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  • El Congreso del Tea Party regresa a la Constitución

    Poco después del mediodía de hoy, los 435 miembros de la cámara de representantes habían levantado su mano derecha para jurar su cargo de esta manera:

    Juro solemnemente que apoyaré y defenderé la Constitución de Estados Unidos contra cualquier enemigo externo o interno; que le seré verdaderamente fiel y leal; que asumo esta obligación libremente, sin reserva mental ni propósito de evadirla; que desempeñaré bien y fielmente los deberes del cargo que estoy próximo a ejercer. Con la ayuda de Dios.”

    Este juramento por mandato constitucional desempeña dos papeles importantes. Primero, al exigir que todos los miembros del Congreso – al igual que todos los miembros de legislaturas estatales y de todos los cargos ejecutivos y judiciales – juren defender la Constitución, la “Cláusula de los Juramentos” los obliga a respetar los límites de su autoridad y a actuar de acuerdo con los poderes delegados en ellos por la Constitución. Segundo, en contra de lo que crean periodistas de izquierdas especializados en asuntos legales, el juramento sirve como solemne recordatorio de que el deber de defender la Constitución no es responsabilidad final de las cortes de justicia, sino que es compartida con el Congreso y el presidente como poderes de igual peso en el Gobierno de Estados Unidos.

    Para ayudar a los legisladores a cumplir su juramento, la Cámara de Representantes no solo decidió leer la Constitución en voz alta, sino que también ha adoptado una regla exigiendo que cada anteproyecto de ley cite específicamente qué provisiones en la Constitución autorizan al Congreso a promulgarla como ley. Tenemos la esperanza de que esas medidas lleven a algunos miembros a familiarizarse nuevamente con el documento que rige nuestra nación, porque como los últimos dos años han demostrado, al 111º Congreso le hizo muchísima falta la lección:

    • En septiembre de 2009, el entonces jefe de disciplina del mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, James Clayburn (D-SC) dijo a Fox News: “No hay nada en la Constitución que diga que el gobierno federal tenga que algo que ver con la mayor parte de cosas que hacemos”.
    • En octubre de 2009, un periodista le preguntó a la entonces presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi (D-CA): “Señora Presidenta, ¿dónde específicamente otorga la Constitución al Congreso la autoridad para decretar un mandato individual del seguro médico?” La presidenta volteó la cabeza y despachó la pregunta con un: “¿Me lo dice en serio?”.
    • En abril de 2010, el entonces congresista Phil Hare (D-IL) respondía a sus votantes que preguntaban acerca de Obamacare: “La Constitución no me preocupa en esto, para serles sincero”.
    • En agosto de 2010, el congresista Pete Stark (D-CA) le contestaba así a los votantes de su distrito preguntando que si de alguna manera la Constitución pone límites al Congreso: “El gobierno federal puede, sí que puede, hacer casi todo en este país”.

    Hay muchas razones por las que el pueblo americano rechazó profundamente al 111º Congreso en las urnas el pasado mes de noviembre, pero la frívola actitud que muchos en el Congreso anterior adoptaron ante su deber de cumplir con el juramento de defender la Constitución es quizás lo más preocupante.

    El 112º Congreso tiene mucho trabajo por delante. Poco después de las elecciones de noviembre, la Fundación Heritage publicó una lista de cosas por hacer exhortando al 112º Congreso a cumplir lo prometido a los votantes que los eligieron al Congreso (1) Congelar y recortar el gasto, (2) Revocar Obamacare, (3) Parar la subida de impuestos de Obama, (4) Proteger a América y (5) Frenar al gobierno. Este último punto es quizás el más fundamental y es justamente el motivo por el cual el regreso a la Constitución del 112º Congreso es tan importante.

    Nuestra Constitución es un documento de poderes limitados, de poderes enumerados, que moldea la arquitectura de nuestra libertad. Es la forma cómo “Nosotros, el Pueblo” controlamos al gobierno. Pero no todos lo ven así. El editorial del New York Times dice hoy: “Hay un similar aire de vacuo fundamentalismo en requerir que cada anteproyecto de ley cite el poder constitucional otorgado al Congreso para que se promulgue como ley”. Dejaremos que el presidente Abraham Lincoln responda a ello:

    “Que la reverencia por la ley se la infunda cada madre americana a la criatura balbuceando en su regazo – que se enseñe en escuelas, en seminarios y en universidades; que se escriba en cartillas, abecedarios y Almanaques; – que se predique en los púlpitos, se proclame en las cámaras legislativas y se haga cumplir en las cortes de justicia y, en suma, que se convierta en la religión política de la nación, y que el viejo y el joven, el rico y el pobre, el serio y el alegre, de cualquier sexo, idioma, color y condición, se sacrifiquen incesantemente en sus altares.”

    La versión original de este artículo está aquí en Heritage.org.
    Posted in Congreso, Constitucionalismo, Estado de Derecho, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Opinión, Principios Fundacionales