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  • Estados Unidos debe ponerse ciberserio ya

    En la película de 1995 “La Red”, Sandra Bullock lucha contra unos hackers que intentan cibersabotear su vida. Los hackers cambian exitosamente su identidad, manipulan mercados de Estados Unidos y ganan acceso a datos personales de cargos federales. Aunque ahora nos reímos de las aparatosas computadoras, los celulares y la historia de la película, el ciberterrorismo es una amenaza real —y mucho mayor— que hace dieciséis años.

    Proteger América ya no es solo un asunto de diplomacia y el envío de fuerzas armadas al exterior para combatir. En los últimos diez años, la defensa nacional se ha convertido en una empresa de inteligencia multifacética, necesitada de pericia adicional contra las amenazas nucleares, cibernéticas y químicas de nuestros enemigos. La semana pasada, el Pentágono anunció que los ciberataques pueden ser declarados ahora un acto de guerra, lo que demuestra que este campo de combate tecnológico es parte del campo de batalla del siglo XXI y necesita una estrategia anticipatoria bien definida y unos dedicados soldados en la red de redes.

    El ejemplo perfecto: El contratista de defensa Lockheed Martin hizo publico el fin de semana pasado que fue víctima de un grave ataque cibernético. Informó de que no se perdió inteligencia importante, pero el caso sirve de recordatorio sobre la potencial vulnerabilidad de datos críticos de defensa.

    El escándalo WikiLeaks del año pasado dejó a todos sintiendo que podían ser susceptibles de una intromisión contra su privacidad básica y aunque Estados Unidos ha desarrollado algunas estrategias de ciberseguridad, no ha ido lo suficientemente lejos.

    Como dijo la semana pasada el teniente coronel retirado y congresista Allen West (R–FL) en una entrevista exclusiva para la Fundación Heritage: “Hay tres niveles en el campo de batalla: el estratégico, el operacional y el táctico”.

    Estados Unidos no domina los niveles del ciberespacio o del moderno campo de batalla ya que las tecnologías cambian rápidamente y a menudo tenemos objetivos o enemigos poco definidos. La seguridad nacional ya no es asunto de solo protegerse de naciones individuales. Ahora, nos enfrentamos a individuos anónimos y a pequeños grupos de actores no gubernamentales que emplean estrategias difíciles de predecir y procedencias difíciles de situar.

    Paul Rosenzweig, de Heritage, hace comparaciones entre las zonas de combate online y física, aseverando que: “Los métodos para confrontar a estos ciberinsurgentes serán diferentes de los utilizados para confrontar a insurgentes armados en el mundo real, pero el principio debe ser el mismo”.

    Las consecuencias de la ciberguerra son demasiado terribles para que Estados Unidos espere a aprender de los errores. Si empezamos a perder las ciberbatallas frecuentemente, puede significar el final de Estados Unidos tal como lo conocemos. La seguridad de los datos de un país es un arma virtual y estamos indefensos sin ella.

    El FBI informó de otro ciberdelito ayer con su anuncio del cierre temporal de un sitio web en Atlanta, Georgia, que rastrea este tipo de crímenes. Estos informes se harán más frecuentes según los terroristas cibernéticos vayan adquiriendo más habilidades. Como explica Rosenzweig:

    Las capacidades actuales en el ciberespacio de actores no gubernamentales organizados son relativamente modestas…. Este estado de cosas no es probable que vaya a durar mucho…. [S]e pueden lograr ya efectos significativos con sofisticados ciberactores. Es solo cuestión de tiempo para que actores no gubernamentales menos sofisticados puedan alcanzar la misma capacidad.

    Y aunque los sistemas del Congreso han resistido ciberataques graves por el momento, aquellos que se encargan de su protección deben estar alertas y preparados. “Es una batalla que nunca termina porque sabemos que nuestros adversarios están intentando constantemente crear una brecha en nuestros cortafuegos — y lo intentan decenas de miles de veces”, decía Terrance Gainer, responsable de seguridad del Senado.

    Estados Unidos tiene grandes capacidades de inteligencia y debería utilizarlas para sobreprepararse en el asunto de las ciberguerras que se nos vienen encima.

    West resaltó que Estados Unidos necesita una hoja de ruta de seguridad nacional — y que incluya una sección aparte para la seguridad online, porque también es un campo de batalla aparte. Hace falta que tengamos “un plan de las potenciales líneas débiles y de los adversarios que tenemos que confrontar y hacer concordar los requerimientos para ello.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Conflictos Internacionales, Defensa, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Liderazgo Americano, Opinión, Proteger a América, Seguridad, Terrorismo