes de una lucha mucho mayor: la lucha por la libertad en Egipto contra una nefasta alianza entre el gobierno militar de transición de Egipto y los partidos políticos islamistas que pronto asumirán el poder.

Ambos grupos se oponen a los conceptos occidentales de democracia y los dirigentes militares provisionales buscan congraciarse con los partidos políticos islamistas para preservar su privilegiada posición bajo el futuro régimen. Los antioccidentales Hermanos Musulmanes y otros partidos políticos islamistas dominaron las elecciones parlamentarias de Egipto y se espera que tengan el poder en el Egipto post-Mubarak.

La élite urbana y progresista que lideró la “revolución de Facebook” en Egipto el pasado febrero fue aplastada por partidos islamistas mejor financiados y mejor organizados que supieron manipular los símbolos religiosos para atraer a los votantes egipcios, particularmente al tercio del electorado que es analfabeto. Tal como la Fundación Heritage advirtió antes de la caída del presidente Hosni Mubarak, los Hermanos Musulmanes serían los predecibles vencedores en cualquier elección inmediata y alejarían a Egipto de Estados Unidos y Occidente.

Ahora El Cairo ha tomado la iniciativa de perseguir a las ONGs que eran toleradas en el Egipto de Mubarak. Y el nuevo gobierno podrá explotar la situación para presentar juicios con fines propagandísticos con el objetivo de desacreditar a los partidos políticos egipcios seculares y de progreso que ahora forman su principal oposición.

La administración Obama debería tomar rápidas y decisivas iniciativas para liberar a los rehenes en Egipto. Debería congelar la ayuda exterior americana a El Cairo y dar a los nuevos líderes de Egipto un ultimátum: O liberan a los rehenes americanos o perderán de modo permanente la ayuda exterior de Estados Unidos así como cualquier ayuda americana para refinanciar la onerosa deuda nacional de Egipto.

La pérdida eventual de más de $1,300 millones en ayudas anuales y la oposición americana a nuevos créditos por parte de instituciones  internacionales de préstamo pueden ejercer una poderosa influencia para persuadir a los nuevos líderes de Egipto de que suspendan la persecución  políticamente motivada. Egipto se enfrentaría a un futuro económico cada vez más sombrío sin la sustancial ayuda extranjera. Y no parece que el nuevo gobierno vaya a permanecer en el poder por mucho tiempo a menos que pueda mejorar la tambaleante economía de Egipto.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

 

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