| Tweet | |
|
El martes pasado, los estudiantes y maestros de la Escuela Laboratorio y de Demostración Julia R. Masterman comenzaron el año escolar con el máximo de preparación para volver a la escuela. El presidente Obama dio un discurso a los estudiantes en la escuela pública especializada de alta calificación de Filadelfia, a la que se le otorgó una distinción nacional “Escuela Lazo Azul 2010”.
El año pasado, el presidente dio un discurso en la vuelta a clase sobre la importancia de no abandonar la escuela y los méritos de la educación, temas que repitió en el discurso de este año. El protocolo del año pasado incluyó una carta del Secretaria de Educación Arne Duncan dirigida a las escuelas de toda la nación, con planificaciones de clases para los maestros. Por supuesto, la planificación de clases provocó un fuerte rechazo de los críticos y no hemos visto la repetición este año.
No obstante, aunque falte la planificación de clases elaborada por los funcionarios federales, los planes más importantes del gobierno de Obama para la reforma del sistema educativo del país son preocupantes. De hecho, si el gobierno logra su cometido, en poco tiempo las escuelas de todo el país van a estar obligadas a enseñar de acuerdo con un grupo de estándares y exámenes educativos nacionales.
Los estándares y exámenes nacionales serían una invasión federal considerable sobre la autoridad para tomar decisiones educativas de los estados. Pero gracias al programa del gobierno de becas competitivas “Carrera a la Cima” (“Race to the Top”) de $4.35 millones, que otorgó becas a 11 estados y el Distrito de Columbia para implementar las reformas determinadas en educación, los estados ya han comenzado a adoptar los estándares nacionales.
Para competir por una beca Carrera a la Cima, los estados tenían que indicar que adoptarían los estándares y exámenes nacionales. Y dado que la mayoría de los estados se enfrentan a grandes déficits presupuestarios, la oportunidad de obtener cientos de millones de dólares en becas era suficiente para que muchos apoyasen la propuesta.
Pero varios estados se han negado a apoyar los estándares, que fueron desarrollados por la Asociación Nacional de Gobernadores y el Consejo de Funcionarios Ejecutivos Escolares Estatales. Pero en el caso de los estados que no se sintieron atraídos por una beca Carrera a la Cima, el gobierno indicó que limitarán el acceso a los fondos Título I para las escuelas de bajos recursos para que adopten los estándares.
Si tiene éxito, el gobierno habrá montado una invasión federal considerable en lo que se enseña en las escuelas locales. Lo habrán logrado sin un solo voto del Congreso, lo que infringe el procedimiento legislativo normal y sin la aportación de los padres y contribuyentes.
Si los estándares y exámenes nacionales se hacen realidad, los padres perderán una de sus herramientas más poderosas en lo que respecta a dirigir la educación de sus hijos: control local y estadual en el contenido y los estándares académicos. Como si un burócrata distante en Washington supiera lo que es mejor (o lo que se confiere) en el bienestar educativo de cada estudiante.
El tipo de datos que los estándares y exámenes nacionales harán que estén disponibles serán mucho más útiles para los burócratas que para los padres. Lo que más necesitan los padres es transparencia en todos los datos recabados y, sobre todo, poder para actuar al respecto.
No ganaremos oportunidades ni responsabilidad educativa si seguimos centralizando el poder educativo en Washington. Esta ha sido la tendencia durante las últimas cuatro décadas y han habido pocos o ningún beneficio. A pesar de las décadas de aumento del control federal en la educación y una triplicación de gastos por alumno, el logro en la lectura se ha estancado y los índices de graduación en la actualidad son los mismos que en 1970.
Si el presidente estuviera realmente interesado en elevar el logro académico y en brindar oportunidades educativas, hoy les habría comentado a los estudiantes de qué modo planea facultar a sus padres para que tomen las decisiones educativas que los guiarán a un futuro lleno de oportunidades.
Lamentablemente, los antecedentes del presidente Obama en la elección de escuelas son funestos. Retirará paulatinamente el programa de vales escolares de más éxito del país, el Programa de Oportunidades de Becas D.C., debido a que poderosos grupos de presión, como los gremios docentes, están en contra. Para los estudiantes becarios en Washington, D.C., escuchar el discurso del presidente quizá haya sido un recordatorio desagradable de que en la mayor parte del país, todavía hay acceso a la elección de escuelas para los que pueden costearlo.
Sin duda, este año el gobierno se merece que se le reconozca por alentar a los estados a elevar los topes en las escuelas autónomas subsidiadas y a realizar debates abiertos sobre el pago de incentivos y la reforma de los mandatos. Pero para los estudiantes de Filadelfia y de todo el país que no tienen la suerte de inscribirse en una escuela con la distinción “Lazo Azul” (como aquella en la que Obama dio su discurso), el mejor mensaje de regreso a clases que podrían oír sería uno que fomente la igualdad de oportunidades mediante la elección de escuelas.










