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El alto costo de las familias rotas

29 / 11 / 2010

Desde 1970 a 2005, el número de niños que viven en hogares con dos padres ha disminuido del 85 por ciento al 68 por ciento.  Esencialmente, un tercio de los niños que nacen en EEUU son concebidos fuera del matrimonio.  Y lo que es más importante, es que el 46 por ciento de esos niños son hispanos.  ¿Por qué nos debería importar?  O más bien, ¿por qué le debería importar al Estado?

Según un reciente informe del Instituto de Valores Americanos (Institute for American Values) y el Consejo de Familias de Georgia (Georgia Family Council), las familias rotas suponen un alto gasto para cada contribuyente americano.

Recientemente la pobreza ha generado más atención en los medios de comunicación gracias a la elección presidencial.  Desafortunadamente, en lugar de platicar acerca de cómo realmente ayudar a la gente salir de la pobreza, los políticos han estado pensando cómo incrementar el número de programas del gobierno para que la gente siga dependiendo del Estado.  Aunque el estar a favor de planes de asistencia funciona como un buen lema en la campaña, la realidad es que ese acercamiento lastima a la gente que precisamente quiere ayudar.

La evidencia empírica sigue demostrando cómo el divorcio y el tener niños fuera de matrimonio produce altos índices de crimen, abuso de drogas, fracasos educativos y pobreza.  Es más, según los autores de un estudio titulado “The Taxpayer Costs of Divorce and Unwed Childbearing”, un aumento del número de matrimonios en nuestra sociedad llevaría aproximadamente el 60 por ciento de los domicilios de mujeres solteras fuera de la pobreza.

Usando estadísticas del año 2006, las familias casadas tienen menos probabilidades de depender del gobierno para asistencia alimentaria que domicilios que carecen de un cónyuge.  Y según un estudio publicado en el “Journal of Quantitative Criminology” el aumento de adolescentes que nacen en hogares donde carecen de un padre ha sido ligado al número de delitos criminales entre los jóvenes de las edades 15 a 19 años de edad.

Y hasta para aquellos que no aprecien la imperativa moral en frenar el número de niños que nacen fuera del matrimonio y el aumento de divorcios, el precio que pagamos por estas tendencias es asombroso.  Cada año pagamos aproximadamente $112 mil millones para sostener las familias rotas.  Esta cifra toma en cuenta programas como Medicaid, asistencia para alimentos y asistencia de vivienda.

Durante demasiado tiempo, los legisladores han evitado hablar acerca de estas estadísticas esperando que con más dinero los problemas como la pobreza y la hambre desaparecerán.

Pero durante más de cuarenta y cinco años, desde los días del presidente Lyndon B. Johnson cuando se comenzó la “Guerra contra la Pobreza”, las estadísticas demuestran que este enfoque no ha tenido éxito.

Una mejor alternativa sería el promover la estructura familiar como una forma de verdaderamente levantar a la gente de la pobreza, y no animar a que más adolescentes tengan sexo antes de casarse.  Han sido los conservadores quienes han estado abogando hacia un regreso hacia los valores de la familia para disminuir el número de adolescentes afectados con enfermedades de transmisión sexual.

Desafortunadamente para muchos de nuestros legisladores, el apoyar valores familiares es demasiado controvertido.

Tristemente, como las estadísticas nos cuentan, mientras nuestros legisladores sigan evitando estos temas, nosotros seguiremos pagando por el alto gasto por las familias rotas en nuestra sociedad – con dinero y dolor humano.

Publicado en: EstudiosFamilia y Religión