• The Heritage Network
    • Ampliar:
    • A
    • A
    • A
  • Donar
  • Enmarañados en la burocracia de Washington


    Durante meses, Washington se ha centrado en solucionar su adicción descontrolada por el gasto. Pero el Congreso y la Casa Blanca con una mano gastan y gravan nuestros dólares duramente ganados, con la otra nos están perjudicando con un diferente tipo de nefasto daño — la proliferación de regulaciones, normativas y burocracia, todo lo cual impone cuantiosos costos sobre Estados Unidos.

    En el recién publicado artículo La creciente burocracia: Informe de mediados del año 2011, los expertos de la Fundación Heritage James Gattuso y Diane Katz exponen la omnipresencia de la intrusa mano reguladora del gobierno (que muchas veces va más allá de asegurar la seguridad del consumidor) y cómo controla casi cualquier faceta de su vida diaria.

    ¿Calienta Ud. su hogar? ¿Prende la luz en los cuartos? ¿Compra y cocina comida? ¿Ve la televisión? Si la respuesta es “sí”, entonces ha caído Ud. bajo el ámbito de la regulación federal. Y además paga por ello. Gattuso y Katz explican cómo cualquier producto imaginable cuesta más debido a las regulaciones:

    Los costos de la regulación se pasan, inevitablemente, a los consumidores en la forma de mayores precios y menor variedad de productos. Productos básicos, como sanitarios, difusores de ducha, focos de luz, colchones, lavadoras, secadoras, autos, hornos, refrigeradoras, televisores y bicicletas, todos cuestan claramente más porque el gobierno decreta el uso de la energía, el etiquetado de productos y estándares de rendimiento que van mucho más allá de la seguridad — y añade cientos de millones de horas de pruebas y papeleo para documentar el cumplimiento de las normas.

    El costo anual de la regulación —$1.75 billones según una estimación muy citada— representa el doble de la cantidad de impuestos sobre ingresos personales que se recaudaron el año pasado. En conjunto, desde el inicio de la administración Obama hasta mediados del ejercicio fiscal 2011, los reguladores han impuesto $38,000 millones de nuevos costos sobre el pueblo americano, más que en ningún periodo anterior con el que podamos comparar. Considere la burocracia de Washington como un impuesto oculto.

    La montaña de regulaciones no empezó con la administración Obama. Bajo la administración de George W. Bush, por ejemplo, se impuso a los americanos $60,000 millones de costos regulatorios adicionales anualmente. Pero como escriben Katz y Gattuso, el ritmo al que crecen estas cargas se ha acelerado bajo la administración Obama:

    Durante los primeros 26 meses —desde la toma de posesión hasta mitad del ejercicio fiscal 2011— la administración Obama impuso 75 nuevas regulaciones importantes con unos costos reconocidos de más de $40,000 millones para el sector privado. Durante el mismo periodo, seis revisiones de normativas importantes produjeron una reducción de las cargas de aproximadamente $1,500 millones, dejando un incremento neto de los costos de más de $38,000 millones.

    El costo actual de las nuevas regulaciones es casi ciertamente más alto debido a la infravaloración, a la falta de análisis de costos por parte de las agencias del gobierno, y al hecho de que para las normas “no importantes” ni siquiera se computan costos. Entre todo este peso abrumador de las pruebas de que las regulaciones gubernamentales están afectando a la economía americana (considere cómo se ha estancado la recuperación desde que se promulgó Obamacare), el presidente Obama publicó un decreto ejecutivo llamando a una revisión de las regulaciones actuales, agencia por agencia.

    Pero Gattuso y Katz dicen que es demasiado pronto para que los americanos se fíen y se queden tranquilos. Los cambios que la administración Obama identificó, caso de implementarse, podrían reducir los costos regulatorios en aproximadamente $1,000 millones por año — solo una parte mínima de los nuevos costos impuestos cada año.

    Mientras tanto, las empresas americanas y el pueblo americano continúan sufriendo la carga reguladora a la vez que la fuerza laboral gubernamental sigue expandiéndose y el número de regulaciones sigue creciendo, con 2,785 normas en elaboración.

    Hay cosas que el Congreso puede hacer para proteger a los americanos y la economía contra esa invasiva marea regulatoria: exigir la aprobación del Congreso de las principales normas promulgadas por las agencias, crear una Oficina del Congreso para el Análisis Regulatorio con objeto de revisar con independencia normas propuestas y existentes y establecer una fecha de expiración para regulaciones federales.

    A pesar del ofrecimiento de Obama de eliminar regulaciones onerosas, su administración creó en la primera mitad del ejercicio fiscal 2011 quince nuevas importantes regulaciones, imponiendo costos adicionales de $5,800 millones anualmente y un cargo único de $6,500 millones de costos de implementación. Todo mientras la economía de Estados Unidos continúa arrastrando un índice de desempleo del 9.2%, añadiendo solo 18,000 nuevos empleos netos en junio. Quizá Washington debería parar el crecimiento del gobierno y las regulaciones y en vez de eso dejar que la economía de Estados Unidos crezca.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Campana de Heritage, Economía, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión