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  • El escándalo de Solyndra acaba con el mito del empleo verde

    La solución del presidente Barack Obama para los problemas de desempleo ha sido el empecinamiento en una campaña para gastar cientos de miles de millones de dólares en “estímulo” económico — gran parte de ello en el llamado “empleo verde”. Informe tras informe ha mostrado que este enfoque ha sido un fracaso total. Y ahora, un nuevo escándalo con la implicación de Solyndra, una compañía californiana de paneles solares que está en quiebra, debería ser el último clavo para el ataúd del intervencionismo del Estado en el libre mercado.

    “[P]odemos ver el impacto positivo [del estímulo] justo aquí, en Solyndra”, dijo Obama cuando habló en la recién abierta fábrica de la compañía en mayo del pasado año. Tenía razón en que los resultados de su estímulo se mostrarían en esa fábrica. Pero estaba equivocado respecto a que esos resultados serían positivos. Poco más de un año después, la compañía se acogió a la protección del capitulo 11 de la ley de quiebras de Estados Unidos al no poder hacer frente a sus obligaciones y planea despedir a más de 1,000 empleados.

    La fábrica de Solyndra donde habló Obama se construyo después que la compañía recibió una garantía de préstamo por $535 millones del Departamento de Energía como parte de una campaña pro empleo verde del paquete de estímulo. “A través de la Ley de Recuperación y Reinversión, esta compañía recibió un préstamo para ampliar sus operaciones”, señaló Obama. “Esta nueva fábrica es el resultado de esos préstamos”.

    Pero “todo el mundo sabía que la planta no funcionaría”, según un exempleado de Solyndra. Así que, ¿por qué estaba tan seguro el presidente del éxito de la planta cuando habló allí? Más aún, la compañía se construyó sobre “un modelo de negocio que decía, bueno, puedo fabricar  algo por un costo de seis dólares y venderlo por tres dólares”, según un analista de la industria. Eso normalmente sería una señal de peligro para los inversionistas. Así que, ¿por qué dijo el presidente que “el verdadero motor del crecimiento económico serán siempre compañías como Solyndra”?

    La respuesta a ambas preguntas es que: Las decisiones del gobierno están motivadas por la política y la ideología y están al margen de la realidad económica. ¿Quiere pruebas? Eche un vistazo a un correo electrónico del 31 de enero entre miembros del personal de la Oficina de Gestión y Presupuesto de la Casa Blanca (OMB) a propósito de la “óptica Solyndra” — esto es, como ve el público este asunto. “Si Solyndra quiebra en algún momento, se puede argumentar que la óptica será peor después de lo que podría ser hoy”, escribieron ellos, añadiendo:

     

    Además, el momento en que se sabría coincidiría probablemente con la pretemporada de campañas electorales de 2012, mientras que una quiebra hoy se podría poner en el contexto de la disciplina fiscal/buen gobierno (y quizá incluso atribuirnos el crédito por ello) porque la administración estaría limitando futuras repercusiones para el contribuyente al dejar que los malos proyectos fracasen y podría informar públicamente los pasos que está dando para aprender lecciones que mejores/limiten futuros préstamos.

     

    En pocas palabras, en enero la administración estaba básicamente dejando que la campaña de 2012 dictase las decisiones sobre la implicación financiera del gobierno federal en Solyndra. No estaban respondiendo a las señales normales de ganancias y pérdidas, como deberían. Si los burócratas del Departamento de Energía hubieran invertido su propio dinero, habrían sido más cuidadosos. Pero era el dinero de otros —el dinero de los contribuyentes— el que estaba en juego. Completamente fuera de la película estaban los inversionistas y su interés personal en ganar dinero, algo que haría que naturalmente descartaran las malas inversiones. El resultado: Los contribuyentes perderán probablemente $535 millones, mientras que la gente que tomó la decisión de malgastar el dinero en Solyndra están, por ahora, completamente protegidos de cualquier represalia.

    Se ha puesto mucha atención a las acusaciones de clientelismo en el Departamento de Estado dado que un importante inversionista de Solyndra también ha sido un importante donante de la campaña electoral de Obama. Pero la lección fundamental del escándalo Solyndra no es que el dinero compre favores políticos. Eso no hace falta ni decirlo. La verdadera lección es que la intromisión del Estado en la economía es un despropósito como señala el experto de Heritage Nicolas Loris:

     

    Solyndra es el ejemplo perfecto de la abismal gestión del Estado seleccionando ganadores y perdedores en el mercado y esta compañía de energía solar no es el único ejemplo de los problemas del paquete de estímulo al sector de la energía. Con una serie de créditos fiscales concretos para energía a punto de caducar a finales de este año o del próximo, los grupos industriales están cabildeando fuertemente para que los prorroguen. Teniendo muy especialmente en cuenta la situación fiscal de Estados Unidos, este es el  momento de acabar con todos los subsidios a la energía, no de prorrogar políticas dispendiosas que distorsionan el mercado. Cuando el Estado se decide a favorecer una tecnología con subsidios, puede Ud. apostar sobre seguro que el “ganador” es un perdedor en el mercado.

    De hecho, al menos otras cuatro compañías que recibieron dinero del paquete de estímulo de Obama han quebrado, según informa Fox News.

    Incluso cuando las compañías crean empleos, lo hacen a un costo tan exorbitante que racionalmente la iniciativa no puede considerarse un éxito. Hasta la fecha, según informa The Washington Post, el programa de garantías de préstamos del Departamento de Energía del que se benefició Solyndra ha creado un nuevo empleo permanente por cada $5.5 millones gastados. Dele Ud. esa cantidad de dinero en calidad de préstamo a una empresa privada en una industria que no dependa del apoyo del contribuyente y pondrá a cientos, si no a miles, a trabajar.

    Por supuesto, los subsidios gubernamentales son invitaciones al favoritismo político. Pero más importante aún, no funcionan como motores para la creación de empleo, (si no, pregunten en España). Claro que el programa de “empleos verdes” de la administración ha llevado a acusaciones de corrupción. Pero ha fracasado incluso en su más importante tarea: La de crear empleos para una economía con un problema de desempleo crónico. El columnista Jim Pethokoukis escribe: “Solyndra es el lógico final de Obamanomics”. Lamentablemente, quien está pagando el precio por llegar a ese final es el pueblo americano.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.


     

     

    Posted in Campana de Heritage, Economía, Energía y Medio Ambiente, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Impuestos, Iniciativa y Libre Mercado, Liderazgo Americano, Liderazgo para América, Opinión