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Cuando millones de ramos de rosas adornan mesas de cocina y escritorios de oficina a través de América y docenas de delicias de chocolate se saborean después de románticas cenas a la luz de las velas, las empresas de tarjetas, los almacenes de joyería y los fabricantes de caramelos estarán cantando loas al Día de San Valentín y levantando sus propias copas de champán para celebrar el amor.
Pero las ventajas económicas de celebrar el amor estable no son para que simplemente las disfruten las tiendas que venden tarjetas y flores una vez al año. El matrimonio no sólo paga dividendos emocionales a hombres y mujeres que se comprometen el uno al otro, se centran en sus hijos y hacen frente juntos a los desafíos de la vida. La institución que forja personalidades y vidas únicas al calor de un compromiso de amor también puede proporcionar notables ventajas económicas. Las parejas casadas tienden a tener ingresos medios más altos, más activos económicos y disfrutan de mayores probabilidades de ser propietarios de su propia vivienda que las familias de adultos solteros.
Hombres y mujeres no son los únicos a la hora de beneficiarse del amor en una relación estable de casados. Los hijos criados en familias dentro del matrimonio tienen mayor oportunidad de experimentar estabilidad económica, alto rendimiento académico y madurez emocional. Los niños que viven bajo la promesa de la institución matrimonial tienen seis veces menos probabilidades de sufrir la pobreza y pueden exhibir los positivos efectos sociales de tener a ambos padres en el hogar, evitando así potenciales obstáculos en movilidad social que suelen mortificar a los niños criados en hogares monoparentales.
Desafortunadamente, la alegría personal y las ventajas socioeconómicas del matrimonio se pierden a menudo en los que podría decirse que son los quienes más necesitan esas ventajas. Con el índice nacional de natalidad fuera del matrimonio alcanzando el 41% en 2009 y con casi tres cuartos de los niños de la comunidad afroamericana nacidos fuera del matrimonio, millones de niños están en peligro de experimentar las dificultades financieras y los desafíos sociales de vivir en hogares monoparentales. Esos mismos niños (y sus padres) también tienen más probabilidades de necesitar ayuda económica del gobierno. De los casi $400 mil millones anuales en asistencia social que se gasta en familias de bajos ingresos, tres cuartos de la misma va a esos hogares monoparentales.
La ayuda económica por sí sola no bastará para darles una mano a esas familias necesitadas para evitar la pobreza y la dependencia a largo plazo. La demostración del compromiso personal de las relaciones sanas que ningún cheque del gobierno puede proporcionar y de las ventajas económicas del matrimonio en las comunidades de bajos ingresos pueden aumentar las probabilidades de la autosuficiencia y producir familias más estables.
Al igual que el regalo más grande del Día de San Valentín no será el diamante más caro o la cena de tres platos más rica, el regalo más grande de compasión y justicia para las familias pobres no es más dinero y dádivas federales sino la oportunidad de aprender sobre las ventajas emocionales, sociales y económicas del matrimonio y probablemente compartir la promesa del amor estable del que disfrutan las parejas casadas.
En vez de seguir motivando el ciclo de dependencia con ríos de cheques anónimos del gobierno, los responsables políticos pueden tomar medidas que acaben con lo que desincentiva el matrimonio y demostrar cómo las relaciones maritales sanas pueden llevar a la autosuficiencia. Por ejemplo, los legisladores podrían acabar con las “sanciones” que Obamacare impone a los matrimonios simplemente derogando la legislación de una vez por todas. Obamacare podría representar un gasto a ciertas parejas casadas de hasta $10.000 por año. El Congreso debe reducir o eliminar inmediatamente esas trabas al matrimonio en la asistencia social que castigan a la gente de bajos ingresos que elige casarse. Y pueden velar para que los programas federales expliquen adecuadamente las ventajas económicas y sociales del matrimonio a las comunidades con alto riesgo de tener niños fuera del matrimonio.
Si lo hacen – y el presupuesto del presidente Obama publicado hoy ofrecerá a algunas pistas iniciales a tenor del debate de este año – nuestra nación puede experimentar un renacer de la institución matrimonial. Más felicidad personal y un gobierno más pequeño constituirían una pareja muy atractiva.










