El Servicio Postal de Estados Unidos (USPS) acaba de causar enorme revuelo al anunciar que en agosto dejaría de repartir correo los sábados para ahorrar unos $2,000 millones anuales.
Quienes se oponen (incluidos muchos miembros del Congreso) expresaron su indignación por esta medida, argumentando que causaría dificultades a los clientes del servicio postal y cuestionando la autoridad legal del USPS para realizar ese cambio.
Sin embargo, a pesar de todos los titubeos, se trata de una medida de sentido común por parte de los gerentes postales, que se enfrentan a una marea de números rojos que alcanzó el año pasado los $16,000 millones. Y dada la implacable marcha de la tecnología digital, serán necesarios más cambios si el USPS ha de sobrevivir. Ahora la cuestión es saber si el Congreso permitirá que se lleven a cabo esos cambios tan necesarios o los bloqueará, sentenciando a la empresa y poniendo en riesgo a los contribuyentes americanos.
Según el plan del USPS, el correo postal se repartiría sólo los días entre semana, en vez de desde el lunes hasta el sábado, que es la práctica actual. El reparto de paquetería continuaría siendo durante seis días a la semana, quedando también abiertas los sábados las oficinas de correos.
Los $2,000 millones de ahorro son sólo un adelanto de los $20,000 millones que se estima que necesita el USPS para balancear sus cuentas. Sin embargo, la decisión del USPS de salir adelante mediante este cambio resulta significativa. Los anteriores empeños del USPS para acabar con el reparto de los sábados chocaron contra una pared en el Congreso, como lo han hecho tantas otras reformas. Los legisladores incluso incluyeron una prohibición de eliminar el servicio de los sábados en el proyecto de ley de asignaciones presupuestarias para el USPS. El anuncio de ayer era, metafóricamente, un dedo en el ojo de sus críticos en el Congreso, una declaración de que el USPS saldrá adelante con los cambios necesarios incluso frente a la oposición del Congreso.
Aunque el USPS no ha explicado todavía qué hará si el Congreso renueva la actual prohibición sobre posibles cambios en el servicio. Una posibilidad es que el USPS simplemente rechace la financiación federal, que suma menos de $100 millones, una vigésima parte del ahorro estimado.
El resultado final de la batalla del USPS por su supervivencia no está para nada claro. La presión competitiva de Internet continúa disminuyendo la recaudación postal a un ritmo alarmante, pero la buena noticia es que el USPS (durante mucho tiempo un ejemplo de ineficacia y mala administración) parece dispuesto a tomar las decisiones impopulares que sean necesarias para adaptarse al nuevo entorno. Por desgracia, no se puede decir lo mismo del Congreso.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.




