Es solamente el segundo Discurso sobre el Estado de la Unión del presidente Barack Obama, pero su fracasada agenda económica lo ha obligado a tempraneros reestrenos. Después de más de $800 mil millones en paquetes keynesianos de estímulo económico — basados en la errónea teoría que el crecimiento economico se estimula con gasto gubernamental— nuestra nación todavía sigue atascada en el récord de un índice de desempleo de casi dos dígitos durante 20 meses consecutivos post Segunda Guerra. El déficit nacional está en 14.06 billones de dólares y podríamos romper el techo de deuda de 14.29 billones para esta primavera. Nuestro país desesperadamente necesita un cambio de dirección, pero eso no es lo que conseguiremos esta noche.
Según el New York Times, el discurso del presidente Obama describirá sus “cinco pilares” que asegurarán la competitividad y el desarrollo económico de América. Obama seguramente se debe estar esperando que la gente ya se haya olvidado de sus anteriores “cinco pilares” de desarrollo económico que desveló en la Universidad de Georgetown en abril de 2009. La nueva serie de pilares del presidente es prácticamente igual a la vieja serie. La “reducción del déficit” y las “inversiones” en educación no han cambiado un ápice. El pilar de las “nuevas inversiones en energías renovables” se ha rediseñado con una orientación más centrista y ha pasado a llamarse “nuevas inversiones en infraestructura”. Fuera se quedaron las “nuevas inversiones en el sistema de salud” y la “nueva regulación para Wall Street”. Y en su lugar entraron la “innovación” y “reformar el gobierno”.
Como ya indicó el conocido periodista Charles Krauthammer hace casi dos años, la retórica de Obama es idéntica a la del presidente Jimmy Carter – y su política tampoco es nada diferente. El discurso de esta noche será más izquierdismo de la vieja escuela de los años 70, o sea gravar y gastar, pero solo será un refrito que Obama nos venderá como fresco. No importa qué nombre le ponga (“gasto” o “inversión” – el eufemismo preferido de la administración Obama), el hecho es que Washington ha estado despilfarrando dinero a manos llenas a lo largo de décadas y eso no nos ha hecho más competitivos.
Desde el año 2000, el gasto federal se ha disparado a todos los niveles, incluso el crecimiento del 89% en programas antipobreza, 81% en Medicaid y 219% en la educación K-12. Desde 1970, el gasto federal en la educación K-12 ha aumentado en más del 150% con absolutamente cero progreso en los resultados de lectura, matemáticas o ciencias. El gasto en infraestructura está igual de mal. El presidente Obama podrá llamarlas “inversiones concretas” todo lo que quiera, pero el impacto en el empleo es bien conocido en la literatura económica.
Como la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (CRS) apuntaba en una revisión de los planes de estímulo económico del presidente: “En la medida que se financien nuevas carreteras reduciendo gastos en otros programas o con déficit financiero y su impacto sobre el consumo privado y la inversión, el impacto neto de la construcción de carreteras en la economía tanto en términos de producción como de empleo podría ser nulo o hasta entrar en números rojos”.
El Índice de Libertad Económica 2011 nos da aún más evidencias de que el gasto público no ayuda a promover el desarrollo económico. Los datos del Índice, que puede ver en el Gráfico Nº 1, demuestran que los países “que disminuyeron el gasto gubernamental tuvieron tasas de crecimiento económico de casi 2 puntos porcentuales más que los países cuyos puntajes de gasto gubernamental empeoraron, y los países con las tasas más altas de gasto gubernamental tuvieron tasas de crecimiento del producto interno bruto (PIB) de 4,5 puntos porcentuales en promedio por debajo de los puntajes de los países en los que el gasto gubernamental se controló mejor”. Y continúan los autores del Índice: “Sin embargo, no se puede negar que existe un costo de oportunidad para el gasto gubernamental: los recursos utilizados por el gobierno no están disponibles para el consumo o la inversión del sector privado. Además,los gobiernos, debido a que operan fuera de los límites del mercado y la competencia, en general son susceptibles a la burocracia, la corrupción y la malversación en exceso”.
El presidente hablará de la boca para afuera sobre la reducción del déficit esta noche, pero sus asesores ya han puesto muy en claro que él no tiene el valor de enfrentarse a su base por su apego al gasto federal. El Washington Post informa que, en respuesta a la presión izquierdista, el presidente abandonará por completo las propuestas para recortar el gasto de los derechos a beneficios hechas por su propia Comisión del Déficit. En respuesta, Maya Mac Guineas, presidenta del bipartito Comité por un Presupuesto Federal Responsable, le pregunta al presidente: “Si Ud. no lidera ahora, ¿cuándo es que lo va a hacer?”
Nos tememos que no será pronto.






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