Nuestra Visión:
Forjar un Estados Unidos donde la libertad, la oportunidad, la prosperidad y la sociedad civil florezcan.

 
 
 

El matrimonio es un ideal, no un cuento de hadas

29 / 04 / 2011

 

Se espera que tanto como dos mil millones de personas —cerca de una tercera parte del mundo— vean hoy la boda real británica entre el príncipe Guillermo y Kate Middleton.

La euforia global subraya el duradero ideal del matrimonio. Al margen de la extravagancia y fanfarria de la boda de un futuro monarca, reconocemos en ella algunas de las más profundas aspiraciones humanas y la nobleza compartida de la que disfruta la institución del matrimonio.

Lo mismo sucedió hace 30 años, cuando el mundo contempló otra boda real el 29 de julio de 1981. Como comentó aquella tarde Ted Koppel, de la cadena ABC: “El matrimonio de hoy entre Carlos y Diana fue … una versión enormemente magnificada de lo que la mayoría de nosotros espera, el comienzo idealizado de lo que se supone madurará hasta convertirse en la sociedad perfecta de un hombre y una mujer”.

Bob Green, colega de Koppel en ABC, añadió: “El aspecto real fue casi secundario … [H]abía algo universal acerca de la ceremonia de la vida que tuvo lugar allí. El mensaje era el mismo que nos viene de una boda en los salones de una iglesia en Nuevo Hampshire o en la oficina de un juez de paz en Ohio”.

Cuando la real pareja dijo el “Sí, quiero”, el clamor de la multitud afuera de la Catedral de San Pablo “fue casi como si el mundo se congratulara de sí mismo”, según dijo Green.

Claro que nos congratulamos cuando celebramos los votos nupciales.

El matrimonio es una promesa. No solo entre un hombre y una mujer sino ante la comunidad en general, con las generaciones pasadas y con aquellos por nacer. Los votos nupciales separan a esta relación perdurable, vivificante en una categoría distinta de cualquier otra.

Como escribe Chuck Donovan, investigador sénior de la Fundación Heritage:

La simplicidad de esta verdad explica la historia casi universal y la expresión del matrimonio en todas las culturas. A pesar de la enormidad de presiones a las que el matrimonio y la familia se enfrentan hoy, la abrumadora mayoría de personas en la sociedad americana expresa su deseo de casarse, de vivir una duradera relación de fidelidad, tener hijos y educarlos hasta que sean adultos, que será el momento cuando podrán establecer familias propias.

Sin embargo, incluso en 1981, Green indicó que “las instituciones del matrimonio y la familia viven momentos duros”. Cuánto más en los treinta años que han pasado desde entonces: el amargo, posmoderno final del cuento de hadas de la propia princesa Diana durante ese tiempo es una acertada metáfora del problemático estado del matrimonio hoy en día.

Aun así, la institución del matrimonio resiste los embates, incluso si un matrimonio en particular se deshace. Nuestro fracaso en conseguir el éxito no cambia el ideal — ni debería suceder debido a los desafíos actuales.

Hoy, el camino al matrimonio no es ni de lejos tan claro como en generaciones pasadas; y una vez que se ha entrado en él, su duración es menos segura. Los americanos se están casando a la mitad del ritmo que solían hacerlo hace cuatro décadas, según los datos de FamilyFacts.org.

El año pasado, el Índice del Matrimonio, publicado por el Institute for American Values y el National Center on African American Marriage and Parenting, dio una calificación de fortaleza al matrimonio en América de 60.3 de un máximo de 100, basándose en un conjunto de cinco indicadores. En 1970, la puntución hubiese sido de 76.2.

La erosión del matrimonio y la familia no auguran nada bueno para la fortaleza y estabilidad de la sociedad americana. El académico Michael Novak genialmente se refirió a la familia como el “verdadero Departmento de Salud, Educación y Bienestar” debido a su rol a la hora de abastecer las necesidades de todos sus miembros, especialmente las de la siguiente generación.

Es por ello que una de las maneras más importantes en las que un gobierno puede promover el bienestar general es la defensa de la institución del matrimonio. Como recientemente dijo Donovan en su testimonio ante el Congreso en defensa de la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA):

Todos los intereses del gobierno imbuidos en la Ley de Defensa del Matrimonio sirven al final un amplio propósito general: crear y promover las condiciones de politica pública que refuercen la unión mutua de hombres y mujeres y de los hijos que procrean. Estudio tras estudio sobre el impacto del matrimonio y la presencia continuada de madres y padres en el hogar, esforzándose y criando a sus hijos, muestran las ventajas de tener madre y padre casados sobre cualquier otro tipo de familia que se ha estudiado exhaustivamente hasta ahora.

Sin embargo, bajo la influencia de la boda real, una preocupante división de clases emerge sobre el matrimonio, amenazando con hacer del mismo un cuento de hadas más que un ideal compartido. Comentando un informe de 2010, “Cuando desaparece el matrimonio: el retroceso del matrimonio en la América de clase media”, el autor W. Bradford Wilcox y Donovan de la Fundación Heritage, comentan:

La institución matrimonial tiene problemas en la América de clase media. Alto nivel de divorcios, hijos fuera del matrimonio y progenitores solteros eran antes problemas fundamentalmente concentrados en comunidades pobres. Ahora, el retroceso que experimenta la institución matrimonial entre los americanos está llegando a alcanzar el núcleo del orden social: la clase media.

Lo que está ocurriendo hoy es un crecimiento de la brecha entre la clase media, donde hay un profundo descenso del matrimonio, y los americanos con mayor educación y más acomodados, donde los indicadores del matrimonio son o estables o mejoran.

Entender la importancia central del matrimonio y tener expectativas realistas sobre el mismo harán mucho por la durabilidad de la institución y su generalización en todos los niveles socioeconómicos.

“Los escritores de cuentos de hadas terminaban con frecuencia sus historias sobre príncipes y princesas en el altar”, decía Koppel hace treinta años. “Estos escritores sabían lo que significaba el matrimonio. También eran lo suficientemente sabios como para saber que las cosas difícilmente resultan ser así”.

Los cuentos de hadas, sin embargo, a menudo dejan al margen los votos nupciales que desvanecerían la ilusión fácil del “felices por siempre jamás”, las expectativas apropiadas para una vida comprometida del uno con el otro ni conectan a las parejas con las comunidades de apoyo que las rodean. Esos votos nupciales empiezan cuando la ceremonia termina.

El mundo, una vez más, estallaba jubiloso ante la promesa universal que hoy representan los votos nupciales de Guillermo y Kate.

La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
Publicado en: EstudiosFamilia y ReligiónOpinión