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  • Estados Unidos frustra un complot terrorista iraní

    Las autoridades de Estados Unidos anunciaron ayer que lograron frustrar un plan iraní para cometer un “atentado terrorista importante en Estados Unidos”, convirténdolo así en el 42º atentado terrorista frustrado en contra del territorio nacional.

    El gobierno federal ha presentado cargos criminales contra dos iraníes por conspiración para asesinar al embajador saudita en Washington y para cometer un acto de terrorismo internacional, entre otros cargos. Además del asesinato del embajador de Arabia Saudita, los hombres planeaban atentar con bombas contra las embajadas de Arabia Saudita e Israel en Washington.

    No sorprende que la acusación muestre vínculos con la Fuerza Quds de Irán, una unidad especial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán. Después de todo, Irán es el líder mundial del terrorismo de Estado y el Servicio de Inteligencia de Irán patrocina a Hamás y Hizbolá y ambos tienen presencia y una red en el hemisferio occidental.

    Desafortunadamente, Estados Unidos ha hecho muy poco para desactivar el terrorismo de Estado. Este verano, el presidente Obama reveló su “nueva y mejorada” estrategia para la lucha contra el terrorismo. A pesar de su historial, Teherán sólo mereció una mención de un total de 19 páginas. La Casa Blanca está minimizando el terrorismo de Estado, porque la doctrina Obama busca tratar directamente con los enemigos de Estados Unidos.

    Este verano, de hecho, los iraníes recibieron una clara lección de cómo responde Estados Unidos ante el terrorismo de Estado cuando los informes de prensa revelaron que la inteligencia americana había concluido en un informe clasificado a finales del año pasado que la inteligencia militar de Rusia era responsable por la explosión de una bomba en las afueras de la embajada de Estados Unidos en Tiflis, Georgia. El atentado ocurrió inconvenientemente cuando la Casa Blanca estaba presionando para que se aprobara el acuerdo nuclear Nuevo START con Moscú y pregonando los éxitos de “resetear” las relaciones con los rusos. La Casa Blanca acabó diciéndoles a los georgianos que guardaran silencio sobre el asunto y torció alguna que otra muñeca rusa en privado. Lo que nuestro presidente no hizo fue mostrar siquiera una pizca de indignación. Esta fue sin duda una lección para Irán.

    Tampoco es de extrañar que los éxitos de Estados Unidos contra el terrorismo internacional no hayan servido de mucho como elemento de disuasión. Después de todo, el presidente declaró en su estrategia antiterrorista que quería empezar a tratar a los terroristas como si fueran criminales. Por tanto, si la trama se descubrió, Irán podría tener todas las expectativas del mundo de pagar sólo un pequeño precio por su atrevimiento.

    Ahora la administración deberá tomar medidas enérgicas en su respuesta. Estados Unidos está en todo su derecho de responder militarmente y de forma proporcional contra objetivos adecuados, viables y aceptables (en muchos aspectos, la situación es similar a operaciones militares llevadas a cabo contra al-Qaeda en Pakistán). El gobierno iraní sabe muy bien que la Fuerza Quds de Irán es un grupo terrorista que ha proporcionado apoyo material a los talibanes y a otros grupos. El gobierno de Teherán no ha restringido las actuaciones de esta organización y es responsable por su conducta.

    No obstante, un simple ataque militar no es suficiente. La política exterior de Estados Unidos, que ha estado en retirada, ha fracasado como elemento de disuasión ante el terrorismo de Estado patrocinado por Irán o grupos terroristas transnacionales como al-Qaeda. La acción de Estados Unidos debe ir acompañada de una firme reversión de esta política. Estados Unidos debe dar marcha atrás con la planeada retirada de Afganistán e Irak y no debe volver a tratar el terrorismo internacional como un simple crimen. Es más, Estados Unidos debe reconstruir su presencia militar en la región, incluyendo desplegar nuevamente y de forma permanente un grupo naval de combate en el Mediterráneo.

    La administración también debe quitarse los “guantes de seda” en sus tratos con Irán. Además de la plena aplicación de las sanciones, la Casa Blanca debe comenzar a presionar seriamente al régimen de Teherán respecto a su abismal situación de derechos humanos. En cuanto a los sospechosos, debería presionarse a la administración para que explique lo que el gobierno de Estados Unidos está haciendo con respecto a traer de regreso a Estados Unidos al sospechoso Gholam Shakuri, miembro de la Fuerza Quds de Irán asentado en ese país, para que se enfrente a la justicia.

     

    La versión en inglés de este artículo se publicó en Heritage.org.
    Posted in Análisis, Defensa, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Opinión, Política Exterior, Proteger a América, Seguridad, Seguridad Internacional, Terrorismo