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  • El gobierno nos deja sin focos incandescentes

    Foco incandescenteSi su propósito para Año Nuevo es cambiar los focos, no se preocupe, el gobierno federal está aquí para ayudarnos.

    A partir del 1 de enero de 2014, el gobierno federal prohibirá el uso de los focos incandescentes de 40 y 60 vatios. Los focos se han convertido en un símbolo de la lucha por la libertad de los consumidores frente a la innecesaria intromisión del gobierno en la vida del pueblo americano.

    En 2007, el Congreso aprobó y el presidente George W. Bush ratificó un proyecto de ley de la energía que estipulaba unos estrictos requisitos de eficiencia para los focos incandescentes habituales, con la intención de eliminarlos completamente para 2014. De hecho, la ley ya eliminó gradualmente durante el año pasado los focos incandescentes de 75 y 100 vatios.

    Los defensores de los estándares y regulaciones de eficiencia impuestos por el gobierno dirán, “¿Y qué? Sigue habiendo gran cantidad de opciones de iluminación en los estantes de Home Depot; estamos ahorrándoles dinero a las familias; y estamos reduciendo las emisiones responsables del cambio climático”.

    El “y qué” es que el gobierno federal está quitando poder de decisión a las familias y a las empresas, destruyendo empleos y restringiendo las opciones de mercado del consumidor. Nuestras preferencias respecto a los focos son realmente diversas. Pero no entra dentro de las funciones del gobierno federal el hacer caso omiso de dichas preferencias, basándose en lo que cree que es lo mejor para nuestros intereses.

    Las familias saben cómo los costos de la energía les afecta en sus vidas  y por ello toman sus decisiones en consecuencia. La eficiencia energética ha mejorado enormemente durante las últimas seis décadas, es decir, mucho antes de que existieran los mandatos nacionales de eficiencia energética.

    Si las familias y las empresas no están comprando los aparatos o la tecnología más eficiente desde el punto de vista energético, no es porque estén actuando irracionalmente; simplemente tienen limitaciones presupuestarias u otras preferencias tales como la comodidad, la conveniencia y la calidad del producto. Puede que una familia sepa que comprar un producto eficiente energéticamente le ahorre dinero a largo plazo, pero tienen que priorizar sus gastos a corto plazo. Aquellas familias que agotan el dinero de una nómina hasta que reciben la siguiente puede que quieran optar por unos focos más baratos y tener más comida en lugar de un foco más caro y menos comida.

    Y también puede que alguien lea esto y piense: Calma, sólo es un foco. Pero es que no es sólo un foco. Échele un vistazo al Programa Federal de Gestión de la Energía. Básicamente cualquier cosa que use electricidad o agua en su hogar o empresa está sujeta a una regulación de eficiencia energética.

    Cuando el mercado impulsa la eficiencia energética, ahorra dinero a los consumidores. Por tanto, cuanto más poder de decisión elimine el gobierno federal sobre lo que es mejor para las empresas y las familias, peor nos va a ir.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Campana de Heritage, Congreso, Economía, Energía y Medio Ambiente, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Iniciativa y Libre Mercado, Opinión