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  • El Gráfico de la Semana: ¿Cuánto deberíamos gastar en seguridad nacional?

    “Es un barco sin marineros. Es una brigada sin balas. Es un escuadrón aéreo sin suficientes pilotos calificados. Es un tigre de papel”, comentaba el secretario de Defensa Leon Panetta sobre los efectos de los “secuestros” de fondos que se avecinan, que reducirán en más de medio billón de dólares el presupuesto de defensa durante los próximos 10 años.

     

    La idea de que el poder militar de Estados Unidos se podría reducir potencialmente hasta convertirlo en ese “tigre de papel” es especialmente aterradora. Las fuerzas armadas de Estados Unidos no sólo siguen enfrascadas en Afganistán, sino que el reciente y mortífero ataque contra el consulado de Estados Unidos en Bengasi, Libia, así como las violentas protestas antiamericanas ante diversas embajadas de nuestro país, nos deberían recordar que vivimos en un mundo inseguro en unos momentos especialmente inciertos, unos tiempos en los que cuestionar la asignación de al menos el 4% del producto interior bruto (PIB) de la nación para gastos de defensa, Como cita Ruth Marcus en su artículo de opinión en el Washington Post, parece ridículo.

    El Departamento de Defensa, junto a todas y cada una de las agencias federales, se debería esforzar por ser eficiente. Pero menos de una quinta parte del gasto de Estados Unidos se destina a defensa, aunque esta ha contabilizado ya más de la mitad de las iniciativas para la reducción del déficit. La Constitución afirma que el gobierno debe proveer la defensa común. Y parte del cumplimiento de esa promesa consiste en asignar dinero suficiente a la seguridad nacional para poder mantener nuestra nación a salvo.

    Como estima la Fundación Heritage, adjudicar aproximadamente el 4% del PIB nacional para el gasto de defensa es un buen punto de referencia para garantizar que las fuerza armadas de Estados Unidos tienen las capacidades que necesitan. Mantener un firme y sólido presupuesto de defensa continuaría garantizando la modernización y la superioridad necesarias para nuestras fuerzas armadas.

    Por el contrario, reducir aún más el gasto en defensa debilitaría nuestras fuerzas armadas, por no mencionar lo que contribuiría a debilitar nuestra defensa nacional el paralizar la base industrial que es el soporte de unas poderosas fuerzas armadas. Las reducciones en el presupuesto de defensa podrían eliminar 1 millón de empleos en los sectores tanto militar como privado, lo que haría perder gran parte del conocimiento técnico y práctico que las fuerzas armadas necesitan en industrias vitales como la aeroespacial y la construcción naval.

    En lugar de reducir el presupuesto de defensa de manera aleatoria para intentar rebajar la deuda, el gobierno necesita abordar lo que realmente supone la mayor parte del gasto federal: los programas de derechos a beneficios. Como afirma el plan Para Salvar el Sueño Americano de la Fundación Heritage, “El Congreso debe tomar duras medidas respecto a los programas discrecionales y otros programas menores de derechos a beneficios”, no sólo erradicando los programas ineficientes sino también asegurándose de que los programas de derechos a beneficios se centran en quienes realmente los necesitan. Al reducir el excesivo gasto de los programas discrecionales y de derechos a beneficios así como designando al menos el 4% del PIB para defensa, el país sería más seguro y fiscalmente más fuerte.

    Para asegurar la fortaleza de nuestras dinámicas fuerzas armadas, el Congreso tiene que actuar para cumplir con sus responsabilidades constitucionales de “reclutar y sostener ejércitos” y de “habilitar y mantener una armada”, deteniendo el “secuestro” de fondos. Reducir el gasto de defensa a menos del 4% del PIB en unos tiempos tan inciertos es peligroso tanto para la seguridad nacional como para la estabilidad en todo el planeta.

    El costo de la preparación de las tropas es un pequeño precio a pagar por el bien de la seguridad de cada ciudadano americano y por la defensa de las libertades y la democracia en todo el mundo.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Adminstración Obama, Análisis, Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Gráficos, Impuestos, Libertad económica, Opinión
     

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