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  • El futuro del matrimonio y la sabiduría de lo tradicional

     

    Como Sherif Girgis, Robert P. George y yo argumentamos en el Wall Street Journal,  el futuro del matrimonio es el futuro de la humanidad.

    Los conservadores defienden acertadamente la institución del matrimonio entre un hombre y una mujer, puesto que el matrimonio es la semilla de la sociedad y el requisito previo necesario para un autogobierno limitado.

    Pero no todo el mundo lo ve de ese modo. En espera de que la Corte Suprema decida esta semana si ve las causas contra las leyes tradicionales del matrimonio, este es el momento de que los ciudadanos piensen en profundidad sobre la naturaleza y la finalidad del matrimonio.

    El matrimonio une a un hombre y a una mujer de manera holística (emocional y físicamente, en los actos de amor conyugal y mediante los hijos que crea dicho amor) para toda la vida.

    Sin embargo, según la visión revisionista del matrimonio, lo que diferencia al matrimonio de otros vínculos es la intensidad emocional, a lo que un filósofo se suele referir como “la persona número uno” para el otro. Pero nada relacionado con una unión emocional requiere que esta sea permanente. O que esté limitada a dos personas. O que sea sexual y mucho menos que sea sexualmente exclusiva. O que esté orientada inherentemente hacia la vida familiar y qué esté moldeada por las exigencias de esta.

    Como resultado de ello, redefinir el matrimonio para incluir las relaciones entre personas del mismo sexo perjudicaría el bien común, pues se enturbia la verdadera naturaleza del matrimonio y se debilita por tanto la cultura  matrimonial. Y debilitar las reglas matrimoniales perjudicaría a los hijos y a los esposos, especialmente a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.

    Por tanto, los vacíos llamamientos a la “igualdad” no nos llevan a ninguna parte. Como mis colegas coautores del artículo y yo argumentamos:

    Toda normativa relativa al matrimonio traza una línea que deja fuera a algún tipo de relación. La igualdad prohíbe trazar líneas de forma arbitraria. Pero no podemos saber qué líneas son arbitrarias sin responder a dos preguntas: ¿Qué es el matrimonio y por qué es importante para la acción política?

    Las visiones revisionista y conyugal ofrecen respuestas opuestas: ninguna es moralmente neutral. Cada una de ellas está respaldada por alguna forma de entender la vida de tipo religioso o secular pero que es rechazada por la otra…De modo que los votantes son quienes deben decidir: ¿Qué visión es la correcta?

    Todas las principales filosofías, teologías, sociologías y lo que G.K. Chesterton denominó como la democracia de los muertos (la tradición) sugieren que la visión conyugal es la correcta.

    Como argumentamos en nuestro nuevo libro What Is Marriage? Man and Woman: A Defense (¿Qué es el matrimonio? Defensa del hombre y la mujer), el matrimonio es una unión integral y excepcional. Supone la unión de dos corazones y dos mentes, pero también una unión física, posible gracias a la complementariedad sexual. El matrimonio se expande y se enriquece de forma inherente con la procreación y la vida familiar y pide objetivamente un compromiso absoluto, unas normas de permanencia y una exclusividad similares.

    En el referido artículo de opinión detallamos por qué los conservadores cometerían una imprudencia al abandonar el respaldo al matrimonio de tipo conyugal, incluso aunque este no haya obtenido más respaldo que el exgobernador Mitt Romney en todos los estados en los que se votaron cuestiones relativas al matrimonio.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.
    Posted in Actualidad, Análisis, Estudios, Familia y Religión, Matrimonio, Opinión, Sociedad civil