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El 111º Congreso, el congreso más impopular de la historia documentada de Estados Unidos, acabó su mandato la semana pasada con un vendaval de actividad legislativa marcando un récord para un congreso saliente. Algunos en los medios de comunicación están deseosos de hacernos creer que los acontecimientos de la semana pasada auguran una nueva era de logro bipartito liderado por la Casa Blanca y que se extenderá al 112º Congreso. Tienen razón a medias.
Los acontecimientos de la semana pasada en Washington fueron un avance legislativo de 2011, pero no era en el Congreso donde estaba la movida. Mientras los medios estaban distraídos con los últimos estertores de una mayoría izquierdista derrotada en el Congreso, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) mostraron el verdadero rostro de cómo hará la administración Obama para potenciar su agenda en 2011.
Primero el martes, el HHS desveló los nuevos controles de precios para la industria aseguradora médica. Usando los nuevos poderes concedidos a través de Obamacare, la Secretaria del HHS Kathleen Sebelius anunció que, a partir del próximo año, las aseguradoras médicas deben recibir permiso de la administración Obama antes de que puedan subir los precios por encima del 10%. Los expertos del Departamento creen que estos controles de precios ayudarán a disminuir los crecientes costos de la atención médica. Están equivocados. Los controles de precios atacan los síntomas de los costos descontrolados pero no la causa. Como cualquier estudiante de primero de Economía le puede decir, eso solamente provocará carestía, no mejor servicio médico. Este es solamente uno de los miles de nuevos poderes que Obamacare concedió al HHS. Si no se hace nada al respecto, hay muchas nuevas regulaciones por venir que afectarán la atención médica.
El martes, la FCC publicó sus reglas de “neutralidad de la red” que permitirán que el gobierno federal empiece a regular Internet. Esto a pesar de la oposición del Congreso y de una sentencia federal en su contra. El comisionado disidente de la FCC, Robert McDowell, describía la semana pasada esta arrogación de poder sin precedentes: “No hay nada roto que necesite arreglo. Internet ha estado abierta y ha mejorado la libertad desde que se creó a partir de un proyecto de investigación del Gobierno a principios de los años 90. Su naturaleza como una difusa y dinámica red de redes global rechaza la autoridad jerárquica. Ya existen abundantes leyes para proteger al consumidor”.
¿Y cuán competentes son los nuevos regentes de Internet? Justo momentos antes de la decisión de la FCC, los visitantes a la web de la Comisión ni siquiera podían tener acceso a las 1,900 páginas de documentos referentes a las reglas de la neutralidad en la red. La misma Comisión que intenta regular Internet vio cómo su propia web no funcionaba debido a que tenía que hacer un “mantenimiento programado”.
Y entonces el jueves la EPA anunció que comenzará a regular las centrales eléctricas y las refinerías de petróleo en un intento por parar el calentamiento global. La nueva regulación busca rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero haciendo más costoso convertir los combustibles fósiles en energía. Pero la administración Obama no se detuvo allí. Más tarde ese mismo día, el Secretario de Interior Ken Salazar anunciaba que la Oficina de Administración de Tierras (Bureau of Land Management o BLM) publicaría nuevas reglas que harán más difícil desarrollar recursos naturales en tierra que pertenezca al gobierno. Ambas medidas no sólo elevarán el costo de la electricidad sino que también nos hará más dependientes de fuentes de energía del extranjero.
La capacidad de la administración Obama para impulsar su agenda izquierdista incluso después de la “paliza” electoral no se debe a un accidente. Es el diseño deliberado del movimiento progresista que ha estado trabajando para minar la visión de los Fundadores de nuestra república por más de un siglo. Thomas G. West, contribuidor de The Progressive Revolution in Politics and Political Science (La revolución progresista en la política y las ciencias políticas) explica:
Los Fundadores pensaban que un cuerpo de cargos electos con raíces en las comunidades locales deberían estar a cargo de hacer las leyes. No tendrán que ser “expertos”, sino que “deberán tener la mayor capacidad de discernir y la mayor virtud para perseguir el bien común de la sociedad” (Madison). Esa capacidad de discernir era la que se encuentra en El Federalista que implacablemente analizaba con detenimiento los errores políticos de la década previa en términos accesibles para cualquier persona de inteligencia y sentido común. Los progresistas no tenían la intención de abolir la democracia, sin duda. Querían que la voluntad del pueblo se tradujese más eficientemente en política gubernamental. Pero lo que la democracia significa para los progresistas es que el pueblo debería quitarle el poder de las manos a cargos electos localmente y a partidos políticos para más bien ponerlo en las manos del gobierno central, que a su vez establecería agencias administrativas dirigidas por expertos neutrales, entrenados científicamente, para traducir en políticas concretas la rudimentaria voluntad del pueblo.
Esta será la lucha del año 2011: los “expertos” no electos en planeamiento de la administración Obama contra la recientemente electa Cámara de Representantes y gobiernos locales y estatales. El pueblo no está indefenso ante esto. El Congreso todavía manda sobre el erario público y puede retener la financiación necesaria para Obamacare o la regulación sobre el calentamiento global. También está la Ley de Revisión Legislativa (Congressional Review Act) que permite al Congreso revisar e invalidar regulaciones decretadas por las agencias federales. Los gobiernos locales y estatales también pueden frustrar al estado federal administrador haciendo valer sus derechos siempre que sea posible. Podemos transferir poder de Washington al pueblo nuevamente. Decirle adiós al 111º Congreso es un gran primer paso.
Este artículo está disponible en inglés en Heritage.org











