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  • El superestado europeo de Tony Blair: Toda una pesadilla

     

    La entrevista a Tony Blair que publicó el Times of London la semana pasada merece ser leída en ambos lados del Atlántico. ¿Por qué? Porque demuestra que los delirios de grandeza de los eurofederalistas están bien vivos y siguen siendo una gran amenaza no sólo para la soberanía nacional británica, sino también para el futuro de la alianza transatlántica, sobre todo para la Relación Especial entre Estados Unidos y el Reino Unido. También es una demostración más de cuán lejos está Tony Blair de la realidad política y del sentir de la opinión pública del Reino Unido, pero esto nunca lo ha detenido antes.

    En el fondo, Blair ha sido siempre un idealista europeo, a pesar de que se salió enterando por las malas, durante la guerra de Irak, que no se puede ser el mejor amigo y aliado de Estados Unidos y a la vez adular a Bruselas. Por Irak, Blair acabó aislado por las élites dirigentes de la vieja Europa, especialmente por Alemania y Francia y en discordia con los dirigentes de la Unión Europea. Él tomó la decisión correcta de ir a la guerra para derrocar a Sadam Hussein, pero fue despreciado por el establishment de la Unión Europea. A pesar de todo esto, Blair todavía sigue aferrado a la idea de que Gran Bretaña debe estar en el corazón de una Europa federal y cree que Londres debería estar en primera fila impulsando el proceso de mayor integración europea.

    En su entrevista con el Times, el ex primer ministro pide un presidente elegido por voto popular para la Unión Europea, elegido por un electorado de casi 400 millones de personas, lo cual “le daría a la Unión Europea un claro liderazgo y una enorme autoridad en la escena mundial”. Es esencial para Europa tener “dirección y liderazgo fuerte y colectivo”. Esto es necesario, cree Blair, porque “no tendremos el peso ni la influencia que un país como Gran Bretaña necesita a menos que seamos parte de esa potencia europea”.

    Es de destacar que su gran plan tiene todo que ver con el “poder y no con la paz”, con una fornida Bruselas supuestamente lista para enfrentar a la ascendente “superpotencia” en Pekín:

    “En un mundo, en particular, donde China va a convertirse en la potencia dominante del siglo XXI, es razonable que Europa se amalgame para utilizar su peso colectivo a fin de conseguir influencia. Y por lo tanto la razón de ser la Europa actual es el poder, no la paz”.

    En todo menos en nombre, Blair está instando a que se cree un superestado europeo, una potencia rival tanto para Estados Unidos como para China, un estado en el que la soberanía nacional esté agrupada en varias áreas clave, incluida la defensa y la política exterior, la inmigración, el crimen organizado, la política fiscal y la energía. Los cimientos para gran parte de esto ya han sido puestos con el Tratado de Lisboa, pero la visión de Blair lleva el proyecto europeo mucho más allá, especialmente en el ámbito de la armonización fiscal y la defensa.

    El propio Blair admite que hay pocas posibilidades de que su idea de un presidente elegido en las urnas sea admitida domésticamente en este momento (un cargo que indudablemente querría ocupar él mismo), pero insiste en que este es el camino que Gran Bretaña y Europa en última instancia deberán tomar. Y no cabe duda de que su sueño de una Unión Europea política y económicamente unificada es compartida por muchos otros líderes en toda Europa que siguen aferrados al concepto de una unión cada vez más estrecha, a pesar de la crisis en la eurozona y la irrelevancia de Bruselas en lo de Libia.

    Aunque las palabras de Blair pueden sonar a imposible, los defensores de la soberanía y la libertad en Gran Bretaña y en todo el continente europeo deberían permanecer en guardia. Porque como hemos visto tantas veces en el pasado, los líderes nacionales europeos, imcluyendo al de Londres, han hecho concesión tras concesión, mientras la soberanía nacional ha sido erosionada tratado tras tratado, y predominantemente sin consentimiento popular. ¿Quién hubiera pensado hace dos décadas que la Unión Europea hoy en día tendría su propio cuerpo diplomático con 7,000 empleados y un presupuesto de más de 6,000 millones de libras y con la aceptación tácita de una coalición liderada por conservadores?

    La visión de Tony Blair de un superestado europeo es una pesadilla para cualquier persona a la que le importe el futuro de Gran Bretaña como país libre, regido por sus propios representantes elegidos en las urnas y este gobierno y el siguiente, así como las generaciones venideras deberán combatir activamente contra esa visión. Como Lady Thatcher señaló en su último libro Statecraft (El arte de gobernar), “que un proyecto tan innecesario e irracional como la creación de un superestado europeo se emprendiera alguna vez, parecerá ser en años venideros quizá la mayor locura de la era moderna”. Cuánta razón tenía y la entrevista de Blair sólo sirve para reforzar la importancia de ese mensaje.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.

     

    Posted in Estudios, Liderazgo Americano, Opinión, Pensamiento Político, Unión Europea