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  • El presidente imperial actuará unilateralmente

    Obama rodeado de banderasEn un correo electrónico enviado recientemente a sus seguidores, el presidente Obama se lamentaba de la frustrante falta de competencias de su cargo. “Hay tantas limitaciones a lo que puedo hacer por mí mismo” sin el Congreso, confesaba.

    En términos de interpretación constitucional, tiene razón. Pero en la práctica, el presidente ha mostrado un marcado menosprecio por los límites legales de su poder.

    La presidencia imperial de Obama se ha manifestado de muchas formas. A menudo desatendiendo su deber constitucional de “preocuparse por que las leyes de ejecuten fielmente”. Como hemos visto con la educación, la inmigración y la atención médica, aplazar la ley equivale a redactarla de nuevo.

    Otras veces, el presidente es más directo. Puede que el poder legislativo sea potestad del Congreso, pero eso no lo detuvo a la hora de volver a redactar por sí solo la ley de asistencia social, vaciándola de sus exitosos requisitos laborales federales.

    Desafortunadamente, parece que esto es sólo el principio del imperialismo de Obama.

    Una vez liberado de las limitaciones de la lucha por la reelección, no tardó en señalar su entusiasmo por las acciones unilaterales durante su segundo mandato.

    “El Congreso se resiste por ahora”, declaró recientemente, “pero eso no me va a detener”.

    Armado de su inmunidad electoral, el presidente también es ahora más sincero a la hora de justificar sus medidas:

    Cuando el Congreso no esté dispuesto a actuar, tomaré las medidas administrativas que sean necesarias con el fin de hacer lo correcto para el pueblo americano.

    Desde esta perspectiva, el Congreso es más un inconveniente que uno de los tres poderes del gobierno iguales entre sí. Las prerrogativas constitucionales están ahí para el que las quiera; quien esté más dispuesto a redactar leyes, gana.

    La visión del presidente sobre cómo funciona nuestro sistema no es sólo peligrosa, sino que también contradice rotundamente la idea del gobierno que tenían los Fundadores.

    El presidente no ve la necesidad de molestarse con todas las discusiones, acuerdos, compromisos, rivalidades (en una palabra, política) que envuelven el orden constitucional. Es decir, que restringir al Congreso la autoridad legislativa es un obstáculo innecesario para el progreso.

    Pero nuestro sistema se diseñó a propósito para que hubiese enrevesadas disputas políticas. Los Fundadores comprendían que la alternativa era aún peor. La experiencia con Gran Bretaña les enseñó los peligros de un gobierno que tendía a la acumulación de poderes.

    A pesar de su apetencia por burlarse de aquellos que desconfían del gobierno, el presidente Obama justifica sin querer el temor de los Fundadores a que hubiera una tiranía en Estados Unidos cuando alardea de que “Vamos a hacer todo lo que podamos, en cualquier ámbito que podamos, con o sin el Congreso, para hacer que esto ocurra”.

    Sin señales a la vista de que el presidente vaya a ralentizar su marcha imperial, sería ingenuo esperar algo de la modestia que finge en sus correos electrónicos. Es más, es el deber del Congreso oponerse a sus usurpaciones. Con tanto en juego este otoño, desde la retirada de la financiación de Obamacare al recorte del gasto público, es un momento crucial para que el Congreso haga su trabajo.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Actualidad, Adminstración Obama, Análisis, Campana de Heritage, Congreso, Constitucionalismo, Destacables, Elecciones EE.UU. 2012, Estado de Derecho, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Opinión, Pensamiento Político, Principios Fundacionales