Ayer, frente a la fachada de una escuela secundaria de un condado de Baltimore, el presidente Barack Obama dijo: “Incluso al hacer recortes en cosas sin las que podemos vivir, tenemos la responsabilidad de invertir en esas áreas que tendrán el mayor impacto en nuestro futuro. Y esto es especialmente cierto cuando se trata de la educación”.
Por consiguiente, el presupuesto del presidente incluye un aumento de $13 mil millones en el gasto del Departamento de Educación comparado con el presupuesto de 2010. Pero no es la la primera vez que la Casa Blanca ha aumentado fuertemente el gasto en educación.
De hecho, desde 2001, el gasto federal en educación ha aumentado ya en un 100%. Y si retrocedemos hasta el año 1970, casi se ha triplicado. ¿Y qué resultados hemos sacado de esta “inversión federal” en nuestro futuro? Cero resultados. El gasto del Departamento de Educación ha fracasado completamente a la hora de mejorar el estándar académico de los alumnos durante los últimos 30 años.
He aquí la historia del presupuesto del presidente Obama: demasiado gasto, demasiados impuestos y demasiados préstamos. Todo eso no ha servido para poder crear trabajos en la actualidad y hará que sea más difícil para nuestros hijos encontrar trabajo en el futuro.
Desde que el presidente Barack Obama asumió su cargo, el gasto de los derechos a beneficios ha crecido el 4%, el gasto discrecional total se ha incrementado en un 16% y la deuda nacional se ha disparado un 43%. Durante ese mismo tiempo, la economía de Estados Unidos ha perdido 3.3 millones de trabajos. No se puede culpar al presidente Obama por la recesión más reciente, pero ciertamente se le puede hacer responsable del fracaso de su política de gasto deficitario.
En el presupuesto presentado ayer para el ejercicio fiscal 2012, el presidente dobla su apuesta por su fracasado historial. La Casa Blanca está intentando pintar este documento como un recorte de gastos. Específicamente, se afirma que el presupuesto del presidente reduce el gasto discrecional 2012 en un 5%. Pero el experto de la Fundación Heritage, J.D. Foster, detalla que estos “recortes” solamente son posibles usando tres trucos:
(1)Redefiniendo las becas Pell como gasto obligatorio, (2) reclasificando de $54 mil millones del gasto de transporte terrestre pasándolo de gasto discrecional a gasto obligatorio, y (3) reduciendo la financiación para Irak y Afganistán. Revertir estos trucos presupuestarios no sólo borra la totalidad de los $77 mil millones en supuestos recortes de gastos sino que los revela en realidad como un aumento de $31 mil millones en el gasto discrecional. Esto es ir en la dirección equivocada y el pueblo americano lo sabe.
Según Gallup, el desempleo es, en gran medida, la preocupación número uno de los americanos. Y cuando se le pregunta a la gente cuál es la forma en la que el gobierno federal puede mejorar nuestra economía, la estrategia principal es la reducción del déficit. Y, de hecho, hay una relación entre los niveles de deuda y el desarrollo económico. Carmen Reinhart de la Universidad de Maryland y Kenneth Rogoff de la Universidad de Harvard estudiaron la relación entre los niveles del aumento de la deuda, la inflación y los índices de crecimiento económico en 44 países desarrollados y en vías de desarrollo. Descubrieron que el peso de una deuda de más del 90% del PIB estaba asociada a una significativa ralentización del crecimiento económico. El presupuesto del presidente Obama nos empuja a ese punto: A finales del próximo ejercicio fiscal, la Casa Blanca proyecta que nuestra deuda nacional será de $15.476 billones, o el 102.6% del PIB. No podemos esperar que nuestra economía se recupere aplastada bajo toda esa montaña de deuda.
Tan preocupante como es que el presidente Obama no recorte el gasto discrecional, es incluso peor que el presidente no quiera plantarle cara a la inminente crisis de los derechos a beneficios de nuestra nación. Según la política actual, el gasto del Seguro Social, Medicare y Medicaid consumirá todos los ingresos fiscales antes de 2052. Debemos recortar el gasto de los derechos a beneficios antes de que nuestra economía se pueda recuperar de verdad. El primer paso es el rechazo total al nuevo aumento de gasto de Obamacare que suma $1 billón. Luego, después de deshacer el daño que Obama ha causado, los conservadores deberían ir un paso más allá y convertir Medicare en un sistema de aportación definida y centrarse en los beneficios del Seguro Social para quienes verdaderamente lo necesiten en la jubilación. El presidente Obama no puede continuar pasándole la cuenta de sus insostenibles niveles de gasto y préstamos a las futuras generaciones. El mismo presidente le dirá que los niveles de gasto con el presidente Bush eran insostenibles y sin embargo se niega a devolver esos programas a los niveles presupuestarios siquiera del año 2008.
En noviembre de 2010, los americanos exigieron entablar una conversación como adultos acerca de lo que hace el gobierno y cuánto de nuestro dinero gasta. Depende del presidente demostrar que ha oído el mensaje del pueblo americano y sustentar por qué programas federales, como la educación, son lo suficientemente eficaces como para justificar más dinero. Y cuando no pueda demostrar ningún resultado mensurable, como en el área de la educación, él deberá aceptar recortes sensatos. Ya no nos podemos dar el lujo de mantener el statu quo.





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