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“Creo que [la reforma del] sistema de salud, con el tiempo, va a ser más popular”, aseguraba el entonces asesor de la Casa Blanca David Axelrod al periodista David Gregory el pasado mes de septiembre.
Ese mismo mes, la Campaña de Información de Salud, fundada por importantes activistas izquierdistas como el ex líder de la mayoría demócrata en el Senado, Tom Daschle y la ex directora de Comunicaciones de la Casa Blanca, Anita Dunn, se gastó $2 millones en una campaña nacional de anuncios en la televisión para promocionar los primeros mandatos de Obamacare. Ahora, seis meses después de la promesa de Axelrod, y un año después de la firma de la promulgación de la ley, los resultados han llegado: Obamacare es más impopular que nunca.
Vea cualquier encuesta y verá que Obamacare va perdiendo cada vez más legitimidad. El año pasado a estas alturas, Newsweek decía que el 40% de los americanos apoyaba Obamacare y el 49% se oponía. Hoy, sólo el 37% lo apoya mientras que el 56% se opone. Según una encuesta Quinnipiac, después de aprobarse Obamacare el año pasado, el 44% de los americanos aprobaba la gestión del presidente Obama acerca del sistema de salud y el 50% la desaprobaba. Hoy, sólo el 44% la aprueba, mientras que la desaprobación ha crecido hasta el 56%. Y según la Fundación de la Familia Kaiser, cuando se aprobó Obamacare, el 62% de los americanos creía que la ley no tendría efecto sobre ellos o los dejaría peor de lo que estaban. Hoy ese número ha subido al 69%.
La razón por la que el presidente Obama y sus aliados progres han fracasado en convencer a la opinión pública es simple: las principales afirmaciones que hizo el presidente en su intento por aprobar Obamacare se han visto expuestas como fraudes y su implementación ha sido un completo desastre.
El investigador sénior del Centro de Innovación Política, Bob Moffit, detalla cómo algunas de las afirmaciones sobre Obamacare han demostrado ser pura ficción:
- “Obamacare disminuirá la tendencia del costo“. No, según los Centros de Servicios Medicare y Medicaid (CMS), cuyo informe del 22 de abril de 2010 muestra cómo Obamacare añade más de $310,000 millones extra al gasto médico;
- “Si le gusta su seguro médico, podrá quedarse con él“. No, el CMS estima que 14 millones de americanos perderán su cobertura actual si no se deroga Obamacare;
- “La clase media no verá incrementarse sus impuestos“. Sí que lo verán. De hecho, la mayor parte de los aumentos de impuestos de Obamacare golpean a la clase media.
En lo que se refiere a la puesta en funcionamiento, el analista de la Fundación Heritage, Brian Blase, investiga los primeros resultados:
- Las mandatos de beneficios dispararon los costos. Los generosos paquetes de beneficios impuestos por Obamacare no son gratuitos. Las compañías de seguros están subiendo las primas por todo el país a un ritmo récord y sin duda se debe a esos mandatos. Por ejemplo, Celtic Insurance Company en Wisconsin y Carolina del Norte atribuye la mitad de su incremento del 18% a los mandatos de Obamacare.
- Los mandatos de preexistencia destruyeron el mercado del seguro infantil. Tras sólo un año de que Obamacare forzara a todas las compañías de seguros a cubrir a todos los solicitantes, sin restricción, las compañías han abandonado completamente el mercado en 34 estados y en 20 estados ahora no hay nadie que ofrezca seguros exclusivamente para niños.
- Pobres consorcios de alto riesgo. La administración Obama predijo que 375,000 americanos previamente no asegurados se beneficiarían de los consorcios para asegurados de alto riesgo. En realidad, sólo 12,500 personas (el 3% de la estimación inicial) han obtenido cobertura a través de este programa.
Y lo peor es que Obamacare ni siquiera ha sido implementado aún. El director general de Starbucks, Howard Schultz, dijo ayer al Seattle Times: “Creo que tal y como está escrita la ley actualmente, y si se va a implementar en 2014 con las directrices actuales, será demasiada presión sobre los pequeños negocios debido a los mandatos”. Poniendo unos ejemplos muy prácticos, el propietario de una franquicia de International House of Pancakes, Scott Womack, explicó a Tina Korbe, de Heritage que: “Nuestros ingresos promedio por empleado son de $58,000. Nuestro beneficio típico por empleado es de $3,000 y la legislación va a costar entre $7,000 y $10,000 por empleado”. Las pequeñas empresas de América simplemente no pueden permitirse Obamacare. Es y va a seguir siendo un enorme destructor de empleos.
Y el contribuyente de esta nación tampoco puede permitirse Obamacare. El año pasado, el programa de beneficios más antiguo del país, el Seguro Social, pagó $37,000 millones más en prestaciones de lo que ingresó en impuestos. Este año, pagará $45,000 millones más de lo que recaude. El Seguro Social tendrá un déficit de operaciones de $600,000 millones en los próximos 10 años. En lugar de hacer que nuestros actuales programas de beneficios sean solventes, el presidente Obama creó un nuevo derecho a beneficios de un billón de dólares con su Obamacare. Este billón de dólares en nuevo gasto se está pagando con medio billón en impuestos más altos y otro medio billón en fondos sustraídos a Medicare. Y la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) acaba de corregir al alza el costo final de Obamacare todo un 8.6% hasta llegar a los $1,44 billones. Esto es simplemente insostenible.
Hace doscientos y treinta y seis años, cuando defendía la entrada de Virginia en la Guerra Revolucionaria, Patrick Henry dijo: “¡Dadme libertad o dadme muerte!” Tras sólo un año, está bien claro que la fracasada política de salud del presidente Obama es una traición de aquel sentir fundacional.










