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El club “Amigos de la Tiranía”en Latinoamérica

31 / 03 / 2011

El asiento de Libia en las Naciones Unidas actualmente está vacante. Hace semanas, Muamar Gadafi despidió al embajador de Libia ante la ONU, Mohamed Shalgham, después de que el embajador denunciara y tildara de tirano al hombre fuerte de Libia. En su lugar, Gadafi nombró otro diplomático veterano y leal, Ali Treki. Estados Unidos, al parecer, le ha negado la visa a Treki para entrar a nuestro país.

El querido amigo de Gadafi  y presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha intervenido, diciendo que enviará al nicaragüense Miguel D’Escoto Brockmann al cuartel general de la ONU para actuar en nombre de Gadafi.

D’Escoto no es ningún diplomático imparcial. Él trabajó previamente para Ortega como su ministro de Asuntos Exteriores en los años 80 y como presidente, en gran parte simbólico pero entusiásticamente antiamericano, de la 63ª Asamblea General de la ONU entre 2008-2009. Ahora lo están llamando para servir a dos amos – Gadafi  y Ortega.

El ruidoso apoyo del club “Amigos de la Tiranía” en Latinoamérica ha continuado en días recientes. Los presidentes Hugo Chávez de Venezuela y Cristina Fernández de Kirchner de la Argentina intensificaron sus críticas por las acciones de Estados Unidos en Libia. Fidel Castro de Cuba, en sus últimas reflexiones, comparó a la iniciativa EE.UU. – OTAN en Libia con los ataques fascistas/nazis contra la España republicana en los años 30. Evo Morales de Bolivia exigió que le quiten su Premio Nobel de la Paz al presidente Obama.

Por el momento, mientras que la lucha por el futuro de Libia sufre vaivenes en inciertos combates a través del desierto norafricano, las acciones del club latinoamericano pueden parecer poco más que un mínimo fastidio. Pero su mensaje es claro.

El club de la tiranía se está reuniendo para defender la legitimidad de un tirano. Su objetivo principal es impugnar la intervención internacional en Libia y construir una contra-coalición en defensa de Gadafi. Rechaza razonados análisis humanitarios de tipo occidental y afirma ver solamente la fuerza bruta y la avaricia de poderes coloniales/imperiales. Dividir el mundo entre el Imperio – o sea Estados Unidos y sus aliados – versus los “libertadores” es un componente fundamental de su credo. También afirma ver malignas fuerzas extranjeras y la mano del capitalismo intentando derrocar a un líder amistoso, progresista y despojar al pueblo libio de su petróleo y su riqueza financiera.

En segundo lugar, el club latinoamericano de la tiranía teme la reacción de sus propios ciudadanos, enrabietados por el régimen de mano férrea aplicado a través de policía secreta, matones y turbas que son parte integral de su modelo autoritario. Se sabe que en sus pseudo-democracias o dictaduras absolutas, su legitimidad está siempre en entredicho y que los vientos del cambio que soplan desde el Este pueden llegar hasta sus propios países a menos que puedan apuntalar a un tirano que anda de capa caída.

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
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