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El caso de Alan Gross: Un golpe para Obama y su política suave con Cuba

08 / 02 / 2011

El 4 de febrero, el gobierno cubano anunció que pedirá una pena de prisión de 20 años para el ciudadano de Estados Unidos Alan Gross. El residente de Maryland de 61 años fue arrestado en diciembre de 2009 en La Habana después de visitar Cuba para distribuir teléfonos satelitales a una comunidad judía y otros grupos de la sociedad civil. Aunque los detalles de sus actividades siguen siendo poco precisos, Gross trabajaba para Development Alternatives, Inc., un contratista del Departamento de Estado americano, prestando trabajo de apoyo en pro de la democracia. Gross estaba ayudando a entregar las tecnologías de la libertad que aterran enormemente a los líderes de Cuba.

Después de más de un año en la cárcel, Gross, cuya salud está empeorando, ha sido formalmente acusado de cometer actos contra “la integridad y la independencia” de Cuba. Pronto organizarán el juicio que será toda una farsa judicial.

El caso es de gran importancia para la administración Obama. El Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, indicó el 11 de enero que la administración Obama puso en claro a las autoridades cubanas que, mientras Alan Gross siga detenido, habrá impedimentos para avanzar en temas de interés común. La disposición cubana para procesar y condenar a Gross a una muerte lenta en una prisión de La Habana es un duro golpe para la administración Obama y su política suave de mayor acercamiento.

Durante estos dos últimos años, la administración Obama ha intentado mejorar sus relaciones con Cuba usando autoridad ejecutiva para levantar restricciones de viaje y envíos de remesas a la isla. La última ronda de medidas liberalizadoras se llevó a cabo a principios del pasado mes de enero. También se han organizado varias reuniones sobre inmigración con altos funcionarios cubanos.

La premisa que alienta esta política es que a mayor acceso a la isla por los cubano-americanos, a mayor contacto de “persona a persona”, un diálogo respetuoso en temas de interés común y transferencias más sencillas de las remesas servirán para forjar confianza mutua y vínculos más cercanos. Desde 2009, la administración Obama se ha distanciado de la firme postura pro democracia de la administración Bush, a la que con frecuencia se ridiculizaba como una estrategia de “cambio de régimen”. Obama, sin embargo, ha optado por una estrategia de diálogo, de reducción de la tensión y de disposición a urdir un aterriaje suave para los Castro mientras su estela se difumina de la escena política y su sucesión se avecina.

Sin embargo, y no del todo inesperado, el comportamiento cubano en el caso Gross concuerda con previas reacciones a acercamientos por parte de Estados Unidos. Una vez más la mano abierta de la administración Obama se encuentra con el puño cerrado de la tiranía cubana. Aunque menos trágico, el caso Gross recuerda acontecimientos como el asesinato a sangre fría de cuatro cubano-americanos pertenecientes a la agrupación Hermanos al Rescate en 1996. Este brutal acto torpedeó la iniciativa de acercamiento de la administración Clinton para mejorar relaciones con el régimen de Castro.

El mensaje de Cuba es claro: En la base política del régimen está su rechazo a la disidencia abierta, al pluralismo, a la democracia genuina y hay una reafirmación de los principios del centralismo democrático y de la conformidad política tan fundamental para el régimen marxista-leninista. Es también un reflejo del profundamente arraigado antiamericanismo y de la “mentalidad de sitio” en el fondo de la ideología del régimen.

En Cuba, donde toda justicia es política, todavía le quedan caminos a Raúl Castro. Él podría perdonar magnánimamente a Gross después de que lo condenen. En su mente, Raúl puede estar buscando presionar más a Estados Unidos para que liberen al llamado grupo “5 Cubanos” que están acusados de espiar en Estados Unidos para Cuba en los años 90. Muchos en la administración Obama y de los demócratas en el Congreso tienen la esperanza de que el caso Gross sea apenas un escollo en el camino a la mejora de las relaciones con los Castro. Mientras tanto, Gross se enfrenta a un sombrío e injusto encarcelamiento.

Cuando los ojos del mundo se centran en Egipto y en las crecientes exigencias por una verdadera democracia allí, a 90 millas de Estados Unidos está Cuba y permanece como bastión de la antidemocracia, gobernada por los hermanos Castro por más de 50 años. Defender la democracia en Egipto no debería ir a la par con mantener silencio sobre Cuba.

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org
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