La Corte Suprema anunció la semana pasada que verá los casos que tratan sobre la definición del matrimonio durante su actual mandato. La Corte considerará las causas presentadas contra la Ley de Defensa del Matrimonio, aprobada en el Congreso por ambos partidos con una mayoría aplastante y firmada por el presidente Clinton, así como contra la Proposición 8, la enmienda constitucional de California que define el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.
Después de que los tribunales menores se pronunciaron en contra de estas leyes matrimoniales, ahora la Corte Suprema tiene la oportunidad de devolver la autoridad a los ciudadanos al responder a las cuestiones relativas a las normativas matrimoniales.
Toda normativa relativa al matrimonio traza una línea que deja fuera algún tipo de relación. Pero la igualdad prohíbe trazar líneas de forma arbitraria. Determinar qué líneas son arbitrarias requiere que respondamos a dos preguntas:
1. ¿Qué es el matrimonio?
2. ¿Por qué es importante para la acción política?
Hay muchas y buenas razones por las que los ciudadanos de 41 estados han dicho una y otra vez que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. El matrimonio existe para unir a un hombre y a una mujer como marido y esposa para que sean el padre y la madre de cualquier hijo que produzca su unión. Y como ha demostrado la extensa ciencia social, hay una tendencia a que a los hijos les vaya mejor cuando son criados por su madre y su padre.
Y por su parte, el gobierno reconoce el matrimonio porque es una institución que beneficia el bien común.
El matrimonio es el medio menos restrictivo que tiene la sociedad para garantizar el bienestar de sus futuros ciudadanos. El reconocimiento del matrimonio por parte del Estado protege a los niños al incentivar a los adultos a que se comprometan de forma permanente y exclusiva entre ellos y con sus hijos.
Aunque respeta la libertad de cada uno, el gobierno reconoce, protege y fomenta el matrimonio como la institución ideal para el amor orientado a la procreación, la maternidad y el cuidado de los hijos.
Sin embargo, en décadas recientes, el matrimonio ha quedado debilitado por una visión revisionista que entiende el matrimonio sobre todo como unos lazos emocionales o unos privilegios legales. En otras palabras, que se trata más de los deseos de los adultos que de las necesidades de los hijos. Y el matrimonio homosexual es la culminación de ese revisionismo: La intensidad emocional sería lo único que quedaría para separar el matrimonio de otras uniones.
El gobierno no debería ocultar la verdad sobre el matrimonio al aceptar esa visión revisionista. Con la redefinición del matrimonio para incluir las relaciones homosexuales, el gobierno debilitaría las normas matrimoniales, que desvincularían aún más el matrimonio del cuidado de los hijos y perjudicarían a esposos e hijos, especialmente a los más vulnerables, pues negaría la condición de madre o padre ante su hijo por una cuestión normativa.
Los perjuicios resultantes de redefinir el matrimonio obligarían al Estado a intervenir más a menudo en la vida familiar y obligarían a que la asistencia social estatal creciera todavía más. Además, los ciudadanos perderían una parte de su libertad religiosa y de conciencia.
La decisión de hoy de la Corte Suprema llega una semana después de que la corte de distrito de Nevada ratificara la enmienda matrimonial de ese estado, que definió el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.
En los meses venideros, la Corte Suprema considerará informes, oirá argumentaciones orales y por último, emitirá su resolución hacia el final de su mandato, en junio de 2013. Pero sea cual sea el resultado, el debate sobre el asunto del matrimonio continuará.
Por tanto, los meses venideros ofrecerán una importante oportunidad para que los ciudadanos consideren cuidadosamente qué es el matrimonio y por qué debería el gobierno continuar reconociendo el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.




