• Ampliar:
  • A
  • A
  • A

El desempleo no es cosa de risa


Ayer, mientras el presidente Barack Obama anduvo por Carolina del Norte, hizo todo lo que pudo por mostrar que se preocupa por la economía de Estados Unidos, su tasa de desempleo del 9.1% y los 13.9 millones de americanos que están sin trabajo. Bueno, fue así hasta que se le escapó un poquito de honestidad por la boca.

Durante una reunión con su Consejo de Empleo y Competitividad, un grupo de directores de grandes empresas que el presidente creó para que le aconsejaran sobre la economía, la conversación acabó tocando el tema del paquete de estímulo de $787,000 millones que según promesas de Obama, “crearían o salvarían” 3.5 millones de nuevos empleos para el año 2011 mediante el bombeo de dinero para puestos de trabajo “de rápida implementación”. Confrontado con la realidad de que su estímulo ha sido un fracaso, el presidente soltó la siguiente ocurrencia: “Lo ‘de rápida implementación’ no ha sido de tan rápida implementación como esperábamos”. El consejo, presidido por el director de General Electric Jeffrey Immelt, estalló en risa.

Pero para esos millones de americanos sin trabajo que no han visto fructificar la promesa del paquete de estímulo de Obama, el desempleo no es cosa de risa. Y, sin embargo, esa realidad se les escapa a aquellos en la izquierda que continúan aferrándose a la idea de que el gran gobierno y las políticas keynesianas del presidente Obama han tenido éxito a pesar de todas pruebas de lo contrario.

Caso típico: En el programa de televisión Meet the Press de este domingo, su presentador, David Gregory, confrontó a la presidenta del Comité Nacional Demócrata (DNC), Debbie Wasserman Schultz, con los fríos hechos — el desempleo ha subido un 25% desde que el presidente Obama asumio el cargo, el galón de gasolina ha subido un 104% y el 59% de los americanos desaprueba el manejo que el presidente hace de la economía. La respuesta de Wasserman Schultz que, con toda probabilidad, dos días después seguirá dando una interpretación favorable de los resultados del paquete de estímulo: “Fuimos capaces, bajo el liderazgo del presidente Obama, de darle la vuelta a esta economía”.

Es bastante obvio que la economía no ha dado la vuelta. En una mesa redonda cuyo contenido publicó la revista Barron’s, diez administradores financieros y expertos de mercados financieros fueron unánimes en su parecer de que hemos de esperar menor crecimiento económico para la segunda mitad de 2011. Mientras tanto, los economistas encuestados por el Wall Street Journal dicen que el mayor riesgo para la recuperación de la economía de Estados Unidos es una desaceleración en la contratación de personal. Como promedio, estos expertos esperan que la economía añada solo 2.2 millones de empleos el próximo año. Y para empeorar las cosas, Bill Gross, de la empresa de inversiones Pimco, dijo al canal financiero CNBC que, financieramente hablando, Estados Unidos está en peor forma que Grecia cuando a la deuda pública americana se le añade todo el dinero comprometido para pagar las futuras responsabilidades de los programas de derechos a beneficios.

O si uno emplea simple lógica, si la economía ya se hubiera recuperado, el presidente no necesitaría ir de gira por todo el país para convencer a Estados Unidos de que abajo es arriba, la noche es día y que él está haciendo una gran labor haciendo que la gente encuentre trabajo.

En otra pequeña muestra, sin intención, de comedia económica de Obama, Peter Nicholas, del periódico LA Times, se lamenta hoy de que “las herramientas tradicionales para impulsar la economía en gran medida están agotadas o no disponibles” para el presidente — ya no se puede contar con más gasto y recortes de impuestos, escribe Nicholas, porque el Congreso está “preocupado con la reducción del déficit federal”. Recuerden, sin embargo, que la deuda surge por el gasto y es la dependencia del gasto que tiene Obama lo que ha contribuido a ponernos donde estamos hoy. James Sherk y Rea Hederman, Jr., de Heritage, comentan:

El presidente respondió a la recesión con su paquete de estímulo que expandió masivamente el tamaño del gobierno. Ahora, el presidente Obama se resiste ferozmente a los intentos de reducir el gasto e insiste en hacer frente al déficit aumentándole los impuestos a “los ricos” — en otras palabras, a los emprendedores y propietarios de negocios de éxito. Incrementar el gasto gubernamental desplaza la inversión empresarial del sector privado.

Otras políticas de Obama que han empeorado la economía de América incluyen el plan de seguro médico del presidente (que encarece de forma considerable la contratación de nuevos trabajadores, a la vez que despierta la incertidumbre sobre futuros costos); el intento creciente de forzar la sindicalización de empresarios y empleados; su negativa a presentar para su ratificación los acuerdos comerciales con Corea del Sur, Colombia y Panamá (que crearían nuevas oportunidades de negocio junto con decenas de miles de trabajos); y la oposición a aumentar la producción nacional de energía que finalmente provocará que los americanos tengan que lidiar con mayores costos energéticos.

En realidad, hay cosas que el presidente puede hacer para ayudar a que la economía vaya por el camino correcto. Como señalan Sherk y Hederman, todo empieza con abrir la puerta a emprendedores y negocios para que amplien sus empresas y creen nuevos empleos mediante la eliminación de regulaciones y cargas asfixiantes creadas en los últimos dos años.

Puede que el presidente Obama quiera bromear sobre los empleos o restar importancia a sus fracasos como meros “baches en el camino”. Puede que también le guste echarle la culpa por los problemas de Estados Unidos a la anterior administración o a “la inquietud por la situación fiscal europea”. La verdad, sin embargo es una historia diferente y más que bromear, restar importancia a la situación o repartir culpas, es hora de que el presidente se ponga a buscar cómo arreglar el problema.

 

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
Posted in Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Iniciativa y Libre Mercado, Opinión