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  • El utópico futuro feliz según la EPA de Obama

    Despídase de autos y camiones como los conoce actualmente. Diga hola al mundo feliz al que nos lleva la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Es un futuro en el que, por decreto, el gobierno federal da nueva forma a una importante industria de Estados Unidos por un objetivo político que costará dinero, empleos y vidas — todo para satisfacer a las facciones ambientalistas de la izquierda mientras se canalizan los dólares del contribuyente a una industria sindicalizada favorecida por Obama.

    Se trata de la industria automovilística y la administración Obama está otra vez usando la mano pesada del gobierno federal para modelarla a su imagen y semejanza. El Washington Post informa de que la administración Obama y la industria automovilística han alcanzado un acuerdo sobre nuevas regulaciones federales que aumentarían los estándares de eficiencia del consumo de combustible para autos y camiones ligeros, llegando en 2025 a un promedio de 54.5 millas por galón (mpg) — una reducción del 40% de consumo de combustible comparado con lo actual.

    Esos nuevos estándares, aunque diseñados para reducir los gases de efecto invernadero, traerían consigo importantes costos. Catorce de los quince representantes de Míchigan en el Congreso —incluidos los senadores demócratas Debbie Stabenow y Carl Levin— escribieron una carta al presidente advirtiéndole de las consecuencias que tendrían los draconianos estándares de eficiencia de consumo para su estado, la casa matriz de General Motors,Ford y Chrysler, haciendo mención de un informe del Center for Automotive Research que advertía de que los estándares exageradamente restrictivos podrían añadir $10,000 al costo de un nuevo auto. Nicolas Loris, de Heritage, explica cómo pueden llevar a la pérdida de empleos esos mayores costos:

    Precios más altos reducen la demanda y fuerzan a la gente a seguir con sus vehículos antiguos más tiempo. Una menor demanda significa menos autos producidos, lo que significa que los fabricantes tienen que reducir empleos. La consultora Defour Group, con sede en Míchigan, calcula que un estándar de 56 mpg destruiría 220,000 empleos.

    Además de los empleos perdidos y de autos más caros, obligar a los fabricantes de automóviles a cumplir con esos estándares podría resultar en la pérdida de vidas. Para hacer que los autos economicen combustible, los fabricantes reducen el peso de los vehículos. Como informa la revista Reason: “Un estudio de 2002 de la Academia Nacional de Ciencias concluyó que el efecto reductor de [los estándares de eficiencia] CAFE contribuyó a entre 1,300 y 2,600 muertes y 10 veces más de heridos graves en un solo año representativo”.

    Al margen ya de todos los costos de los nuevos estándares CAFE, ¿puede la industria automovilística siquiera alcanzar esos objetivos de millas? No sin masivos subsidios gubernamentales. Shikha Dalmia, de Reason, lo explica:

    [I]ncluso la Agencia de Protección Ambiental admite que la cuota de mercado de autos híbridos y eléctricos tendría que llegar al 49% si la industria quiere estar medianamente cerca del cumplimiento de objetivos. Dado que estos vehículos tienen ahora solo el 3% del mercado a pesar de fuertes subsidios, es conclusión conocida de antemano que aumentar su presencia significará aumentarles masivamente los subsidios.

    ¿Fue suficiente la promesa de subsidios gubernamentales para convencer a los fabricantes y al sindicato United Auto Workers (UAW) para que se sumasen a los estándares antiempleo? Así parece. A pesar de informes de que el gobierno ha “alcanzado un acuerdo” con los fabricantes sobre los nuevos estándares, la industria automovilística, al principio, cabildeó contra las nuevas normas, yendo tan lejos como el preparar anuncios de televisión contra las regulaciones para mostrarlos en siete estados. Cosa extraña, hace una semana que retiró los anuncios, posiblemente por temor a un mayor enfrentamiento con la administración Obama. Y no lo olvide, la industria confrontaba la perspectiva de un estándar incluso superior a 60 mpg, según se informó el pasado octubre. Sin ninguna otra opción, parece que optaron por el mal menor..

    También el sindicato UAW cambió de parecer sobre las regulaciones. Autoline Daily informa de que el sindicato se reunió con los fabricantes para hablar sobre sus inquietudes acerca de que la normativa significaría menos empleos, dado su impacto en la producción de todo terrenos y camiones. Pero entonces, el 18 de julio, el sindicato UAW, junto con miembros de la BlueGreen Alliance —que incluye sindicatos y activistas ambientalistas como el Natural Resources Defense Council y el Sierra Club—, hizo un llamamiento al aumento de los estándares de eficiencia del consumo en una carta dirigida al presidente Obama.

    El cambio de posición de este sindicato podría parecer sorprendente si no fuera por un punto importante de la carta. Además de apoyar los estándares para economizar combustibles, el sincicato UAW y la BlueGreen Alliance escribieron que apoyaban “los intentos federales de ayudar al reajuste de la industria para satisfacer la demanda de autos más limpios y eficientes”. Y aquí está el quid de la cuestión. Ser verde exigirá más billetes verdes del gobierno federal a cambio de hacer reajustes — más subsidios gubernamentales de la administración Obama. Como era de esperar, el sindicato UAW está totalmente a favor.

    Así que ahí lo tiene. La administración Obama promulga normas —sin aprobación del Congreso— para cambiar en gran medida la forma en que la industria automovilística hace negocios, obligándola a fabricar autos que pocos compran hoy (solo se han vendido en este año 2,745 Chevy Volt – el auto híbrido eléctrico y enchufable). Y para cumplir con esa normativa, la administración probablemente tendrá que financiar el reajuste de las fábricas y subsidiar las compras de los consumidores de autos de alto kilometraje. Mientras tanto, el costo de la gasolina está subiendo pero el presidente restringió la exploración en el Golfo, dejando a Estados Unidos incapacitado para explotar sus reservas petroleras nacionales.

    La política medioambiental y energética del presidente es una pérdida de tiempo. Los costos son altos; el pueblo americano y sus empresas pagarán el precio.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Campana de Heritage, Economía, Energía y Medio Ambiente, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Iniciativa y Libre Mercado, Opinión