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  • EPA: Adiós a las nuevas centrales eléctricas de carbón

     

    La Agencia de Protección Ambiental (EPA) acaba de publicar una nueva norma para regular las emisiones de CO2 en las centrales eléctricas, lo que en la práctica prohíbe nuevas centrales eléctricas con carbón, ya que sus estándares de emisiones son demasiado bajos para que los puedan cumplir las instalaciones convencionales que usan carbón.

    Esto establece un marcado contraste con la supuesta política del presidente de “sí a todo tipo de energía” y envía un firme mensaje de que el carbón no forma parte de la visión energética para Estados Unidos del presidente. Combinadas con otros regímenes reguladores que contribuyen al cierre prematuro de las centrales de carbón existentes, las medidas de la EPA representan una de las mayores amenazas para el sector eléctrico y el suministro energético de Estados Unidos.

    La nueva norma requiere que las centrales eléctricas cumplan con un estándar basado en la producción de algo más 1,000 libras por megavatio/hora de electricidad producida. Aparte de las centrales eléctricas que queman gas natural construidas en años recientes, la mayoría de las centrales eléctricas y especialmente las que usan carbón, no conseguirían cumplir con ese estándar. Bloomberg informa de que:

     

    “La central de carbón promedio de Estados Unidos emite 2,249 libras de CO2 por cada megavatio/hora de energía producida, comparados con las 1,135 libras de una central de gas natural, según la EPA.”

     

    Aunque las centrales eléctricas existentes y aquellas que tienen permisos de la EPA para futuras construcciones estarían excluidas, la norma impediría que se construyese cualquier nueva central de carbón a menos que estuviesen equipadas con tecnologías de reducción de carbono, tales como el almacenaje y captura de carbono (CCS). El CCS es todavía una tecnología muy cara y queda pendiente la pregunta acerca de dónde almacenar el carbono capturado.

    Aunque los regímenes reguladores de CO2 de la EPA se basan en un débil hallazgo de “peligrosidad”, tendrían efectos a muy largo plazo sobre la economía americana. La investigación de la Fundación Heritage que estudia el impacto económico de las restricciones de las emisiones de CO2 de la EPA encontró que:

     

    Regular las emisiones de CO2 según la Ley del Aire Limpio agobiará a la economía con mayores costos energéticos, mayores costos para las empresas en requisitos administrativos, mayores costos burocráticos para hacer cumplir los regímenes reguladores y mayores costos legales provenientes de los inevitables litigios”.

     

    Para el americano promedio, la costosa norma de la EPA significaría mayores costos energéticos, menos empleos y una economía menos próspera. Un reciente video de Energy for America muestra el impacto en la vida real de los regímenes reguladores y de los subsidios para las energías alternativas (diseñados para reducir la contribución del carbón al suministro energético de la nación) en los residentes en Craig, Colorado, y su economía propulsada por el carbón.

    Es importante recordar que los mayores progresos hacia la protección ambiental no se han logrado mediante un régimen regulador público sino gracias a un mayor crecimiento económico. La libertad económica y un comercio más libre fomentan el crecimiento económico y la prosperidad, los cuales proporcionan a la sociedad la riqueza y los recursos para dedicarse a sensatas políticas ambientales. Por otro lado, el aumento de los regímenes reguladores gubernamentales asfixiaría el crecimiento económico y podría llevar a resultados ambientales contraproducentes. Como los analistas de la Fundación Heritage Terry Miller y Anthony Kim explican:

     

    “Las iniciativas de la acción política encaminadas a imponer estándares ambientales más estrictos…reducen el crecimiento económico necesario para mayores iniciativas de protección del medio ambiente. Tales regímenes reguladores sólo sirven como medidas tranquilizadoras de la conciencia, sin que generen un “cambio” real que podría mitigar el cambio climático y sus posibles impactos negativos”.

     

    Un buen ejemplo de ello: los regímenes reguladores a los que están sujetas las centrales de carbón existentes que desean hacer mejoras a los costosos y exhaustivos requerimientos del programa de Revisión de Nuevas Fuentes, que realmente desmotivan los avances en seguridad y eficiencia energética a las que las centrales se comprometerían voluntariamente.

    El Congreso debería dar un paso adelante y evitar que la EPA eluda el firme rechazo del Congreso al sistema de canje de permisos de emisiones de dióxido de carbono. Los regímenes reguladores de la EPA sobre el CO2 son sólo otra forma más de darle la vuelta a la tortilla, como célebremente prometió el presidente Obama.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Economía, Energía y Medio Ambiente, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión