Hay miles de personas que no se están muriendo de hambre en Míchigan. Este impactante acontecimiento tiene lugar a pesar de una de las peores cosechas que se recuerde.
Con la escasa producción recogida en los huertos y campos locales, había quien se temía lo peor. Pero a pesar de la sequía, los supermercados tiene llenos los estantes y además a unos precios razonables.
Este invierno, el milagro del comercio salvará de la inanición a millones de personas, a medida que los residentes del este de Estados Unidos, asolado por la sequía, formen colas ante las cajas de los supermercados para meter en sus bolsas los comestibles que les salvarán la vida y que han sido importados con prontitud desde unos lugares de origen tan alejados como Chile o el estado de Washington.
El comercio de alimentos es vital para la vida moderna incluso en la mejor de las épocas, así que el doble desastre para la agricultura del Noreste (unas duras heladas y luego una sequía) resalta precisamente cuán adaptable es la distribución global de alimentos y cuán importantes son los cimientos del libre comercio para el bienestar del ser humano.
Aunque la exigua cosecha representa una gran dificultad financiera para muchos de los que la sufren, su costo se mide en dólares, no en vidas.
Incluso si han de enfrentarse a unas manzanas de producción local con los precios por las nubes y a una escasa cosecha en su propio condado, los americanos pudieron celebrar la semana pasada el Día de Acción de Gracias agradecidos por la bendición de los abundantes alimentos comercializados procedentes de todo el mundo.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.




